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La Revolera

Polope

Seis letras que pueden centrar la ilusión de los valencianos por tener un nuevo torero de campanillas que venga a darle continuidad a ese ídolo que en todas las épocas del toreo ha tenido Valencia. Polope… No quiero ni escribir su nombre de pila porque puede ser uno de esos toreros que como a Gallito, Belmonte, Cagancho, El Gallo, Guerrita, Lagartijo, Frascuelo, Manolete, Luis Miguel, Litri, Aparicio y Pedrés, y otros que no menciono por no hacer la lista demasiado larga, a los públicos les bastaba su nombre de guerra para hacer cola en las taquillas de las plazas de toros. Polope es un apellido poco usual. Y por sí mismo vale como marca de fábrica sin más aditamentos.

Polope. Aficionados e incluso profesionales del periodismo me habían puesto sobre aviso: “Ve a verle que te va a gustar”. Y he ido esta tarde a la plaza albaceteña de la calle de la Feria, y pese a que con el novillo que le ha tocado en suerte no tenía ni para hacer boca -necesita mucho más toro que el becerrote de marras-, el jovencísimo Polope me ha dejado con la ilusión de verle en la próxima Feria de Julio de Valencia en la que está anunciado su debut con los del castoreño. Anda sobrado con los erales, de tal modo que le falta toro por todos lados, pues evidencia una solvencia la cual para desarrollar necesita mucho más adversario.

Tiene Polope buen gusto, una torería y una naturalidad innatas, además de una figura espigada y armónica y posee un valor auténtico sin alharacas. Con una magnífica colocación y un sentido de los terrenos y las distancias que llama la atención en un novillero tan nuevo. Tiene hechuras de torero, se mueve por la arena como un torero y todo lo que hace es de torero. Tanto es así, que haré lo posible por ir a la ciudad del Turia a presenciar su debut con picadores.

¿Sabes qué te digo, José Luis? Que en Polope -deberían anunciarlo así, a palo seco- podéis tener los valencianos ese torero que siga la estela de figura de Enrique Ponce, que digan lo que digan los “diciores” es uno de los más grandes de la historia del toreo. Eso, Dios mediante, así como la suerte y todas las circunstancias que hay que vencer para ser gente en el glorioso cometido de lidiar con arte toros bravos.