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La revolera

Genocidio gatuno

Gloria Tello se llama. Un cuñado mío de Utiel, ya fallecido, excelente persona por cierto, tenía ese apellido y sus hijos, mis sobrinos, también como es lógico. Pero no creo que tenga la señora o señorita en cuestión nada que ver con ellos, que son gente normal, trabajadora e inteligente. Desde que hace unos días leí un artículo del director de esta publicación vengo padeciendo picores en la entrepierna, porque a la infrascrita, concejala del Ayuntamiento de Valencia, parece que se le ha metido entre ceja y ceja aprobar un presupuesto para “capar” los gatos de la Comunidad Valenciana. ¡Gatos he dicho! No gatos y gatas, que sería también una idea reveladora de una estructuración mental peligrosa, pero al menos no tan rematadamente feminista. Si doña Gloria se sale con la suya, dentro de unos años no se oirá ni un “miau” en toda la Comunidd Valenciana.

Antitaurina hasta el corvejón como es la señora/ita en cuestión, hay que agradecer que no le haya dado por promover a nivel nacional la castración de los toros que pastan en los campos de Castilla, Andalucía, Navarra y Salamanca, porque por eso procedimiento sí que acabaría con la Fiesta de los Toros que tanto odia. Porque no se pueden hacer tortillas sin “güevos”, ¿verdad usted, señora mía? De proponer el genocidio gatuno a intentar capar a los hombres hay solo el gramo de estulticia suficiente para pensarlo, expresarlo y que quienes pueden decidir, porque tienen la sartén por el mango, le hagan caso. ¿Entienden ahora lo de mis picores en la entrepierna? Con menos comenzó el cabo de Baviera y lean, lean la historia del Siglo XX, y verán adonde llegó y como se tuvo que unir todo el mundo libre, para acabar con el nazismo que amenazaba con exterminar a las demosracias occidentales.

¡Como me hace recordar la ocurrencia de la referida Gloria Tello al Adolfo Hitler del Tercer Reich y sus campos de exterminio, repletos de judíos a la espera de ir a parar a las cámaras de gas! Y es que el nazismo no es un pensamiento político, es simplemente una enfermedad del espíritu. Un estado de memez que hace capaces a quienes lo padecen de cualquier barbaridad.