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FERIA DE LA VENDIMIA

El día que en Nimes se picó ¡en bicicleta!
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El día que en Nimes se picó ¡en bicicleta!

Hace 150 años el coliseo acogió un extravagante festejo en el que los caballos fueron sustituidos por velocípedos

martes 10 de septiembre de 2019, 10:54h

El coliseo romano de Nimes lleva acogiendo corridas de toros desde 1853. Desde ese momento se han podido vivir en este maravilloso escenario algunos eventos taurinos únicos e inigualables. Dentro de ellos, aunque solo sea a modo de anécdota, una corrida velocípedo-taurina.

La imagen que acompaña a este artículo es de ese día. Cuanto menos causa sorpresa. Una corrida de toros en el coliseo de Nimes en la que los picadores, en lugar de montar a caballo, lo hacen sobre bicicletas. El grabado, realizado por Jacinto Abarguer de Rey para La ilustración española y americana ha pasado a la historia como una excentricidad, y muchos han puesto en duda incluso la veracidad de lo representado en la imagen. ¿Realmente alguna vez se picaron toros montados en bicicleta? La duda está más que justificada si imaginamos cómo tuvo que ser aquel espectáculo, cómo picarían a los toros desde tan singulares monturas. Toda una proeza de poderse llevar a cabo.

Una tradición histórica


La primera corrida a la usanza española se celebró en Nimes en 1853. Ese año por primera vez se dio muerte a los toros en el ruedo. Aunque no se anunció como tal, el coliseo se llenó hasta arriba. Los medios recogen que más de 30.000 personas se dieron cita. A partir de entonces, las más destacadas figuras han pasado por su arena. Desde Cúchares, El Tato, Mazzantini, Machaquito... hasta la actualidad.

Para despejar la incógnita acudimos a la prensa de la época para buscar información sobre el acontecimiento. Sucedió en 1869. El Imparcial recoge en su edición del 3 de junio una escueta mención: “En Nimes (Francia) ha tenido lugar una corrida de toros, en la que los picadores han desempeñado sus altas funciones montados en velocípedos”. La siguiente pregunta que surge también es clara, ¿por qué? ¿No había caballos para llevar a cabo este espectáculo? Alguna teoría hablaba del asedio que sufrió Francia en la guerra Franco-Prusiana que pudo haber dejado muy mermada la cabaña de caballos en Francia. Teoría que pronto se viene abajo porque la guerra comenzó un año después, en el verano de 1870. Esta teoría surge porque la fecha de publicación del grabado es 1870, pero no tienen en cuenta que la imagen representa un espectáculo ocurrido un año antes.

La explicación la encontramos en el impulsor del evento. Por aquel entonces dirigía las arenas de Nimes Jules Rostain, que desempeñó este cargo desde 1864 hasta 1871. Rostain se caracterizó en este periodo por organizar espectáculos innovadores. Llevó a cabo, además de corridas de toros, rodeos, espectáculos de circo, fuegos artificiales y lo que él llamó velocípedo-tauromaquia. Michel Rostain en el libro Jules, etc., que trata sobre su antepasado Jules Rostain, lo explica así: “Jules organizó algunas corridas de toros, pero no muchas. Prefería las extravagancias. Una vez me dijeron que incluso reemplazó los caballos de los picadores con velocípedos, ¡ya ves!”.

Probablemente también tuvo mucho que ver que en aquella época se vivía el furor de las nuevas bicicletas y se les daba los más insospechados usos. De hecho, el grabado se publicó en un reportaje que realizó La ilustración española y americana en su edición del 10 de enero de 1870, que trataba sobre las múltiples aplicaciones del velocípedo en aquellos años. “Pero el velocípedo convertido en objeto de espectáculo público, ha desafiado también la ferocidad de los toros. En el anfiteatro de Nimes (Francia) tuvo lugar no ha mucho una corrida en la que los velocípedos reemplazaban a los inofensivos jamelgos que tanta lástima nos inspiran en las corridas tauromáquicas.

Si bien es verdad que bajo el punto de vista de la flaqueza nada tienen que envidiar los tales jacos a los velocípedos, en cambio éstos, como carecen de abdomen, libran al público del repugnante espectáculo que le ofrecen a menudo los pencos.

La suerte que reproducimos en un grabado es muy bonita; pero que se la cuenten a un toro español y va verán ustedes cómo se ríe de los franceses”, ironizaba el mencionado reportaje.

Sobre lo ocurrido en el ruedo aquella jornada poco ha llegado hasta nuestros días. Solo sabemos que el que se puso delante de los toros era un torero de Beaucaire. Sobre los valientes que accedieron a empuñar la puya con semejantes monturas, tampoco. Afortunadamente, aquella excentricidad no fue a más.