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El Palco

Poco público…

Hemos superado el ecuador de la temporada y, teniendo en cuenta lo más destacado de julio y agosto, puede afirmarse que ha habido poco público en bastantes corridas de San Sebastián, Bilbao, Almería, Málaga, Cuenca, Colmenar Viejo, San Sebastián de los Reyes… Pero han estado bien o muy bien de público en Pamplona, naturalmente, que es caso aparte, en Santander, en Azpeitia, en Gijón, El Puerto de Santa María... La tónica sigue siendo la de los últimos años, cada vez más pronunciada, es decir, que a los carteles fuertes acude gente, pero en los teóricamente algo más flojos da pena ver demasiado cemento o demasiadas butacas vacías -como el caso de Bilbao-. Sin embargo, cuando se le echa ingenio y se hacen las cosas muy bien, caso de Carmelo García en Sanlúcar de Barrameda, la taquilla lo nota.

Lo de San Sebastián y Bilbao no es nuevo, pues llevan varios años en declive. En la ciudad de la Concha puede encontrarse su origen en el tiro en la nuca que recibió el toreo cuando estuvo en el ayuntamiento Bildu, pero en Bilbao, Almería, Málaga, etc., ¿a qué se debe? Los organizadores tendrán que examinar en profundidad cuáles son las causas y corregirlas.

De todas formas, hay una causa general en toda España, al menos a mi parecer. Hasta finales del siglo pasado, e incluso los primeros años del actual, la gente que iba a las plazas de toros se podía clasificar en dos grupos: los que iban a ver los toros por ser más o menos aficionados y los que iban a que les viesen en los toros, pues no eran aficionados, pero la fiesta de los toros era considerada un acto social y si querías ser una persona destacada en la ciudad te tenían que ver en una barrera o un buen tendido.

Actualmente solo han quedado los del primer grupo, es decir, los que van a ver los toros, pues los otros han desaparecido, porque está mal visto por la cursilona progresía ignorante -quieren saber de todo y marcar la forma de vivir a los demás- ir a los toros.

De los del primer grupo, es decir, los aficionados, aunque no muy aficionados, también hay muchos que han dejado de ir porque algunas de sus amistades les considerarían fachas y retrógrados.

Como decíamos, esto afecta a toda España, pero deben de existir otras causas para explicar que cada vez asista menos gente a los espectáculos taurinos, al menos en algunas plazas.

En cualquier caso, todo o casi todo en la vida evoluciona por ciclos y, sin duda, ahora el toreo está en el valle de la curva.

Recuerdo, que en la década de 1955-65, decir que te gustaba el flamenco, en el colegio o la universidad, era suficiente para ser considerado antiguo, un cateto, y ahora el flamenco es un arte universal con la misma o más aceptación en muchos países que en España.

Por tanto, tiempo al tiempo, que todo pasa, y el toreo es un arte tan puro, tan verdadero, tan profundo, tan intenso, que nunca podrán acabar con él por muchos antiespañoles, muchos progres de pacotilla, muchos trastornados mentales que vengan. Perdurará, con modificaciones si es necesario, adaptándose a nuevos tiempos, pero perdurará. Ningún político con mente totalitaria, ningún trastornado mental de esos que se gastan un dineral en celebrar el cumpleaños y la boda de su mascota -perrito, gatito-, y son muchos, podrá impedir que un hombre con sentimiento torero se ponga delante de un toro para expresar su sentimiento y crear una obra de arte.

Todos los animalistas, todos los antitaurinos, todos los que quieren acabar con España y sus tradiciones, sean políticos o no, pueden abandonar la idea de finiquitar la fiesta de los toros, pues nunca lo va a conseguir. Antes, la sociedad equilibrada mentalmente les repudiará, les ignorará, les despreciará, y finalmente se terminará con su multimillonario negocio. Eso llevará bastantes años, pero menos de lo que ellos creen.