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La Revolera

La Quinta... de Beethoven
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(Foto: Arjona)

La Quinta... de Beethoven

El Cid se ha despedido esta tarde de Santander, una de sus plazas fuertes. Y a fe que le ha sabido poner la mejor rúbrica a su largo idilio con la bella ciudad norteña, que por cierto puede presumir de tener uno de los públicos más correctos del universo taurino. Dos orejas a un magnífico toro de La Quinta, puro Santa Coloma, y salida por la puerta grande tras una seria conjunción toro-torero y media estocada en todo lo alto. También Emilio de Justo, con un trofeo en cada toro, ha acompañado al de Salteras como premio a su toreo recio y comprometido y a saber irse detrás de la espada como un tejón.

El tercero en discordia era Curro Díaz, que mientras sus compañeros de cartel ponían la entrega y el esfuerzo, él ha puesto la música. Pero no “la música callada del toreo” de Bergamín, sino que de su muleta ha emanado, con la armonía del agua fresca de manantial de alta montaña, la grandiosidad de la Quinta… sinfonía de Beethoven. Porque el toreo de Curro ha estado investido de una calidad y un aroma tal, que la afición de la ciudad proclamada por la canción como “novia del mar”, se ha rendido a su torería y a la belleza de su toreo, aplaudiendo a rabiar al del pueblo “andaluz y minero”. Y no la espada, sino la excesiva exigencia con la espada le ha hurtado los trofeos, pero lo que la afición santanderina y quien esto firma hemos visto, no nos lo quita nadie. Lo voy a decir y será difícil rebatírmelo: A día de hoy el torero que torea con más arte, más verdad, mayor profundidad estética y mejor expresión corporal se llama Francisco Díaz Flores y es natural de Linares, para quien quiera algo de él.

Sin orejas en el esportón, pero de quien hablarán esta noche los aficionados santanderinos será de Curro Díaz.