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Mucho festejo y poco que festejar
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(Foto: Templaíto)

Mucho festejo y poco que festejar

Jesús Duque abre la puerta grande con una excelente corrida de El Parralejo; el castellonense Varea, tras tarde poco afortunada, en un arranque final decide cortarse la coleta

sábado 27 de julio de 2019, 10:42h

Tres horas de festejo es mucho festejo para tan poco que festejar. Tres horas en ese nivel de tensión, poca tensión, perdónenme que les diga, eso es para un cuerpo mayor. Y bien que lo siento. Amigo de las causas difíciles que me considero, me cuesta justificar una tarde así. No es lo que necesita la Fiesta ni la Fira de Juliol ni los chicos que habían apostado su futuro al cara o cruz de una tarde en la plaza grande de su tierra y no pudieron resolver ningún futuro. ¿Algo pasaría? me dirán, pues sí, pasaron cosas pero nada que disimulara el peso de las tres horas y la atonía general por la que se fue deslizando todo. Entre lo más noticiable hay que señalar la excelente corrida de El Parralejo. Cuajada, con arrobas, corrida seria, guapa, noble, sobre todo noble, y sin suerte, un toro -el tercero- se lastimó en la plaza y hubo que devolverlo y otro no supimos dónde se lastimó e igualmente hubo que devolverlo y el resto se chocó con el poco oficio de los matadores.

De los espadas lo más sustancioso lo firmó Jesús Duque, que, oreja a oreja, logró que le franqueasen la puerta grande, que no digo que sea la solución de su vida pero le da motivos para seguir reivindicando. Jesús Chover volvió a hacer, una tarde más, alarde de voluntarismo, el hombre quiso y quiso aunque al final todo el esfuerzo quedase diluido en el tono mohíno y lánguido por el que se fue encarrilando todo.

Varea merece un párrafo aparte. Su tarde transcurrió por un filo peligroso y acabó precipitándose en el abismo. Tanto va el cántaro a la fuente… Su primera faena tuvo pasajes preciosos de los que recordaban al mejor Varea, aquel chavalín que surgió de Almassora con nombre de cantaor bueno y maneras de torero caro. Su reunión con el toro siempre tuvo una expresión muy atractiva, de las que calan, tan bella que en no pocas ocasiones servía para disimular su poco ajuste con los oponentes. Ayer mismo, en su primer toro, con lo bonito disimuló los desapegos. Y aun así hubo pasajes en los que logró arrancar olés de lo más sentidos y merecidos. Con el triunfo en la mano montó la espada, su cruz de siempre, y comenzó el calvario. Fue como ahogarse en la orilla. Lo que estaba a la vera del triunfo se esfumó en la nada. Así que cuando saltó el quinto, un toro de Las Ramblas feo hasta decir basta y simplón como pocos, el castellonero estaba donde estaba al principio, en tierra de nadie y todo comenzó a pesarle, esa fue mi impresión, a pesarle más y más y más, se le sentía la desilusión, crecía la desconfianza, se esfumaba hasta su bella reunión con el toro y todo acabó con otro desastre estoqueador. Así que al terminar, en un gesto de responsabilidad, decidió cortarse la coleta con la oposición de sus más allegados. Insistió y eso en el toreo significa adiós. No sé si será para siempre, porque los toreros torean como son y como están y ayer el ánimo de Varea no era nada bueno, pero quizás algún día vuelva a estar con el ánimo entero y necesario y pueda recuperar a aquel Varea que tanto nos ilusionó, para mí el torero de la Plana que mejor vi torear nunca. Ayer no fue el día pero… en su haber, desde que estoquease un becerro de Veragua en Castellón, hay tardes y faenas muy buenas. La decisión de ayer le honra.

Jesús Duque hizo un ejercicio de fe. También de superación. Desde los faroles genuflexos iniciales hasta las estocadas con las que despachó a sus dos toros puso el alma a contribución de su locura. Su primero fue bravo con todo lo que ello supone y él le echó un pulso. En la primera parte de la faena perdió el torero, en la segunda se impuso el torero. Lo hizo contra su poco oficio y contra el desacople inicial que le debió generar desconfianza. Cuando se puso en el sitio, con la derecha, cuando le consintió y le condujo, todo subió de grado, la clase del toro y el mérito del torero. Su segundo fue más noble que bravo. Se dejó hacer, fue fácil y permitió que Duque encaminase su objetivo de triunfo. Pinchazo, estocada, abundante cariño patrio y otra oreja para seguir soñando.

Jesús Chover lleva impresa la marca Soro. El hombre anda esos caminos en busca de un futuro que en el toro no es fácil nunca. La puesta en escena, sus maneras, las banderillas, su comunicación con el público le delatan. Todo colgado de una percha concreta, la del voluntarismo, el querer, el no entregarse nunca… Claro que el triunfo tiene otras exigencias. En los dos toros tuvo apariciones explosivas, se fue a la puerta de chiqueros en dos ocasiones, cual si fuese una mina oscura, en busca del miedo y del triunfo. Arrancó las faenas de rodillas, banderilleó con fortuna dispar y no tengo que decirles que quiso y quiso y volvió a querer. Y aun así todo pareció poco para lo que necesitaba. Fue silenciado en los dos.

Antes de echarle el cierre a esta crónica, insistir en la buena clase de la corrida de El Parralejo, ¿y las figuras buscando toros?..., todo sucedió o no sucedió en una tarde que comenzó con un sentido silencio en recuerdo de Marcelino Rodríguez, amigo y torero, que se fue esta semana.

CRÓNICA PUBLICADA EN LAS PROVINCIAS EL 27/07/2019