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La revolera

Triunfan Román y López Simón

Román y López Simón han dado una buena tarde de toros en Villarrobledo en un mano a mano con toros de Salvador Domecq de los cuales dos han salido bravos y de calidad y uno toreable, mientras otro, el sexto, resultó ilidiable y peligroso, además de cercano a los seis años y exagerado de peso y trapío para una plaza de tercera. Pero una vez más, el protagonismo de la tarde ha sido para un “okupa” que se coló en la presidencia y le negó la segunda oreja -exigida multitudinaria e insistentemente por el público- a López Simón en el quinto del encierro, por una faena que seguramente ha sido la mejor de lo que lleva de su exitosa temporada. El público se enfadó de veras con el “usía” y obligó al de Barajas a dar dos clamorosas vueltas al ruedo.

Una vez más, esta vez en Villarrobledo, un árbitro, que no otra cosa es el inquilino del palco, se ha empeñado en vivir su minuto de gloria agriándole una bonita tarde de toros al público de una plaza que no será la de Madrid, Sevilla ni Bilbao pero que cuenta con una buena afición que sabe calibrar muy bien lo que ve. El hombre se empecinó en nadar contra corriente y, gesticulando en el palco con el dedo índice levantado, exigió que nadie se atreviera a cortar el segundo trofeo. La bronca fue de órdago a lo grande y el hombretón sonreía satisfecho. ¡Por fin podría contarles a sus amigos que allí arriba mandaba él y nadie más que él! ¿Hasta cuándo tendremos que aguantar esas actitudes ignorantes, oscas y negativas en tantos palcos de la geografía taurina?

Como Román había conseguido las dos orejas de su primero y López Simón una de cada uno de sus toros, ambos abandonaron la plaza en volandas, mientras el okupa camuflado de “usía” era despedido con música de viento y gestos de “adiós que le vaya bien, recuerdos a la familia y al llegar escríbame…”, como en la canción de “La chica de la estación”. ¡Dios que cruz!

A Munera, el rejoneador local, los rejones de muerte le negaron el triunfo, aunque anduvo en sus dos toros solvente y lucido. Los tendidos lucieron una gran entrada.