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REPORTAJE

¡Chiquititos, al toro!
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¡Chiquititos, al toro!

Una plaza de toros siempre es buen lugar para pasar el rato con amigos, con compañeros, con los de aquí y con los de allá. Y sobre todo, con la familia. Con la llegada del mes de julio llega la Feria de San Fermín, a pesar de lo que se pueda pensar por la imagen que se tiene de las fiestas pamplonesas, es un ciclo idóneo para los más aficionados y también para compartir con los más pequeños de la casa

sábado 29 de junio de 2019, 12:24h

El séptimo peldaño de la escalera amanece con un cohete que da inicio a un ciclo sin fin que culmina con el “Pobre de mí”, de cuyas cenizas renace cada año una nueva aventura a toda velocidad.

“A las 7 de la mañana, arriba para ir al encierro. Dependiendo del día, lo vemos en la tele, en el balcón, en la calle, en la plaza… Una vez acaba el encierro nos reunimos en la calle Estafeta para comentarlo y nos vamos a almorzar con la cuadrilla, las mujeres y los niños. Se toma el aperitivo, damos un paseo, preparamos las meriendas y nos vamos a la plaza, donde nos juntamos todos a disfrutar de la corrida”. Así vive Raúl Polanco un día de toros en Pamplona, completo donde los haya y viviendo el toro minuto a minuto, siempre en compañía.


Precisamente uno de esos camaradas es su hijo, con el que comparte gran parte de la Feria de San Fermín. “Normalmente ve el encierro en la tele. Algunos días no se levanta tan pronto, pero cuando vamos a verlo a un balcón o a la plaza, se viene con nosotros, todos vestidos de blanco y rojo”, asegura Raúl. Como buen taurino, ha querido inculcarle el espíritu de la Fiesta desde pequeño, enseñándole el arte de los encierros y los valores del toreo. El sentimiento parece que lo adquiere con gusto: “Aunque todavía es pequeño, se le nota cierta emoción cuando ve la calle llena de gente disfrutando. Luego se junta con otros niños y cantan. Se lo pasan muy bien y conforme crecen lo disfrutan mucho más”, cuenta.

El día continúa, y como no podía ser de otra forma, en días de celebración, con gente, mejor. “Como varios de la cuadrilla somos socios de peñas, cada día organizamos una comida en cada una. A casa no solemos ir –ríe-. Disfrutamos del ambiente rodeados de mucha gente del toro. Ambiente taurino allá por donde mires”. Los Corrales del Gas son también un lugar de lo más concurrido por los más curiosos, quienes, impacientes por ver el festejo de la tarde, se acercan a ojear los ejemplares que en unas horas saltarán al ruedo pamplonés.


Después de comer, llega el momento de la corrida, aunque los días de novillada suelen ser los más concurridos por los chiquillos, en las que la diversión se une en perfecta dupla a la emoción. “A la novillada del día 5 suelen ir todos los niños porque es un día más festivo que las corridas. Nos juntamos todas las familias en la plaza y perfectamente podemos reunir cincuenta niños. Lo pasamos muy bien y ahí los chiquillos entran en el ambiente de la novillada, que es más light que la corrida y les gusta más”.

Las tardes de toros son un momento en el que las emociones fluyen por entre los tendidos de forma muy intensa. Ese ambiente propio de la fiesta de los toros, tan característico de las tardes de Pamplona, que los niños perciben de lleno con los cinco sentidos. “En las corridas, el niño se va quedando con los detalles. Capta la atención de las peñas, del ruido y de la fiesta, baja con ellos cuando saltan al ruedo después del festejo… Él se siente como uno más”, cuenta orgulloso.

ENCIERRO 2.0

Julio Verne y los hermanos Grimm empezaron a pensar en la juventud y la infancia como un sector al que dedicar un trato particular, apartado de la literatura general y dotándolas de una importancia fundamental. Los sanfermines no podían ser menos, y después de muchos años, una reunión de almuerzo dio vida al encierro txiki, el 2.0 en realidad, una réplica del que ya se celebraba en su origen con becerras. “La Federación de Peñas presentó una propuesta al Ayuntamiento para recuperar los encierros txiki, pero entendimos que es inviable. La sociedad no sé si aceptaría que un niño se llevase un golpe de una becerra. La idea de los carretones les gustó mucho y está funcionando muy bien. Ahora es multitudinaria”, asegura Raúl.


Para continuar con la fiesta de los más pequeños, durante la Feria se celebran dos días de “Toros en Familia”, una cita muy especial en la que los niños –y a veces más los padres- disfrutan envueltos en un capotico lleno de actividades con las que disfrutar del ambiente taurino. Capote y muleta en mano, arranca el paseíllo y la mañana se convierte en una masterclass de puro toreo de la mano de las máximas figuras del escalafón. “Cuando son pequeños, los niños ven al principio a los toreros como personas normales porque van vestidos de calle. No son conscientes de quiénes son, pero conforme les explicas, lo van entendiendo. No los idolatran como los mayores, pero les preguntan, torean con ellos y lo disfrutan”, explica. “El año pasado, Roca Rey le firmó el capote a mi hijo y se fue la mar de contento. Se portó muy bien, aguantando sobre todo las insistencias de los padres, que a veces somos peores que los niños”, recuerda entre risas.

Entre el cinco y el catorce de julio se juntan diez días de fiesta en los que dejar atrás las obligaciones y centrar toda la atención en pasar un buen rato con la familia. El día empieza con el encierro, seguido por miles de personas internacionalmente, pero el día continúa en Pamplona con una infinidad de planes que disfrutarán hasta los más pequeños, y con un puntazo: sin salir del ambiente taurino que tanto nos gusta.

#SíALosNiñosEnLosToros

A ningún taurino se le ocurriría pensar que es un monstruo ¡o incluso un mal padre! por llevar a su hijo a los toros, por enseñarle una afición arraigada en uno mismo y convertida en pasión por cuidarla durante toda la vida, una afición que se siente orgulloso de tener. Pero hay personas que no piensan lo mismo. “Yo creo que con esto se equivocan. Los padres somos responsables de la educación de nuestros hijos y haremos lo que sea mejor para ellos. Yo le intento inculcar a mi hijo unos valores de respeto y solidaridad que están presentes en el toreo y que, precisamente, ahora en nuestra sociedad están perdidos”, defiende Raúl Polanco. ¡Sí a los niños en los toros!

Fotos: JAVIER ARROYO