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La página de Manolo Molés

Un lunes marrón

Bilbao es, o debe ser, una de las catedrales del toreo. Madrid, Sevilla, Bilbao, Valencia y esa histórica Barcelona, muerta en vida por mor de una política estúpida, de un empresario enganchado de la faja por el toro de los cines que mantiene muerta en vida la historia, el presente y el futuro de una ciudad que llegó a dar más toros que Las Ventas de Madrid. Cuando voy a Barcelona, cada vez menos, siempre hago una visita a la Monumental del olvido, del maltrato y el abandono. Lo que levantó el abuelo lo han marginado hijo y nietos. Y ahí está cubierta por el polvo del olvido la plaza en la que torearon todas las figuras de la historia y su tiempo. Y de la segunda plaza que alternaba con la Monumental es ahora un centro comercial o algo parecido, porque cuando paso cerca de su esqueleto apenas la quiero mirar. Las Arenas se llamaba.

Y todo esto sucede cuando los toros en Cataluña son ilegales porque un gobierno regional, que no puede imponer normas al reglamento nacional (véase lo sucedido en Palma de Mallorca hace poco) que da la fiesta de los toros como intocable en su organización. A ver si las huestes de Victorino, que han logrado cosas positivas, se toman en serio lo de Cataluña y pelean para ver quién gana el pulso y quién dobla el brazo a quién. Por los menos inténtenlo.

UNA PLAZA DE TOROS VACÍA DA ARGUMENTOS A LOS ANTITAURINOS

Mientras, llegó Bilbao, baluarte del norte, afición con categoría, historia impecable, y me encuentro la plaza casi vacía, no sé si dos mil o, siendo muy generosos, tres mil aficionados repartidos por el inmenso vacío. Es verdad que no era una corrida de súper figuras, pero volvían los toros de Alvarito Domecq, tan desiguales en todo, pelo, trapío, comportamiento, bravura, embestidas, etc. Y en aquella soledad contra la que hay que pelear. Mejor no dar nada si no tiene atractivo el cartel, porque una plaza tan vacía da argumentos a los antitaurinos. Una lástima. Román se ha recuperado de tantos golpes y heridas; Luis David es ahora mismo el más interesante de los toreros mexicanos y Álvaro Lorenzo, que viene de dos tardes a hombros en Gijón, exultante y triunfador, se encontró con dos toros tan vacíos como deslucidos.

Yo espero que la entente internacional, la casa Chopera y el imperio Bailleres, unidos y explotadores de esta plaza entre 15 y 20 años, tomen nota de lo que debe de ser para que su explotación taurina sea un ejemplo, un lujo, una atracción permanente y no una tarde de sillas vacías. Dicen los datos de Internet que en esta moderna plaza, que se levantó tras la quema de la anterior una tarde noche tras actuar Manuel Benítez “El Cordobés”, que aquí caben en cifras redondas 15.000 espectadores. Ese lunes marrón del 19 de agosto éramos entre 2.000 y 3.000, según el optimismo o pesimismo del contable. Pero yo espero, y ya lo comentaremos en el siguiente número de APLAUSOS, que sea una gran feria. Hay motivos para ello y esperanzas, y necesidad de que Bilbao añada lujo a la temporada. Esta es una plaza ejemplar en muchas cosas y por reinventar en otras. El gran reto es que la gente joven vuelva a los toros. Y que las ganaderías y los toreros acierten. Bilbao lanzó a muchos toreros. Lo seguirá haciendo pero ha de recuperar público y juventud. Veinte años, o quince, es mucho tiempo para lograr que Bilbao sea imprescindible para el toreo.

MÉRITO LO DE GIJÓN Y DANIEL LUQUE, TAN OLVIDADO EN ESPAÑA

Mérito lo de Gijón y lo de Francia. Ese Daniel Luque, olvidado en España y capitán general con mando en las Galias, triunfando a lo grande en esa Francia donde contratan al que se lo merece y no al que apodera la empresa. Entre otras cosas porque en las Galias el sistema es otro, más abierto, el empresario es empresario y el torero tiene su apoderado. Casi siempre. Ejemplar que el aficionado tenga voz y voto, que el tercio de varas se haga como casi nunca disfrutamos en España. Ejemplar también cómo han acabado con los antitaurinos que te insultan a ti, y a tu madre, a las puertas de las plazas, a cuatro metros de la violencia. En Francia han liquidado el tema rápido. Si quieres protestar, a un kilómetro. Las dos bandas fuertes de antitaurinos se han disuelto porque ni sus gritos ni sus altavoces molestan ya al espectador que va a los toros de forma legal. De Burdeos a la raya de Italia, la Fiesta es libre. De ahí para arriba no hay toros. Y se acabó el problema.

El otro día en Gijón, excelente feria de Zúñiga, la horda antitaurina estaba a cuatro pasos de la puerta. Un mogollón de antitaurinos gritando, insultando a todo el que iba a la plaza, al viejo y hermoso Bibio con tanta historia. La ocurrencia del empresario Carlos Zúñiga hizo su efecto. Contrató a una ruidosa banda, que encima tocaba bien, y anuló el gallinero de insultos. Pero de todos modos es triste que en este país estemos peleando siempre unos contra otros. Este es un espectáculo legal, si lo entiendes, es, además, hermoso, vibrante, creativo, arriesgado, heroico, emocionante, nada fácil, magnífico. Si no te gusta, no vayas. Pero lo malo es el insulto, el enfrentamiento, esa guerra de palabrotas. Esto es legal. Aquí en Francia y en un puñado de países más. Y “asesino” es quien maltrata a su mujer, a su marido, a sus padres, a sus hijos, a sus vecinos, a sus conocidos o a sus desconocidos. Ese es un asesino. Y, a veces, un insensato quien permite esa refriega sin orden ni concierto. El holandés saltarín, que dice que el toro es una pobre víctima, salta siempre cuando no hay toro en el ruedo. Este es el más listo y mejor pagado.

Escribo en martes. Tengo todo Bilbao por delante. Hay carteles y tardes que deben de ser triunfales. Todos lo estamos deseando. Esta es la feria que nadie debe perderse y esta es la feria que marcó el buen camino para el despertar de las plazas francesas. Bilbao es una feria muy grande y hace falta que triunfen las figuras, y también los que quieren serlo. Ayer fue un lunes marrón, hoy escucho a Sabina…