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LA REVOLERA

Manuel Amador, en la Maestranza de Sevilla.
Manuel Amador, en la Maestranza de Sevilla. (Foto: Arjona)

Más vale tarde que nunca

“Los Samueles” de este año han reconocido públicamente la “trayectoria torera de Manuel Amador”. Más vale tarde que nunca, pues Amador fue un torero que, injustamente poco valorado en su tierra, tuvo una gran significación en las plazas más importantes de España, Francia y América. Compartió carteles con las toreros más importantes de su época y sin ir más lejos hizo muchos paseíllos con El Cordobés, que no vamos a descubrir aquí y ahora la fuerza que tuvo en el toreo.

En La Monumental de Barcelona, por ejemplo, “el torero gitano de los ojos verdes” tuvo un gran predicamento. Desde que debutó como novillero en la plaza de Las Arenas y después en la Monumental de la calle de Marina fue garantía de muchos carteles, con éxitos que propiciaron que se le esperara con interés durante toda su carrera. En aquel coso, el primero del mundo en cantidad y calidad de corridas celebradas durante largos años, Amador cortó muchas orejas y también sufrió dos serias cornadas, una de las cuales en el antebrazo izquierdo de la que a sus ochenta años todavía se resiente, estuvo a punto de dejarlo inútil para el ejercicio de la profesión. Fue un ídolo en Barcelona, y en Madrid abrió varias tardes la Puerta Grande. Tomó la alternativa en Sevilla de manos de Curro Romero y también en Palma de Mallorca, en el sureste de Francia y en México conocieron y disfrutaron del torero gitano de garboso capote y poderosa muleta.

Durante mucho tiempo, tal parece que se hubiera corrido un tupido velo sobre su carrera, pero Los Samueles, demostrando un año más su categoría como grupo de aficionados de pro, lo han rescatado del recuerdo en exclusiva de quienes lo vimos triunfar tantas tardes. Ha sido un acto de justicia que no podía permanecer silenciado. Pero algo más debo añadir: Manuel Amador Correa es, lo fue siempre, un hombre cabal donde los hubiere, una excelentísima persona. He disfrutado toda mi vida de su amistad, de tal manera que incluso fue padrino de bautismo de mi hijo Francisco. Somos compadres y a mucha honra. Por eso me alegro, como ser humano y como aficionado, que se haya reconocido su categoría como torero.