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La leyenda de los mayos negros
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(Foto: Javier Arroyo)

La leyenda de los mayos negros

El San Isidro más sangriento de los últimos años revive los fantasmas del pasado

Este mayo de 2019 se ha encabritado como en los viejos tiempos y las cornadas se suceden con una frecuencia que nadie recordaba ni mucho menos deseaba. ¿Quién dijo que el toreo se había aburguesado?... Gonzalo Caballero, Juan Leal, Luis David Adame, Manuel Escribano, Román -éste, por dos veces-, el colombiano Ritter, Pirri, Aguado…, algunos de ellos muy graves y otros, como Roca Rey, con breves visitas a la enfermería, cayeron en Madrid, además de Rafael Cañada que fue herido en Valencia de suma gravedad. La lista da de sobra para entender que este mayo-junio ha resucitado todos los fantasmas del pasado. Aquella leyenda que aseguraba que por estas calendas, la hierba de la primavera alteraba la sangre de los toros que corneaban con especial saña y certeza. Era la guerra entonces, y visto lo visto, lo sigue siendo.

La leyenda popular responsabilizaba de tan nefasta alteración del carácter bovino a una confabulación de los astros y a la fuerza de los pastos, y para convencer a los incrédulos y a los menos dados a las supercherías, sacaban la lista de los grandes maestros que habían perdido la vida en las astas de los toros llegadas estas fechas. En Valencia especialmente se sabía de los malos agüeros que traía la primavera, los dos hermanos Fabrilo, Granero y más tarde el gran Montoliu, perdieron la vida en el mayo florido, pero la lista negra se extendía a Pepe-Hillo, El Espartero, Joselito, Curro Puya, herido ese mismo mes en la capital y fallecido pocas semanas después, a Pascual Márquez, El Campeño…

Hoy día no se sostienen semejantes creencias por la culturización de la sociedad y… porque los toros ya no comen hierba. Se sabe que los ganaderos de postín roturan los cercados de los ejemplares de saca para que no nazca la hierba que tanto les gusta y tengan que comer los piensos necesarios con los que ganar el peso que se les exige para ser lidiados en las plazas importantes. Tampoco la cultura actual da pábulo a semejantes creencias. Ni los avances de la medicina, a Dios gracias, dan pie con la misma frecuencia a esos fatales desenlaces de los que nadie a pesar de todo está libre, pero tampoco nada ni nadie nos salva de ferias de San Isidro tan cruentas como la que se ha vivido.

Que Román esté poniendo fecha a su vuelta a los ruedos cinco días después de un percance, seguramente de mayor gravedad que los que sufrieron algunos de los componentes de esa lista tan luctuosa, no debe hacer pensar que ha disminuido el índice de riesgo de los toreros, simplemente habla de los avances de la medicina y los medios de los que se dispone sobre todo en las grandes plazas e incluso de la preparación de los propios toreros. Por todo ello, llegado el mes de mayo de este 2019 más allá de la leyenda negra y de las hierbas que alteran el carácter de los toros, hay que ser optimistas y hablar de una mala racha que todos deseamos que pase.

En realidad nada disminuye el riesgo real de los toreros, que sigue existiendo en grandes proporciones. Por mucho que ese gen de nostalgia que acompaña a cualquiera que se precie de buen aficionado, les lleva a asegurar que todo lo pasado es mejor -¡aquello sí eran toros!-, los toros se lidian actualmente con un peso y unas defensas como no se lidiaron nunca. Aunque para ello haya habido que inventar unas fundas que impiden el desgaste natural de las astas en las dehesas y aparezcan en el ruedo con unos pitones bruñidos y afilados como nunca se vieron, al punto que se podría hablar de toros sospechosa o artificiosamente astifinos. Basta con un rápido hojeo por las hemerotecas para comprobarlo. El fenómeno, que tiene un origen en viejos abusos de los taurinos, encuentra además la complicidad de muchos veterinarios que llevados por su afán de protagonismo ponen límites delirantes a la conformación y agudeza de los pitones. Ello sin olvidar a un sector del público que pide más y más en ese aspecto y solo con que se anuncie un toro con menos de quinientos kilos se le somete a la desconsideración. Tampoco los toreros son ajenos a ese fomento de los riesgos y andan rizando el rizo de lo imposible para impresionar en unos tiempos en los que el grado de sensibilidad se ha rebajado mucho y nada parece impresionar.

Evolución de los heridos

De la lista de heridos este mayo hay que decir que Luis David Adame, ya recuperado, toreó ayer domingo en Istres con El Juli y Sebastián Castella; que Gonzalo Caballero y Juan Leal, ya están en casa; que Manuel Escribano también se encuentra ya en el domicilio familiar, sometiéndose a sesiones de hora y media con el fisioterapeuta, con muchos dolores y un tratamiento con ondas de choque; que a Román ya le vimos en rueda de prensa deseando volver; que Ritter y Pirri todavía siguen ingresados… Nada que los frene, la Fiesta sigue.

PUBLICADO EN EL DIARIO LAS PROVINCIAS