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La Revolera

...y Ferrera subió a los cielos
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(Foto: Javier Arroyo)

...y Ferrera subió a los cielos

Valiente, artista, imprevisible, original, clásico y revolucionario. Todo eso y mucho más que soy incapaz de describir ha sido esta tarde Antonio Ferrera en Las Ventas del Espíritu Santo de Madrid. Terminada la corrida, un numeroso público, en el que primaba la juventud, se ha echado al ruedo para aupar al “extremeño de oro” y sacarlo por la Puerta Grande en volandas. Nada de los tres costaleros de turno. En los tendidos una multitud, en pie, enardecida y ahíta de torería, emoción y sentimiento, ha permanecido como petrificada por la emoción. Tal parecía que ese público, tanto en la plaza como en el exterior, quisiera eternizar la gloriosa tarde vivida, gracias a un Ferrera único e indescriptible que ha elevado la emoción artística del toreo a cotas que uno no recuerda haber vivido antes. Y llevo casi setenta años viendo toros y toreros.

No digo que sea el mejor, ni siquiera el más valiente ni el que más arte atesora, digo simplemente que sobre el pequeño gran coloso del toreo han caído esta tarde todas esas bolitas que, según Paula, derrama el cielo sobre la cabeza de los elegidos que visten traje de luces. No voy a tratar de pormenorizar sus faenas a los seis toros de diferentes ganaderías, que unos han sido mejores y otros peores, porque me siento incapaz de contener la emoción que todavía me sobrecoge cuando escribo estas líneas. Justo al lado, y la semana próxima en Aplausos papel, intentarán describirlo plumas más autorizadas que la mía. Trabajo les doy, porque no les será nada fácil. Sencillamente, porque hay razones que la razón no entiende. Pero como escribir también es un arte, seguro que lo conseguirán.

Que el toreo es incuestionablemente arte, Ferrera lo ha demostrado hoy en la arena madrileña sin lugar a la mínima duda. Y cuando ese arte estalla, como ha estallado este sábado día cinco de octubre en Las Ventas, se comprende que pese a sus estúpidos detractores el toreo continúe siendo, después de tantos siglos, la Fiesta más nacional de todas las fiestas de España. Como no abrigo ninguna duda de que el buen Dios quiso premiarme, no sé por qué merecimientos, cuando permitió que naciera español para poder disfrutar de algo tan bello, racial y que tanto acaricia el alma de la buena gente de este país al que todavía hay energúmenos que tienen a menos llamarle España.

Ferrera ha reventado hoy el toreo, se ha pasado la estrechez de muchas normas establecidas por el forro y ha dejado volar su alma torera, creando momentos de belleza que parecían imposibles dentro de la estrechez de las mismas. Si crear es sufrir, no cabe duda alguna de que la tarde ha sido un calvario para el desde hoy torero más interesante del escalafón. Porque su quehacer ha sido para el torero de la tierra de los conquistadores un estallido de creatividad desde que salió el primer toro hasta que fue arrastrado el último. ¿Cuánto habrá cobrado Ferrera por su increíble tarde? Ni lo sé ni me importa. Porque poner en trance a más de veinte mil almas durante casi tres horas no tiene precio.