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La Pincelada del Director

El toro siempre tiene la última palabra
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(Foto: J.V.)

El toro siempre tiene la última palabra

El Pilar, que transcurría triunfal, acabó en un baño de sangre terrible. El Pilar y la temporada en sí. A la cogida de Gonzalo en Madrid le siguió la de Mariano de la Viña, que fue intervenido a vida o muerte, y la de Perera en la misma plaza…

El toro siempre tiene la última palabra. La Feria del Pilar, que transcurría triunfal, acabó en un baño de sangre terrible. La Feria del Pilar y la temporada en sí. A la cogida de Gonzalo en Madrid le siguió la de Mariano de la Viña, al que están interviniendo a vida o muerte en el momento de escribir esta columna, la de Perera en la misma plaza y las fracturas de Soler, percances que tras anteriores daban la sensación de ser menos si no pensamos que cuando estás en el suelo estás a expensas de lo que Dios quiera. Informativos del deporte han interrumpido sus programas para dar la noticia de Mariano, las principales webs generalistas lo llevan en primera casi en tiempo real, los informativos de las teles lo mismo, incluso mezclaban imágenes de archivo y rebuscaban en la vida sentimental de Gonzalo, una pena que la sangre cuente más que los triunfos que no se consideran noticia. Compañeros y amigos que asisten a la corrida llaman a la redacción consternados. “La suerte es que ha sucedido en Zaragoza”, en plazas con menos equipamiento hubiese sido mortal de necesidad. Una vez más la Pilarica y las manos de los doctores tienen la última palabra.

No se puede obviar lo certeros que han sido los toros. Siempre se dijo que el toro de otoño es más toro, más fiero, se hablaba de las hierbas, del vigor y del sentido que les proporcionaba el pasto de la época… ahora que la cuestión de las hierbas no cuenta -los toros de saca viven del saco de pienso- sigue siendo más toro, más certero, más difícil… Será la edad, en cualquier caso es lo que hay, llegando a estas alturas de la temporada todo se hace más duro. Y para algunos más todavía.

Hasta entonces mandaba la magia de Morante, el ninguneo a Escribano, la delicadeza exquisita de Ponce, el crecimiento de Lorenzo, el bonito adiós de El Cid… y público, mucho público

Hasta ese momento la feria transmitía buenas noticias. Muy toreras. Lo que se desea. Zaragoza fue el centro de atención. Es lo que corresponde. Manda el calendario y la categoría de la plaza. En su balance final había un mensaje de vida y afortunadamente lo sigue habiendo. Hay futuro. En el inicio Morante sacó sus triles ¡nada por aquí, todo por allá! y metió la plaza en el canasto, de la bronca al delirio en lo que va de un toro a otro, de villano a héroe en diez muletazos. Eso solo está al alcance de los magos. Todo seguido Escribano tuvo que pechar con la contracorriente presidencial y sufrió un ninguneo intolerable, pura rapiña que no tuvo en cuenta la faena, ni tampoco el historial ni las circunstancias. ¡Ni siquiera ven y menos aún sienten! Ponce tampoco escapó a ese empeño de los usías zaragozanos de desoír al público y se quedó sin puerta grande, solo con el consuelo de haber toreado un toro con una delicadeza exquisita, como se antoja difícil imaginar. Álvaro Lorenzo, que sigue creciendo -ya se sabe que unos llegan como un trueno y otros llegan con el tempo del amanecer y precisan de un tiempo para deslumbrar-, también sufrió ese extraño síndrome presidencial que ataca en los arranques feriales y acaba desvaneciéndose según se avanza como demostración de su inconsistencia. Ureña, que llegó por sorpresa y administrativamente soltero, dio la talla una vez más, así que el elegido para representarle en los despachos se debe estar frotando las manos. El Cid, que se despidió de los ruedos en España, abrió la puerta grande -fue el único- para coronar una carrera en la que hubo momentos cumbres, la mayoría de ellos ligados a su mano izquierda. No seré yo quien en tarde tan singular intente aquilatar si fue una valoración justa o generosa. Fue el bonito broche final a una carrera muy honorable y por momentos de mucha categoría. Esos fueron los protagonistas en el cuadro de honor final del Pilar 2019.

Hay que ser optimistas. Se necesita insistencia y tiempo, ni Zamora se ganó en una hora ni la batalla del toreo la perdimos en una temporada, se necesitaron muchos abusos, muchos olvidos, mucha desconsideración… y aun así seguimos vivos

Otra nota a tener en cuenta fue la asistencia. Hubo mucho público. Ese es un buen síntoma. Muy bueno. En realidad es la mejor forma de blindar el futuro. Mientras haya público hay vida. La pervivencia se tambalea con la desertización. Por ahí murió la añorada Barcelona. La vieron, nos vieron débiles y nos tomaron como presa fácil. Fuimos además trofeo la mar de rentable: dábamos titulares y pocos problemas. No es el caso de Zaragoza, que hubo días de llenar tres, cuatro veces la plaza. Felizmente. Tampoco es el caso de Madrid. Tampoco fue mal Sevilla. Eso a pesar de que la baza más taquillera de la temporada, Roca Rey, quedó inédita. Si a todo eso le sumamos los propósitos de enmienda de la gente del toro, la toma de conciencia general que se vive, hay que ser optimistas. Estamos a tiempo. Jamás, se diga lo que se diga, se han hecho más actos promocionales que en la actualidad, nunca. En cualquier rincón de España, empujados por los aficionados pero también (aunque no todos) por profesionales, empresas, toreros y ganaderos, hubo atención a los niños, promociones, exposiciones, campañas publicitarias novedosas… Lo último es la operación de rescate de Jaén, un intento apasionante de volver a poner a flote esa plaza. No hace tanto San Lucas era una feria que contaba y el cierre real de la temporada tenía lugar en la capital del Santo Reino. Ese es un rango que se debe recuperar y en ello se está.

Llegan a hacerse esos esfuerzos antes y seguramente no hubiésemos llegado a esta coyuntura pero eso es agua pasada. Ahora toca insistir en las acciones de rescate. Y seguro que toda esa corriente promocional tendrá recompensa. Solo se necesita insistencia y tiempo. Esas reconquistas nunca fueron automáticas, ni Zamora se ganó en una hora ni la batalla del toreo la perdimos en una temporada, se necesitaron muchos abusos, muchos olvidos, mucha desconsideración… y aun así seguimos vivos. De momento, hay números y encuestas fiables, la gente joven ha comenzado a volver pero ese puede ser tema de otra Pincelada.

Ahora, casi sin proponérselo hemos entrado en tiempo de cambios y rupturas, amistosas por supuesto. La penúltima bomba ha sido la ruptura de Ureña y Simón; la siguiente la de Diego Ventura y la casa Lozano; anteriormente la de Curro Díaz y Joxin; la de Moral y Julián Guerra y si hacemos caso a la rumorología no van a ser las últimas que causen impacto. Gran impacto.