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La Pincelada del Director

Sin economía se depende de un milagro
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Sin economía se depende de un milagro

O se encuentra la viabilidad o le regalamos el partido a animalistas, antitaurinos y demás tocanarices que nos han perdido el respeto precisamente por eso, porque nos ven en las tablas boqueando un aliento cada vez más escaso

No han empezado las grandes de agosto, Málaga, San Sebastián, Bilbao… y ya está confeccionándose otra y otra más de las que deciden, a las ferias me refiero. Madrid, por ejemplo, o Zaragoza, como otro ejemplo que será la última porque la tradición, y sobre todo la situación del mercado, no da para más. Si hubiese pasta -posibilidad de negocio- crecería la imaginación creativa y se podría ir más allá. En tiempos, en Valencia por ejemplo, se estiraba la temporada al mes de octubre con grandes carteles. Y la gente respondía. A las grandes citas hay repuesta. Pero no hay opción porque no hay quien arriesgue. Así que ni creatividad, ni citas, ni por tanto respuesta. Ya se sabe, cuando no hay harina todo son lágrimas y recortes y florecen los postulados amarretas. Es natural. Nadie pone al fresco lo propio hasta la propia ruina del creativo. Eso era cosa de los terratenientes antiguos y no quedan tantos. Se tendría que dar cuenta el sector y caminar en busca de la sostenibilidad económica. O hay viabilidad o no hay vida; o hay pasta o se lo ponemos excesivamente fácil, diría que regalamos el partido a animalistas, antitaurinos y demás tocanarices que nos han perdido el respeto precisamente por eso, porque nos ven en las tablas boqueando un aliento cada vez más escaso. Así que avanzar en esa dirección debería ser el objetivo irrenunciable y prioritario de todos cuantos tienen ilusión de futuro en el toreo. Fundamentalmente, por lógica, deberían de ser los empresarios, los veteranos y los que tienen la legítima ambición de consolidarse y hacer cosas en el sector, porque a poco que se descuiden no van a tener sector en el que consolidarse. Mientras se hacen el ánimo, el toreo vive colgado de un milagro, de una quimera, que aparezca un torero que disimule el drama. Esa es la cruda realidad.

La clase empresarial, que tiene la responsabilidad principal en la búsqueda de soluciones, hasta ahora no ha ido más allá de una competencia salvaje, puro canibalismo, que se traduce en que no hay un concurso o una subasta sin conflicto

Igual es predicar en el desierto. Seguramente. Lo cierto es que hasta ahora la clase empresarial no ha ido más allá de una competencia salvaje, se podría decir de un canibalismo radical, que se traduce en que no hay un concurso o una subasta -qué feo y desubicado suena en estos momentos lo de subasta- sin conflicto o añagazas varias, cuchilleos subterráneos que nunca acaban bien; tampoco hay concursos en los que se piense de manera realista en la Fiesta y en su futuro. A los propietarios, fundamentalmente los de plaza de propiedad pública, lo que equivale a decir a los políticos, con honrosas excepciones, les importa nada y menos el toreo y su futuro: así que no se complican la vida y dejan pasar el toro, digo el pliego -lo primero es la pasta-como si estuviésemos en tiempos de vacas gordas; eso o lo combaten porque esa es la corriente que piensan que les dará votos; y existe una tercera vía tan mala como las anteriores o peor, resulta que tienen un primo taurino -se puede cambiar primo por patrocinador- que les ha subvencionado o les ha dicho esto o aquello y se meten directamente en el charco del absurdo y del redentorismo. Ninguna de las tres debe extrañar, es la consecuencia de vernos como una actividad maldita o marginal.

Y no solo se tendría que reordenar la concesión de las plazas, también la fiscalidad, incluso la rigidez laboral y muy especialmente el intervencionismo absurdo del espectáculo por medio de unos funcionarios que en la mayoría de los casos no son más que paracaidistas que encuentran su minuto de gloria pública y luego se largan sin responsabilidad alguna. Modificaciones que no deben significar, faltaría más, convertir el toreo en un melonar sin amo que para eso ya estamos bien como estamos.

Ferrera, con seis toros en Madrid, se puede dar por hecho; el mano a mano Urdiales/Ureña se contempla como posible; Aguado no estará; Román es fundada duda; Emilio de Justo, salvo imponderables, sí estará; y en Zaragoza, Morante abanderará el arranque ferial

Ante esa situación a los empresarios solo les cabe aparcar ardiles y tretas, dejar de pisarse las chanclas porque el negocio ya no da para zapatos de tafilete y ponerse a reivindicar y a crear unidos un campo de acción saludable, que significa viable económicamente. Son ellos los que deberían cargar con el peso de la iniciativa con una alta dosis de franqueza gremial; a los ganaderos ya no se les puede pedir más; a los toreros, los grandes, si aportasen colaboración y comprensión estaría bien; a los aficionados, aparcar diatribas e imposibles, tiempo habrá si hay futuro de alinearse en los límites máximos. Y a partir de ahí, que las plazas y la gestión sean para los mejores pero antes es la viabilidad del sector. Ya sé que este folio no va a servir de nada pero había que escribirlo.

Y si comencé hablando de las grandes ferias que se están cociendo, decir que los seis toros de Antonio Ferrera en Madrid no es tema cerrado pero sí muy avanzado que se puede dar por hecho; que lo del mano a mano Urdiales/Ureña está en agraz pero se contempla como posible -todo ello viene de lejos, Aplausos lo dibujó el pasado 22 de julio, página 46; se puede asegurar que Aguado no estará; que Román es fundada duda; que Emilio de Justo, salvo imponderable que lo tuerza, sí estará, hasta tiene elegida la corrida de Fuente Ymbro y no digo que no vaya dos tardes; y en Zaragoza la noticia es la vuelta de Morante, varios años ausente, para abanderar el arranque de una feria cuya gestión mira de reojo a Roca Rey, ¿estará, no estará?... las taquillas suspiran por el peruano.