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ENTREVISTA CON EL SEVILLANO

Juan Ortega, torería innata
(Foto: Javier Arroyo)

Juan Ortega, torería innata

"Aquí lo verdaderamente difícil es pegarle diez o doce naturales buenos a un toro. Si eres capaz de pegárselos, el sistema al final acaba rindiéndose. Hay pruebas de ello", subraya el diestro en vísperas de su cita en Las Ventas

martes 13 de agosto de 2019, 10:44h

El caso de Juan Ortega es difícil de asimilar. Cuesta entender cómo un torero de semejante categoría todavía no tiene un sitio de lujo asegurado en las ferias. Expresa el toreo como solo saben expresarlo los elegidos y, sin embargo, su nombre apenas figura anunciado en el gran circuito. Seguramente le falte dar el gran golpe, ese que tanto ayuda a derribar los invisibles muros del sistema, pero en el ambiente flota la sensación general de que su momento de romper está cada vez más cercano.

Encontramos al torero en el campo. Tras el ruedo, es su hábitat preferido. Está en Los Monasterios, la finca que su tío Jacinto Ortega tiene en tierras jienenses de Baños de la Encina. Va a tentar y ha llegado con tiempo para echar una mano encerrando las vacas veragüeñas, preparando el caballo, alisando el ruedo de la placita de tientas… “Adoro la naturaleza. Aquí encuentra uno paz. Me ayuda a ganar seguridad en mí mismo. Quizá sea por la soledad, pero el campo hace que me sienta bien, a gusto. Me relaja y me ilusiona volver. Lo hago siempre que puedo”, declara antes de que iniciemos formalmente la entrevista. “Escucharse a uno mismo es importante. El trajín del día a día en la ciudad suele impedirlo. Vas con prisa a todas partes y parece imposible pararte a pensar o preguntarte cosas. En la ciudad no tienes tiempo para nada y en el campo, en cambio, hay tiempo para todo”. En la finca familiar desempeña todo tipo de labores: “Me acoplo con el mayoral y ayudo en lo que puedo, desde echar de comer a los animales, hacer algunos arreglos, dar una manita de pintura si hace falta en alguna parte… Disfruto con esos trabajillos. En el campo siempre hay faena. Soy muy enreda en ese sentido. También monto mucho a caballo y me gusta observar a los animales. Cojo el coche, me meto en sus cercados, estudio sus reacciones, disfruto con las vacas, con los becerrillos…”.

A Juan Ortega la pasión por el campo le viene de lejos. Además de matador de toros (Pozoblanco, 2014) es ingeniero agrónomo. “Siempre quise vincular mis estudios a mis gustos personales, por eso me decanté por una ingeniería relacionada con el medio ambiente. Disfruto del campo desde chico. A la semana o a los diez días de nacer me trajo mi padre por primera vez, así que lo llevo en la sangre”, declara sonriente.

-Su momento de romper parece cada vez más cercano. ¿Qué ha faltado hasta ahora?

-Que se reúnan las circunstancias necesarias para que una tarde clave rompa hacia adelante.

-Póngales nombre y apellidos.

-¿A las circunstancias?

-Sí, claro.

-Debes tener el don de la oportunidad, es decir, cuajar la gran faena en un sitio de relevancia. Si lo haces en un pueblo, aquello va a quedar únicamente en tu cabeza y en la de los aficionados que ese día hayan ido a la plaza. Después, tu cuerpo, tu mente y tu alma deben estar en orden; y, cómo no, también hace falta que los toros ayuden un poquito.

-Oportunidad, tranquilidad de espíritu y suerte en el sorteo. ¿En ese orden?

-En ese orden.

Teniendo en cuenta sus condiciones, sería un crimen que Juan Ortega no rompiese en el toreo. No está la Fiesta como para desperdiciar toreros de su corte. “Yo estoy dedicando mi vida a intentar lograr ese objetivo. Si no lo lograra sufriría una desilusión tremenda”.

-No hay que pensar en ello pero… ¿la encajaría?

-Sí lo haría. Lo que no me perdonaría si algún día tengo que irme a mi casa sería pensar que no he dado lo mejor de mí, que me he dejado algo dentro. Siempre he llevado a gala hacer todo al cien por cien, o sea, desde la entrega total. De ese modo, si luego las cosas no salen, al menos seré capaz de acostarme por las noches tranquilo, diciéndome: di todo lo que tuve. Aun así me daría coraje, por supuesto, pero ese coraje se supera, no frustra. Las cosas te frustran cuando no consigues algo y sabes que podías haber dado más de ti para lograrlo.

ROMPER EL SISTEMA

Muchos alegan que las fuerzas ocultas del famoso sistema están impidiendo a Juan Ortega sacar cabeza. Sin embargo, el torero no niega su parte de responsabilidad a la hora de asumir el lugar que ocupa actualmente en el escalafón: “Es que, independientemente del sistema y sus intereses, el toreo en sí es muy difícil”, reflexiona sincero. “Tienes que dominarte a ti mismo antes de dominar al toro. Y si dominarse a uno mismo ya es complicado, más lo es todavía poner en orden las embestidas de un animal. Aquí lo verdaderamente difícil es pegarle diez o doce naturales buenos a un toro, eso sí que es complejo. Si eres capaz de pegárselos, el sistema al final acaba rindiéndose. Hay pruebas de ello”.

-Serán estímulos para usted.

-Ahí están los Aguado, Roca Rey… y demás toreros que han salido. Han vencido cuanto se les ha puesto por delante y están en todas las ferias. Pero, para lograrlo, el corazón y la cabeza deben estar en orden.

-Habla de dominar su persona, de controlar su cabeza… ¿Se considera frágil?

-He tenido momentos para tirar la toalla y siempre he sacado fuerzas para recomponerme, así que no creo que sea frágil; pero sí hay ocasiones en que me cuesta más torear, expresarme o cruzar la raya… ¿El motivo? No lo sé. A eso me refiero cuando hablo de tener las cosas en orden. Aquí una tarde buena puede tenerla cualquiera, lo difícil es tenerla el día D a la hora H. Eso solo lo consiguen los mejores, o sea, las figuras. Ellos sí tienen todo en orden cada día que torean. A lograrlo yo también es a lo que más tiempo dedico ahora.

-¿De qué manera persigue ese objetivo?

-Pasando tiempo en el campo. Dedicándome tiempo para pensar y bucear en mi interior. Es lo que más me ayuda. Por eso me pierdo por aquí cada vez que puedo.

LA FUERZA DEL TOREO

El toreo de Juan Ortega tiene fuerza. Apenas tres lances o una docena de muletazos bastan para que los buenos aficionados canten, de forma prácticamente unánime, su enorme calidad torera. Su paso por Madrid le ha granjeado el ambiente del que ahora goza. “La oreja del 15 de agosto del pasado año o la vuelta al ruedo de este último Domingo de Resurrección han sido clave”, admite. “Aun sin lograr una obra redonda de principio a fin, en Las Ventas sí he logrado crear esa comunión bonita con un toro, que no es fácil en ningún sitio pero en Madrid todavía lo es menos”.

“Tenga más o menos partidarios, lo cierto es que he emocionado a unos cuantos. A algunos incluso les he hecho llorar. Es lo más bonito que puede sucederle a un artista”

-¿Se siente esperado en Las Ventas?

-Me siento respetado. Como decía el maestro Antoñete, Madrid lo quiere todo pronto y en la mano, es decir, en el momento y con rotundidad. Sin embargo conmigo ha sido diferente. El toro de mi faena en Resurrección perdió las manos dos o tres veces, pero la gente en vez de enfadarse tuvo paciencia. Gracias a esa paciencia terminé dando unos pocos muletazos a gusto de verdad.

Juan cuenta con una fiel legión de partidarios que le animan a seguir la lucha por su sueño. “No sé si llegarán a ser legión, pero fieles sí son, eso seguro”, admite con humildad. “Sean muchos o pocos, lo cierto es que he emocionado a unos cuantos. A algunos incluso les he hecho llorar. Hasta ahora solo había hecho llorar a mi padre, a mi madre, a mi hermana, a la gente que me quiere y me conoce de verdad, pero hacer llorar a gente a la que no me une ningún vínculo personal o me ve torear por primera vez en su vida es de las cosas más bonitas que pueden sucederle a un artista”.

-Ahora hay que subirse al carro del relevo.

-Estamos ante un periodo de cambio en el toreo. Se trata de un cambio lógico, pura ley de vida. El aficionado demanda caras nuevas, gente nueva. Yo debo aprovechar la situación porque este periodo de apertura generacional durará hasta que haya cuatro, cinco o seis toreros nuevos que enganchen.

-De momento, a Madrid va a volver el 15 de agosto con la corrida de Martín Lorca.

-Es una fecha que me gusta mucho, es muy torera. Desde niño escuché aquello de que el torero que no torea el 15 de agosto ni es torero ni es nada. Y ahora no solo voy a torear, sino que, además, voy a hacerlo en la primera plaza del mundo.

-En esa fecha y en esa plaza empezó su escalada.

-Por eso le tengo fe. No es un día de gran público, pero sí de mucho aficionado y mucho profesional. No suele hacer viento, suelen romper toros… Me gusta. Además, en efecto, el año pasado me dio vida.

“Independientemente del sistema y sus intereses, el toreo en sí es muy difícil. Tienes que dominarte a ti mismo antes de dominar al toro. Y si lo primero ya es complicado, más lo es todavía ordenar las embestidas de un animal”

-La necesitaba.

-Sin duda.

-¿Llegó a faltarle el oxígeno?

-En estos últimos años no tanto, pero con anterioridad sí tuve alguna época de saber que se me estaba poniendo todo muy cuesta arriba. Que se te ponga todo imposible sin saber exactamente el porqué es lo que más miedo me ha dado siempre.

GIJÓN, MADRID, BAYONA

La víspera de actuar en Madrid toreará en Gijón; y después, el último día de agosto, hará el paseíllo en Bayona. Esas son las próximas paradas del ilusionante viaje de su temporada. En El Bibio lidiará una corrida de La Quinta, mientras que en el coso de Lachepaillet estoqueará un toro de José Cruz en un festejo de seis matadores con carácter concurso de ganaderías. “De La Quinta solo he matado una novillada. Fue en Málaga, en 2011, pero tiento allí prácticamente todos los años. También he estado en casa de Pilar Buendía (Pallarés) y en la de Rafael Buendía (Rehuelga) y he disfrutado una barbaridad”. ¿Por qué está tan orillado el encaste a día de hoy?, interrogamos al torero. ¿El complicado es tan complicado como dicen?, inquirimos. “De entrada, al haber pocas ganaderías de sangre santacoloma su protagonismo a la fuerza es menor. Después, al toro medio -que es el que más abunda, en este encaste y en todos los demás- por regla general cuesta trabajo cogerle el pulso y, además, dice poco. Lo digo más como aficionado que como torero, porque mi experiencia con el encaste es muy escasa”, subraya, y continúa: “Con el malo lo pasas mal sea de la ganadería que sea y con el bueno disfrutas igual lleve un hierro u otro, aunque en el caso del santacoloma bueno sí existe ese plus de que embiste un punto más despacio que el resto. Como aficionado cuando sale uno bueno de ese encaste disfruto como un niño chico porque embiste con un ritmo especial”.

“Aquí lo verdaderamente difícil es pegarle diez o doce naturales buenos a un toro. Si eres capaz de pegárselos, el sistema al final acaba rindiéndose. Hay pruebas de ello”

Varios han sido los compañeros de Juan Ortega que han impulsado sus carreras en Francia cuando todo les parecía acabado en España. Cabría suponer, pues, que el sevillano afronta el compromiso de Bayona con esos ejemplos en mente. Sin embargo, admite: “No voy a Francia pensando que puede ser mi punto de lanzamiento. Por delante están Gijón y Madrid, que son plazas justas también. Sobre todo Madrid, que es una plaza en la que cuando pasa algo importante en el ruedo, se premia. La particularidad que tiene Francia es que, si bien en España el premio solo llega si triunfas en Madrid, Sevilla y pocos sitios más, allí hay premio triunfes en la plaza que triunfes”.

-Antes ha mentado a su paisano Aguado. Su éxito le habrá generado una envidia sana, le habrá supuesto un chute de moral.

-Es que lo que sería una ruina muy gorda es que un tío corte cuatro orejas en Sevilla o dos en Madrid como David de Miranda y se quedara parado en su casa. Entonces sí que habría que recoger el chiringuito e irse para casa porque esto estaría imposible; pero cuando veo toreros que haciendo el esfuerzo y aprovechando ese don de la oportunidad rompen para adelante, me da mucha fuerza.

Aguado ha demostrado, además, que por la vía del toreo clásico todavía se puede triunfar en una época en la que parecían haberse impuesto unas maneras de torear un tanto alejadas del concepto más ortodoxo. “Todavía se puede triunfar, no -puntualiza al periodista-: ¡es que se triunfa de verdad con ese toreo! Lo de Pablo ha sido un impacto, y eso te da idea de la fuerza que tiene ese toreo, de lo que cala, lo que llega tanto a los profesionales como a los aficionados, al público… ¡a todos! La fuerza que tiene ese toreo es incalculable. Para mí, más que la de cualquier otro tipo de toreo”.

Sin debutar en Sevilla

Juan Ortega todavía no ha debutado en Sevilla como matador. Su ausencia llama la atención no tanto por ser la ciudad en que vino al mundo sino, sobre todo, porque su toreo a buen seguro encajaría a las mil maravillas en el gusto de los maestrantes. “Espero que pueda ser el año que viene. Después de tanto tiempo esperando, ojalá pueda ser en feria… ¡y si pueden ser dos tardes, mejor que una!”, exclama sonriente y esperanzado. “Cuando salen los carteles y no estás anunciado sientes celos lógicos por los compañeros que sí lo están, pero si algo he tenido claro en esta vida es que las cosas van llegando conforme tienen que llegar. Si todavía no se ha dado la oportunidad de debutar en mi tierra, ya se dará. Procuro no agobiarme con esas cosas”.

-¿Usted puede entender el toreo de otra manera? ¿En la plaza hace siempre lo que le nace? ¿Sería incapaz de salirse de su concepto aunque la ocasión lo exigiera en un momento determinado?

-No sabría contestarle… -duda de nuevo- Delante de un animal tampoco estoy pensando continuamente qué es lo que tengo que hacer, me limito a intentar expresar lo que me brota de dentro, lo que siento en ese momento, pero no sabría decirle si soy capaz de hacer las cosas de otra manera porque nunca lo he intentado, la verdad. A priori le diría que no, que no sería capaz; además, si lo hiciera, quedaría muy artificial o antinatural. Estoy seguro.

“Con el toreo clásico no es que todavía se pueda triunfar, ¡es que se triunfa de verdad! La fuerza que tiene es incalculable. Para mí, más que la de cualquier otro tipo de toreo”

-Cuando llegue el éxito, ¿cómo va de cuerda para mantenerse y triunfar a diario? Mantener el listón será el siguiente reto...

-Si no me viese capaz de mantenerlo e incluso rebasarlo cada día no estaría aquí. Si pensara que esto es cuestión de estar bien una tarde, de que suene la flauta, cortar las orejas y bajar luego el listón, no haría los esfuerzos ni los sacrificios que estoy haciendo. Si los hago es porque estoy convencido de mis capacidades.

-El talento natural que desprende ante el toro, ¿en realidad cuánto tiene de natural y cuánto de preparación?

-Al final todo talento tienes que alimentarlo y empujarlo un poquito. Si no, el talento al final se duerme.

-Pues no se duerman ni el talento ni usted. Lo agradecerá el toreo.

Tres apoderados, tres

Roberto Piles, Pepe Luis Vargas y Juan Rodríguez son los hombres de Juan Ortega. ¿Qué papel juega cada uno de ellos en su carrera? “Juan es como mi padre, ha estado conmigo desde niño y en lo personal me aporta mucho; Roberto es el apoderado puro y duro, el hombre de los despachos; y Pepe Luis es mi maestro, la persona con la que alimento mi toreo. Él luchó en su carrera como el que más, lo tuvo muy difícil por las cornadas y, sin embargo, con esa afición enfermiza que tiene siempre fue capaz de sobreponerse y volver al toro con las mismas ganas e ilusión por conseguir esos siete u ocho naturales soñados; esa era su ilusión de cada mañana y a mí ha sabido transmitírmela”.

Fotos: JAVIER ARROYO