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La página de Manolo Molés

El año de la gran feria

Cuatro grandes empresas marcaron la tauromaquia de la plaza más importante del mundo taurino, la de Madrid, la de las Ventas del Espíritu Santo, tras la larga presencia y decadencia de la familia Jardón. Más de cincuenta años en el despacho mayor del toreo porque Jardón fue quien cedió unos terrenos a la Diputación Provincial de Madrid en las llamadas “Ventas del Espíritu Santo” con la condición, eso sí, de ser empresarios de la plaza durante un mínimo de cincuenta años. Ya saben que en 1931 se inauguró las Ventas pero el mal estado de los terrenos obligó a no dar toros hasta que se allanaran porque la plaza estaba ubicada en uno de los peores barrios de aquel Madrid. Cuentan que allí abreviaban mulas y caballos y era el paso de cortejos fúnebres camino del cementerio próximo. Por eso el siguiente festejo se celebró el 21 de octubre de 1934 con toros de Carmen de Federico para una terna en la que destacó, una vez más, Juan Belmonte, que esa misma tarde le cortó al toro “Desertor” las primeras orejas y rabo de la historia de la Monumental, el sueño hecho realidad de las plazas monumentales del gran Joselito el Gallo. Juan fue más cercano a los maestrantes y José apoyó las monumentales, teniendo claro que las plazas deberían ser por amplitud, comodidad y precios “monumentales” y no bellos patios toreros de maestrantes y familias dominantes.

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