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La revolera

Pedro Marín, en huelga de hambre en la plaza de toros de Albacete.
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Pedro Marín, en huelga de hambre en la plaza de toros de Albacete.

El último romántico

El matador de toros Pedro Marín es el último romántico. Lleva cinco días en huelga de hambre en la puerta grande de la plaza de Albacete. Solo pide hacer el paseíllo por primera vez como matador de alternativa en la plaza de su ciudad natal. No le importa el día ni el hierro ni los compañeros de cartel. Está dispuesto a todo porque sabe que en su actual situación nada puede exigir. Su triunfo -dos orejas a una novillada de Los Chospes- en la Feria de Fallas de 2009, meses después de sufrir en la misma plaza una escalofriante cornada de 35 centímetros en el triangulo de Scarpa, que estuvo a punto de costarle la vida, le hizo concebir grandes esperanzas en su futuro como torero.

Ya matador de alternativa, las cosas se le hicieron más difíciles todavía, viajó a la América taurina, esa que ha recuperado a toreros como Octavio Chacón, Emilio de Justo y algunos otros que aquí no encontraban la manera de vestirse de luces, y al regresar se ha encontrado con el tapón que le impide incluso estrenarse como matador de toros en la plaza de Albacete, su plaza. Harto de recibir la negativa por respuesta, Pedro Marín ha decidido interpretar la sinfonía heroica del toreo, cual último romántico de una época ya pasada. Se ha sentado en la puerta grande de la plaza de la Calle de La Feria y, con una botella de suero por toda compañía, está dispuesto a no moverse de allí hasta que alguien que pueda y quiera le asegure que hará el paseíllo en esa arena que está deseando pisar vestido de luces. Y así lleva cinco largos días y está dispuesto a no irse de allí por su propio pie.

Es la imagen del último romántico. Y dice con voz tenue, pero con una firmeza escalofriante: “Con miuras, con victorinos, con cebadagagos… pero no quiero renunciar a mi sueño sin presentarme como matador de toros en Albacete”. He hablado con él y he sentido un respeto imponente y un escalofrió al escuchar sus razones. Quizá sean razones que la razón no entiende, pero… ¿No hay manera de hacerle un hueco en los carteles de la próxima Feria? La gente lo mira con respeto y lamenta que un hombre joven tenga que hacer una huelga de hambre para intentar algo tan noble y razonable como es vestirse de luces en su pueblo…