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REPORTAJE

Morante de la Puebla, en el túnel del tiempo
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Morante de la Puebla, en el túnel del tiempo

sábado 28 de septiembre de 2019, 12:00h

Si el mejor aficionado es aquel a quien más toreros le caben en la cabeza, el mejor torero sea, probablemente, aquel que haya sabido beber en un mayor número de fuentes toreras. Viendo a Morante, no hay duda de que su tauromaquia reúne y engloba lo mejor de las tauromaquias que le precedieron. El sevillano las ha asimilado de tal modo que es capaz de recuperarlas cualquier día y en cualquier plaza. Rescata el pasado y lo incorpora al presente, incluso mejorándolo en ocasiones. Morante tiene la historia del toreo en la sesera y no es exagerado decir que su hilo, aquel hilo del que tan lúcidamente escribiera Pepe Alameda, asoma de su mano cada tarde de toros.

LA MEDIA DE BELMONTE.- Junto a la clásica belmontina, retorcida la planta, Belmonte también remataba sus intervenciones con medias flexionando la pierna. En la rica tauromaquia de Morante cabe la interpretación de ambas. El de La Puebla, además de a Gelves, también mira a Triana...

EL GALLEO DEL BU.- Dicen que Morante lo recrea en honor a Joselito, cuentan que quien fuese Rey de los Toreros lo aprendió de Paco Frascuelo -el hermano del gran Salvador- y que éste, a su vez, para aprender a interpretarlo bebió de fuentes más antiguas. Bien pudo ser una de ellas la encarnada por Cúchares, a quien vemos “quitando” -literalmente- al toro del caballo con un galleo como el que rindió la Maestranza la pasada Feria de Abril.

BARROQUISMO TRIANERO.- “¿Por qué creaste la media verónica?”, preguntaron a Belmonte. “Para ahorrarme la otra media...”, cuentan que contestó el trianero. Sea como fuere, cuando se interpretan con el barroquismo propio de los toreros criados a la otra orilla del Guadalquivir impactan por su singular estética. La de Morante parece clonada de aquella de inconfundible sello que tantas tardes diese Juanito Terremoto y que inmortalizase con sus pinceles Roberto Domingo.

REMATE A UNA MANO.- Ahora vemos a Morante, a punto de iniciar una serpentina de remate. Los arabescos a una mano también son propios de las tauromaquias decimonónicas, como atestigua la lámina de La Lidia en la que otro torero patilludo, también vestido de plata, pasa al toro a punta de capote.

ANDARES TOREROS.- Las entradas y salidas de la cara del toro también hay que cuidarlas. Siempre que se está en el ruedo hay que andar en torero, máxime si el toro está delante; y si se trata del colofón a un quite de lucimiento, el detalle exige especial esmero.

UN TORERO COMPLETO.- Cuando Morante está en vena se atreve hasta con los palos. Muchas han sido las plazas que le han visto banderillear con brillantez. Le vemos de grana y oro, con abundantes patillas y los palos por debajo de las hombreras, igual que a Ángel López “Regatero” en el dibujo de Daniel Perea.

QUIEBRO EN LA SILLA.- Una silla de enea, un torero sentado en ella, una pierna cruzada sobre la otra, un toro observando la escena, de pronto una llamada “¡je, toro!”, y otra inmediatamente a continuación “¡vente, bonito!”, el animal se arranca, el torero se levanta y, junto al asiento, clava un ajustadísimo par al quiebro. El final de la historia, si no lo saben, lo imaginan: la apoteosis.

JUGUETEO CON LOS PALOS.- Arriba, de nuevo el inmortal José Gómez Ortega, visto por Roberto Domingo. Debajo, Morante juega con el toro en el segundo tercio tal y como hiciese más de cien años atrás el menor de los Gallo. Su admiración por Joselito-Maravilla es total.

SENTADO EN EL ESTRIBO.- Otro modo con claras reminiscencias antiguas de iniciar las faenas es sentado en el estribo. Morante lo realiza en ocasiones, e incluso, como en la imagen de arriba, lo practica con la montera calada. La similitud con la vieja estampa de Guerrita es innegable.

DE RODILLAS SI HACE FALTA.- Arriba, Joselito el Gallo. Debajo, Morante. Si hay que echar las rodillas en tierra para triunfar, se echan. Los artistas, al menos los artistas-figura, también saben arrebatarse el día D y a la hora H. Sobre todo si el triunfo de algún compañero les escuece especialmente...

SECARSE EL SUDOR.- “Un momentito, por favor”, parecen decirle al toro tanto Morante como aquel legendario Manuel Domínguez “Desperdicios” instantes antes de entrar a matar. El pañuelo, además de para lucirse, también sirve para secarse el sudor fruto de la lidia. Ahí tienen dos ejemplos.

EL CARTUCHO.- Aguantar la embestida con la muleta plegada es alarde propio de toreros valientes. Morante lo es, como todos los que han logrado ser figuras desde los albores de la tauromaquia.

DEL PITÓN, COMO JOSÉ.- Joselito el Gallo solía demostrar su dominio sobre los toros tocándoles un pitón una vez los había sometido con su poderosa muleta -imagen de arriba-. Morante también gusta de acariciar los pitones, unas veces para adornarse, y otras, para provocar las arrancadas.

PASES DE CASTIGO.- Aunque haya quien piense que los toros con aires de fiera que precisan ser domeñados murieron con los tiempos del Guerra -arriba- lo cierto es que el toreo contemporáneo también demanda en ocasiones espadas que sepan doblarse con un toro. Morante sabe... ¡y de qué forma!

ARTE CON UN PAÑUELO.- Tras la estocada, cobrada a ley, Morante aguarda a que el toro doble y reviste la escena con torería. El maestro saca el pañuelo de su chaquetilla y lo pasea por la cara del jandilla, que se resiste con bravura a rendir su vida. El grabado y la fotografía que reproducimos más arriba retratan a Curro Cúchares y a Joselito el Gallo interpretando acciones similares. En el caso de Gallito, la imagen corresponde a la histórica jornada en que lidió en solitario los famosos siete toros de Martínez en Madrid.

CERTERO PUNTILLAZO.- Más de cien años separan estas dos imágenes y, sin embargo, parecen casi calcadas la una de la otra. Dos maestros, ambos de verde y oro, se disponen a apuntillar a sus toros, los dos de pelo berrendo, como broche de excepción a las faenas que acaban de realizar. Sus protagonistas: Rafael Molina “Lagartijo”, primer Califa del toreo, y el genial Morante.

Y BRONCAS, TAMBIÉN.- Como suele decirse, también son de toreros. La indiferencia es la peor herencia que puede dejar un artista. El arte se crea para conmover, para despertar los sentidos de quien contempla la obra. Morante no solo hace gozar; en ocasiones también hace sufrir. El público padece por lo que deja de ver. Son las cosas de los grandes. De los de ahora... y de los de siempre.