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La realidad real y la otra

Unas dos mil personas “participan” en el encierro de Pamplona cada día. Las comillas suman a los que “están” en el trayecto o recorrido, algo menos de 900 metros, y los que llegan a la plaza antes porque no dan para más. Por la tarde alrededor de 20.000 personas se sientan en la plaza previo buen pago del precio de las entradas, que no son nada baratas. Otras decenas de miles también pasan por taquilla en los festejos “populares” que se celebran durante los sanfermines.

Esta proporción de personas es la realidad. Diariamente. Y esta realidad es de la que nace la aportación económica de los gastos que tienen respecto al toro (corridas, encierros, vacas…) de la feria de San Fermín. Sin embargo, existe una realidad virtual y/o mediática muy distinta. Para el que desconoce estos datos, la gran mayoría de los españoles y foráneos, lo importante es lo que es menor y lo que es mayor es menor. El encierro manda en la comunicación y en el ímpetu mediático. La tele manda y convierte la realidad real en un sucedáneo de la realidad virtual.

Pamplona, en una semana, tiene dos potenciales que el toreo no tiene en otros lugares. Uno, el económico, con un presupuesto por parte de la Casa de Misericordia de unos 3,9 millones de euros. Para que tengan una comparativa, el Ayuntamiento tiene un presupuesto para fiestas de algo menos de dos millones, la mitad que tiene la MECA para toros. Con el dinero de la MECA se paga todo lo referente a los toros. Todo incluye hasta el vallado o los costes y gastos de pastores, corrales del Gas y Santo Domingo.

El Ayuntamiento de Pamplona tiene un presupuesto para fiestas de algo menos de dos millones, la mitad que tiene la MECA para toros. Con el dinero de la MECA se paga todo lo referente a los toros. Todo incluye hasta el vallado o los costes y gastos de pastores, corrales del Gas y Santo Domingo

El Ayuntamiento hace una cosa, eso sí: “cede la calle”. Que no es suya. Porque, que se sepa, las calles son de los habitantes, del pueblo, y no de ninguna institución. Eso de ceder la calle suena más que raro, a república bananera. Y, además de este poderío económico, está uno que impulsa y fomenta la economía: el poder mediático a través de una constante publicidad de décadas ha convertido lo que era un algo local en un potente lugar internacional de la tauromaquia. Y, dentro de ella, del encierro como un algo independiente de la corrida de toros.

En todos los sentidos, la corrida sostiene y paga el encierro. Esta es la realidad real. Y, sin embargo, en la mente de cada espectador y de cada español, mayoritariamente, el concepto es al revés. Un tonto de Bildu que llegó a ser alcalde dijo la tontería de que podría haber encierros sin corridas. Los pagará el tonto. Y escribo tonto porque el tonto existe. Existe de forma incansable y reiterada. Tonto que miente, además. Que deja de ser tonto para ser un imbécil. Escrito este y el anterior término con el apoyo que el diccionario de la RAE concede. No sólo permite usarlos, sino que anima a usarlos. Un insulto es otra cosa muy distinta a llamar a las cosas por su cierto nombre.

Yo creo que este potencial que genera, en realidad real, el toro y el toreo, ha de ser mejor aprovechado. Mejor aprovechados por mejor repartidos los ingresos y las facturaciones de Pamplona durante la feria. Sobre los ingresos todo el mundo mete mano, impuestos incluidos y recaudaciones nada estrechas. El toreo no tanto. No lo que le corresponde en función de lo que genera.

Acepto y he dicho que a veces, tantas veces, que las taquillas e ingresos de una plaza no dan, en algunos lugares, para pagar las aspiraciones de quienes torean. Cierto y escrito está. De la misma forma, los ingresos en Pamplona dan para que el toreo reciba mucho más. Mucho más. Un día José Tomás se propuso torear poco y pedir lo que generaba. Y no era la taquilla sino mucho más y así ha sido desde que lo decidió. No entiendo cómo nadie en el toreo hace realidad una sencilla ecuación: hacer ingresar al toreo una proporción justa de la riqueza que genera. Si lo de JT es justo y lógico. ¿Por qué en Pamplona no es lógico?

Por otra parte, es como si el toreo a pie, la corrida, apenas contara en lo mediático. Es casi obsceno el ninguneo del gran evento, del evento que sostiene todo. Incluso los toreros se han puesto el pañuelo para salir en la tele. Al aficionado y público de plaza todo le es pagar, gastar. Para sostener todo lo demás. De lo que no se lleva casi nada el toreo porque la realidad real no es cierta sino la fake como realidad virtual que ya todo el mundo se ha creído.