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Rentable por sí mismo

Algunas cosas que deja este San Isidro tan distinto y excelente tienen que ver mucho con los ganaderos. En realidad este gremio, que es el que más se “juega” en todos los sentidos, patrimonio incluido, tiene el respeto en entredicho. Pocas veces lidia lo que quiere lidiar, pocas veces se lidia a favor de toro, y en Las Ventas, que un toro de condición casi perfecta regrese vivo al campo, es ciencia ficción. Y este año se han lidiado entre cuatro y seis toros que deberían estar padreando. Una vez comprenderemos que la exigencia, una vez superada con excelencia, ha de tener su premio. Porque ya no es exigencia, sino intransigencia.

Insisto: media docena de toros deberían estar dejando en el campo su potencial de bravura. ¿Por qué jamás se habla de este asunto? En Madrid una ganadería aspira a una lápida modo azulejo a cambio del premio de la vida. Pero los ganaderos, tan suplantados por otras entidades de reciente cuño, manoseados por empresarios fuertes y figuras, forman parte del grupo de secuestrados con el síndrome de Estocolmo. Y nadie defiende a su toro, ni siquiera ellos. Un veterinario rechazó un toro de Garcigrande porque dijo que tenía los pitones de un victorino. Eso, que debería ser un escándalo, solo fue asunto de chuflería y silencio.

Sumen lo que el toreo debería recibir de forma justa en Madrid y Sevilla. Imaginen que las propiedades de estas plazas ingresaran sin atracar al toreo. Que lo atracan. Sí. Roban a toreros y ganaderos. Y a los novilleros. Que sí. Estaríamos hablando de unos ingresos de entre tres y cinco millones para el toreo

Por eso digo que el ganadero pinta menos que la Tomasa en los títeres. Y es culpa de ellos, no le demos más vueltas. Un día se darán cuenta de que su interés por la Fiesta comprende historia, presente y futuro. Ninguna entidad ocupa este espacio de tiempo total. Ninguna tiene invertido patrimonio de pasado, presente y futuro, ninguno está tan expuesto al fracaso y ninguno está tan mal pagado. Ninguno es tan imprescindible. Y, sin embargo, tan ninguneado. Ninguno tiene la razón, el peso, el poder, el argumento social y político de lo ecológico como ellas, pero no son ellos los que lo gestionan. Lo gestionan por ellos urbanitas que dicen representarlos. Representan al negocio taurino, al tinglado taurino. Al toro no lo representa nadie.

Y el toro es la base. Por ejemplo: es la base de los Sanfermines. La base, no de las corridas, sino de los centenares de millones de euros que ingresa la ciudad. Pero el ganadero ha aceptado, históricamente, el salario del pobre y del necesitado. Cobra en relación a los ingresos en una plaza con capacidad para unos 20.000 espectadores. Y tan contento. No participa en el negocio que genera su toro en un escenario temático con 1.300.000 consumidores. El ganadero no se atreve a plantear eso. A lo mejor cree que eso lo va a hacer alguien en su nombre, tipo Fundación, pero se equivoca. Nadie es nadie. En el toreo, atención, todos quieren que cambien y mejoren las cosas insistiendo en hacer lo mismo siempre. En este caso, es no hacer nada.

Andamos buscando atípicos, ingresos extra de buenas cifras, vendiendo caro el cubata, la cerveza y el agua, y la almohadilla (¿existe en España objeto más rentabilizado que una almohadilla de Las Ventas, que han sentado a miles de culos per cápita?), televisando todo, a sabiendas que, año tras año, en Sevilla, la Maestranza se queda con el treinta y tantos por ciento. En Madrid con unos cuatro punto cinco millones de euros y la ciudad de Pamplona con decenas y decenas de millones. Echando cuentas, percibiendo sólo un 10% de los ingresos de la ciudad derivados del ocio alrededor del toro, los ganaderos (y/o el sector) deberían ingresar, unos 8 millones de euros. Sí, leen bien. Ocho millones de euros es lo que, como mínimo, les corresponde en una mínima, generosa, razonable y justa relación entre la riqueza que se genera y la parte proporcional de lo que se factura por generarlo.

Sumen lo que el toreo debería recibir de forma justa en Madrid y Sevilla. Imaginen que las propiedades de estas plazas ingresaran sin atracar al toreo. Que lo atracan. Sí. Roban. Roban a toreros y ganaderos. Y a los novilleros. Que sí. ROBAN. Estaríamos hablando de unos ingresos de entre tres y cinco millones para el toreo. Más ocho de Pamplona. El toreo, señores del toro, señores ganaderos, señores de la Fundación, es rentable por sí mismo. No les pido que tengan el valor de exigir donde da miedo pedir lo que es de uno. Solo les pido que cuando alguien se atreva a decirlo, como ahora, no vayan largando de un servidor por las esquinas. Que uno hasta se puede enfadar.