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La Revolera

El Curro de Linares suma y sigue

Azpeitia. Plaza torerísima. Público de categoría y toros que podrán salir mejores o peores pero cuidados en presentación y trapío. Un cartel de los que nos gustan a los que más que espectadores nos sentimos adictos a la apasionante droga del toreo. Y Curro Díaz. Qué bien torea el Curro de Linares. En la Feria de San Ignacio, el de Loyola, entre montañas, el sol de Curro ha brillado con luz propia, dejando huella su gran personalidad, empaque y profundidad. Un torero que justifica su presencia en cualquier cartel, aunque las empresas de postín, o no se han dado cuenta todavía de su importancia torera o temen que si le dan cancha acaben teniendo que darle tratamiento de figura. ¡Quién sabe lo que piensan los que se empeñan en convertir el arte en negocio!

En el cuarto de la tarde, Curro Díaz ha esculpido el mejor toreo. No era un toro fácil pero ha sido uno de los dos más posibles y el del pueblo andaluz y minero ha plasmado una faena para el recuerdo. A los sones de Ópera Flamenca, Curro se ha ido centrando con el morlaco de Salvador Gavira García, todo un señor toro, y ha acabado dando un verdadero recital de toreo de calidad. Se fue detrás de la espalda y la enterró en el hoyo de las agujas hasta los gavilanes. El toro, muerto en pie, tardó en rendirse a la evidencia y lo que había sido faena de puerta grande quedó en una entusiástica oreja, un auténtico orejón. Pero ahí queda eso… ¿Hasta cuándo van a venirle con cuentagotas las ferias de primera a este gran torero? Para mí, el de más calidad de cuantos se visten de luces hoy por hoy.

Ginés Marín, pese a que hace el paseíllo con rostro de cobrador del frac, y salvo algún tímido amago de sonrisa así permanece toda la tarde, se ha mostrado fácil, suelto y con detalles de torero capaz de llegar a los tendidos con su evidente sello. Pudo salir en volandas de la plaza porque tocó pelo en su primero, pero al segundo de su lote todavía lo está asaetando a pinchazos. A Ángel Téllez hay que seguir viéndole, porque pese a que su lote tal parecía que se lo hubiera recetado el Doctor Mabuse, evidenció condiciones de buen lidiador, de valiente a carta cabal y de estoqueador con futuro.