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La Revolera

Churumbelerías

Tal parece que la plaza de toros de Valencia no se ve libre de las “churumbelerías” del palco presidencial. Ayer no quise escribir sobre la reaparición del simpático y rubicundo Román mano a mano con Emilio de Justo, aburrido de tener que incidir una vez más en los desaciertos del “usía” de turno. De Justo realizó una gran faena que el público aplaudió y jaleó, y que rubricó con un estoconazo de libro que fue la viva imagen de “La estocada de la tarde” según la famosa escultura de Benlliure. Pues bien, pese a la unánime petición de las dos orejas por parte de un público entusiasmado, el presidente puso pie en pared y se empecinó en conceder solo una. “Cosas del palco de Valencia”, dicen algunos ya hartos de protestar por esas “cosas” que no deberían ocurrir con tanta frecuencia.

Y saco a colación lo de ayer porque hoy, que no he visto la corrida pero he leído todas las crónicas sobre la misma, es probable que el palco de la plaza de Monleón haya reincidido en sus “cosas”. Cuentan las crónicas que Miguel Ángel Perera le ha realizado una gran faena al quinto de la tarde, que por cierto había sido despreciado, dejándose como sobrero, en el reconocimiento que precede al sorteo. Y miren por dónde, el rechazado tuvo que salir al ruedo sustituyendo al de turno que se rompió una pata. Y el animal se lio a embestir incansablemente y con calidad, de tal manera que puede haber sido el perfecto colaborador de una de las mejores faenas de la torera vida de Perera ¡…! De seguir así los “usías” del citado tauródromo, pronto tendremos que parodiar el dicho popular del emporio del juego en los Estados Unidos: “Lo que ocurre en Las Vegas se queda en Las Vegas”. Donde pone Las Vegas pongan ustedes Valencia. Porque da grima tanto y tan continuado desacierto. Lo dicho, “Churumbelerías”…

He visto esta tarde en La Solana una novillada de lujo de Nazario Ibáñez. Hierro que proviene de Manolo González, último reducto de lo de Núñez que tantos triunfos les diera a los toreros de toda una época. Y con ellos el triunfo de un novillero (Carlos Aranda se llama) que tiene pasaje para viajar en primera junto a los valencianos Polope y Borja Collado, y el albaceteño Molina. Al tiempo.