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La Pincelada del Director

Ponce, Palma, Fuengirola… solo grandes noticias
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(Foto: Arjona)

Ponce, Palma, Fuengirola… solo grandes noticias

Habló Palma. Civismo en la réplica a los anti en la calle y gran respuesta en la plaza: doce mil personas después de tanto ayuno y tanta traba, de tanto estigma mediático y político, son muchas personas. Que se enteren

Lección de civismo taurino en Palma. Antes de seguir adelante, gran cobertura informativa de mis compañeros en aplausos.es: diez horas de información en directo, en tiempo real. Habló Palma. Cobertura a todos los frentes de una gran jornada. Civismo en la réplica a los anti en la calle, cuestión que uno siempre tiene la esperanza de que se siga valorando en nuestro país tan dado al desbarro. La cordura debería tener premio. Hubo otro logro del que presumir. La gran respuesta en la plaza. Doce mil personas después de tanto ayuno y tanta traba, de tanto estigma mediático y político, son muchas personas. Muchas voluntades rascándose el bolsillo frente a unos pocos cientos de subvencionados de la calle. Eso es una gran victoria lo quieran ver o no. Satisfacción general al acabar el festejo, había valido la pena me cuentan, detalle primordial, hay que cumplir con los nuestros y cumplir significa un espectáculo de calidad. Más. Saquen pecho los taurinos por cuando hay que taparse. Lleno esa misma noche en Fuengirola, otro latido nuevo que añadir al pulso de la temporada y la demostración de que el trabajo trae vida. Las plazas para quienes las trabajan. Siempre fue así. Y además es lo justo. Las direcciones teledirigidas desde los grandes despachos nunca resultaron. Los grandes empresarios lo fueron al pie del cañón, cultivando la proximidad, enterándose de los gustos y respetándolos. Sí, sí, no pongan cara de póker. Los grandes de la historia participaron de ese concepto.

Ponce y Fino en Fuente Ymbro. Ayunos de intereses, torearon solo para ellos y para los amigos. Lo hicieron con el alma, cada uno con la suya, que coinciden en la fe por el buen toreo y difieren en la expresión y la liturgia

Fue la misma semana en la que Bilbao aseguró prácticamente, solo a falta de algún paso administrativo, su aterrizaje en la empresa privada. Expectación máxima, no en balde el futuro de Bilbao, la gran fortaleza del norte, afecta a todo el planeta tauro. Fue el mismo finde que eligió Ponce para volver. Los grandes siempre vuelven y estoy por decir que los más grandes incluso vuelven cuando quieren. Eso es lo que ha hecho Ponce, don Enrique. Con una disciplina espartana, horas y horas de gimnasio y rehabilitación metódica, con una afición cuasi enfermiza, está de nuevo como él dice en “Donde estábamos…” aquel infausto 18 de marzo, en lo más alto, con la responsabilidad de figura más acerada que nunca, ahí está la agenda de su vuelta en la que no ha rehuido ninguna feria grande, con ese afán de perfeccionismo y renovación que le hace parecer otro Ponce cada año para ganar la batalla, también al tiempo, porque cómo si no sería posible treinta años de reinado. Lo he disfrutado estos últimos días en el campo y ha sido un espectáculo impagable más allá del aspecto periodístico. Es un caso, siempre a más, con el sentido de la competencia a flor de piel, frente a las vacas y frente a los toros. Visto lo visto en El Puerto, en la plaza como en el campo. En Fuente Ymbro, con quien es compañero de promoción, Fino, dieron una tarde de toros memorable. Inspiración y torería al pie de la sierra de Dos Hermanas, ayunos de intereses, solo para ellos y para los amigos torearon con el alma, cada uno con la suya que coinciden en la fe por el buen toreo y difieren en la expresión y la liturgia para hacerla singular y misteriosa que ¡qué si no es el toreo! Tarde memorable, en la que para los amigos de los datos y anécdotas cabe señalar que Ponce debutaba en casa de Gallardo con las fuenteymbro. Pues como si se hubiesen conocido de toda la vida.

En El Puerto el maestro salía y entraba de la cara del toro entre clamores y hossanas. El mundo rendido, el toro entregado, la gloria a sus pies… The End. Pero no es el final. Ponce sigue. Treinta años no son nada

A ese ensayo general le siguió un gran estreno. Lo que se adivinaba. Lo de El Puerto fue la culminación gozosa de esos cinco meses de dolor y método. Una agenda para superdotados. El maestro compareció como el clásico, con un Como decíamos ayer y con todas sus virtudes más lustradas que nunca: maestría -fue más doctor que nunca-, elegancia para llenar el escenario como corresponde a los grandes artistas, el poderío de los consagrados y la ambición de los necesitados. Como si estuviese empezando. Ni el menor recuerdo del percance. Su paso por El Puerto, corazón del andalucismo, de nuevo el clásico en el recuerdo, Quien no ha visto toros en El Puerto…, fue el desarrollo completo -y perfecto- de un guion de pasiones y lujo, de lucha y victoria, desde el recibimiento hasta el adiós, introducción, nudo y desenlace. La acogida, el vestido de la tragedia madre de toda la historia, el reconocimiento glorioso y premonitorio de lo que se avecinaba y hasta el himno nacional en la puesta en escena; la incógnita, nudo gordiano final y felizmente desecho, que representaba la resistencia de la rodilla maltrecha, aguantará la brega, no aguantará, está maduro el nuevo ligamento, no lo estará… todo eso y dos juampedros poco juampedros; y finalmente el desenlace, glorioso, una faena para el recuerdo, ordeno y mando, belleza lidiadora, deslumbrante la puesta en escena, inalcanzable semejante facilidad, se acabaron las fronteras, Valencia en el corazón de Andalucía ¡Dios qué grande es el toreo!... cuando se torea. La plaza se puso en estado de feliz ebullición. El maestro salía y entraba de la cara del toro entre clamores y hossanas. El mundo rendido, el toro entregado, la gloria a sus pies… The End. Pero no es el final. Ponce sigue. Treinta años no son nada.