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La Pincelada del Director

Trincheras de calidad para defender el norte
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Trincheras de calidad para defender el norte

Esta semana no hay otra cosa que San Fermín. La fiesta en plenitud, con los medios volcados sobre la cuestión, encontrándoles matices y ángulos inéditos, generando interés, ¡qué gozo! los encierros tratados ya con rango de ciencia…

Fue semana de presentaciones. Agosto al descubierto. Los anuncios siempre despiertan expectación. Y la hubo. Mucha. Cada feria era un subidón. Visitas y más visitas en la web. Reacciones mayoritariamente positivas. La aceptación total es una quimera. Siempre hay un amigo y sobre todo un enemigo, un interés, o dos, que despiertan los diablos de cada cual. San Sebastián y Bilbao, las dos de primera, las dos con personalidades muy definidas, abrieron la semana. Competencias de vecindad al margen, son dos ferias en una como quien dice. Apenas cien kilómetros de autopista les separa o les une. Doce días continuados de toros al más alto nivel y un destino peligrosamente común en el horizonte político vasco las hermana aún más. Hay riesgo evidente de contagio entre ellas, entiendo que en la medida en que una salga adelante o no, tirará de la otra. Ese es el peligro y el reto. Más allá de las cuestiones meramente empresariales, nos jugamos mucho en sus desenlaces y la coyuntura obliga, cuestión de responsabilidad, a hilar muy fino a todos los estamentos implicados, desde los profesionales a los aficionados. Paz, cabeza y responsabilidad sería la fórmula más oportuna. Tiempo habrá para guerrear.

Ese norte es un baluarte que no se puede perder ni siquiera debilitar. Ver languidecer esas ferias animaría mucho a los enemigos de la Fiesta. Sería como dejar el campo abierto a las huestes contrarias. Y ya se sabe que la mejor fórmula para defenderse de los adversarios son las trincheras de la calidad y en ese sentido este año hay motivos para la esperanza, las dos ferias tienen una oferta acorde a su historia y al compromiso que afrontan. San Sebastián está muy bien argumentada y Bilbao por su extensión ha conseguido un redondeo importante. Están todos, los que llegaron y los que están llegando, hay variedad de ganaderías y cuenta sobre todo con la garantía de Bilbao, su historia, su marca, su toro, el estilo que todos lo asumen y todo lo ennoblece. En vísperas de un cambio de modelo en la gestión -no se sabe cuándo será pero estamos en vísperas-, esta Aste Nagusia 2019 es la feria que debía ser, la feria que marque el camino al que llegue.

La Aste Nagusia 2019 ha conseguido un redondeo importante. Están todos, los que llegaron y los que están llegando, y cuenta sobre todo con la garantía de Bilbao, su historia, su marca, su toro, el estilo que todos lo asumen y todo lo ennoblece

Málaga, otra de primera, ésta en trance de estreno, hizo públicos unos buenos carteles para su apertura. De entrada, la Malagueta restaurada es un puntazo a favor. La comodidad y el decoro de los escenarios son factores clave para ganar futuro; no sería fácil, más bien una quimera, querer captar nuevos adeptos a un espectáculo caro e incómodo al que para mayor desgracia tienen cercado las modas y los señalamientos poco menos que germanófilos de sus adversarios, así que no podemos quedarnos atrás respecto a otras ofertas. Además de interés hay que ofrecer comodidad. No se pueden mantener los asientos con las medidas del tiempo de la posguerra y el hambre cuando los españolitos hemos dejado de ser bajitos y sufridos, así que cada mejora es un rearme.

Aparecieron igualmente los carteles de Huelva, otra feria que apostó por un perfil alto sabiendo que lo que cuentan son los acontecimientos y los ofrece. Y otras muchas, entre ellas la goyesca, mano a mano Morante-Roca, que este año prueba a ser feria de agosto; y hasta Ángel Bernal madrugó y sacó a la luz su feria murciana con carteles de mucho rango; Pontevedra, por su parte, apostó por la concentración, los Lozano Brothers no son de los que se acomodan o dan puntada sin hilo. Si han reducido será porque hay que reducir. Les creo, no van a echar piedras a su tejado.

Esta semana, en cambio, no hay otra cosa que San Fermín, los encierros, el toro, el héroe, en realidad los héroes, miles de héroes, todas las mañanas, todas las tardes, la fiesta en plenitud, con los medios volcados sobre la cuestión, encontrándoles matices y ángulos inéditos, generando interés, ¡qué gozo! los encierros y su forma de afrontarlos tratados ya con rango de ciencia, hasta ahí hemos llegado, digo yo que porque son una ciencia, pero había que descubrirla. Ahí está el ejemplo de lo que podía ser la Fiesta, la tauromaquia en general, si esa atención mediática se mantuviese en otras latitudes. A lo peor es que en el resto de las ferias no nos lo hemos ganado. En cualquier caso se le añora y se echa en falta. A la entrega de los medios, digo.

En Pamplona no, aquí es tal la atención que prestan, la fuerza y la vitalidad de la fiesta, que hasta dan ganas de pasar por alto la mascarada anual de los anti pintarrajeándose con Titanlux y con asiento reservado en el prime time de los informativos. Todos los 7 de julio te sientas a comer y allí los tienes, en pelotas, como desorientados, con ganas de que acabe la sesión fotográfica para irse a tomarse unas cañas, alguno incluso al encierro. En realidad su presencia suena inocua y un tanto patética sin necesidad de apostillarla, pero no pierden la moral, ellos insisten: todos los años el 7 de julio quedan en Pamplona y... Lo suyo es tan ridículo como el posicionamiento de los editores de los informativos que le dan rutinaria cabida en busca de una etiqueta de progresía. Alguna vez tendrá que romperse esa inercia. Que doscientos excéntricos encuentren todos los años sitio en los informativos por enfrentarse/descalificar a miles y miles de hombres y mujeres que acuden de todo el mundo al reclamo del toro, que aportan riqueza a la ciudad y ponen en valor tantos y tantos valores como los que se desprenden de los encierros y corridas, resulta cuanto menos incomprensible y/o patético.

Esta semana no hay otra cosa que San Fermín. La fiesta en plenitud, con los medios volcados sobre la cuestión, encontrándoles matices y ángulos inéditos, generando interés, ¡qué gozo! los encierros tratados ya con rango de ciencia…

Pero por encima de todo, desde el domingo para los aficionados y para el mundo mundial son los sanfermines y una mezcla de miedo y alegría combina a la perfección con la abundancia. ¿Quién dijo crisis?... No hay crisis, ni rechazo, ni fronteras, al contrario, las cifras crecen y crecen cada año y la ciudad se adapta a la demanda. Todos son bienvenidos. Con límites, los de la buena convivencia que siempre distinguió a los pamplonicas. Aquí se canta, se come, se disfruta, te asustas, te emocionas en grados superlativos… todo es exagerado en Pamplona. En realidad es otra forma de ver la corrida, otro modelo, mucho disfrute, mucho toro, una empresa que no es empresa, “el que triunfa repite, el que torea cobra… y generosamente” es una ley acuñada con gran orgullo. Manda el toro, la fiesta y los toreros valientes, aunque siempre hay un resquicio para los más artistas. Pamplona es punto y aparte, la gran burbuja taurina y también social.

Este año ya se han hecho un hueco en el cuadro de honor, dicho por orden de aparición, Diego San Román, un chamaco valiente; el maestro Pablo, más maestro que nunca; el Leonardo que no se rinde y se rebela; y me gustó la solvencia de Emilio de Justo y el buen toreo zurdo de Marín. Eso y lo que queda.