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La Revolera

Con olor a cloroformo

Tarde con seis toros de Escolar, albaserradas hasta la pared de enfrente, ante los que los toreros han tenido que navegar muy atentos al radar si querían regresar esta noche a casa para cenar con la parienta. Sobre todo dos de ellos han sido auténticas víboras africanas que, como decía El Gallo, “olían a féretro”.

Los momentos más brillantes los han protagonizado dos toreros de plata: Joao Ferreira y Fernando Sánchez, que han saludado rotundas ovaciones con el público puesto en pie. Los tres matadores han salvado los muebles a base de valor y experiencia, y Javier Castaño hasta se ha llevado en el esportón la oreja de su primero, por una lidia temeraria y entregada, rematada con una estocada fulminante. Como su segundo ha sido una de las víboras antes mencionadas, bastante ha hecho el salmantino-leonés con librarse de sus tarascadas para poder salir por su pie de la plaza, lo cual ha estado a punto de impedirle el prenda en cuestión.

Robleño ha rubricado dos faenas entre el fuego graneado de los pitonazos que le lanzaban sus adversarios, sobre todo el primero, y gracias a su profesionalidad ha conseguido mantenerse en una actitud digna y torera toda la tarde. Y hasta hacerse aplaudir, en lo que no ha tenido poco que ver su buena mano con los aceros. Pepe Moral ha pasado las ducas, pues cada embestida de sus dos regalitos era un atentado a su partida de nacimiento. También la “quitapenas” le ha ayudado a que el trance fuera menos angustioso.

Y el caso es que la corrida no ha sido exagerada ni de presencia ni de peso, pues menos uno, que andaba por los seiscientos, apenas pasaban de los quinientos kilos. Pero es que la carga explosiva de los “grises” tiene tela marinera, que no los hace material adecuado para poetas ni panegiristas. El público, como siempre, a lo suyo, a divertirse, a cantar, a bailar, a beber y a comer, pero auténtica teta de novicia en cuanto a su reconocimiento a la entrega de los toreros a la mínima que se justifican en la cara del toro. Que me lo den, que me lo llevo a otras plazas que presumen de cátedra.