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La página de Manolo Molés

Héroes de luces o del silencio

Son héroes de luces. Son también héroes del silencio. El toreo es grandeza cuando todo sale de cara, es lucha cuando tienes que abrirte paso, es una pared cuando no suena el teléfono, es el muro de Berlín cuando no te ves anunciado en los carteles. Lo decía Chenel, más filósofo de la vida, sus miserias y sus grandezas, que incluso torero. Antoñete dejó claro un día que la soledad es el banquillo donde te pudres o te endureces. Y tenía toda la razón del mundo. Fue grande y fue chico, fue figura para toreros y aficionados, y fue también un torero orillado por el sistema. Y por sus errores que como todos también los tenía. Un día que estábamos jugando al frontón hicimos un alto para que respiraran sus pulmones pintados de nicotina. Y le pregunté: Chenel, cuando las cosas iban mal, cuando salía todo al revés, ¿cómo vivía? “Jodido, porque todos los que te doraban la píldora cuando triunfabas ya ni te miraban y ni te hablaban. Es más, si tú ibas por la acera de la derecha, se iban por la acera contraria”. ¿Por qué se cambiaban de acera? “Por si les pegaba un toque. Bueno, eso hablando con humor. Se cambiaban porque la gente, bastante gente, rechaza a los perdedores. Y yo, que estuve arriba y abajo, mi vida fue un carrusel, lo sé, les veía de lejos. Incluso llegué a pensar (se encendía otro cigarro y me guiñaba un ojo) que era invisible”.

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