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ENCUENTROS.- F. LOZANO

En casa de... los Lozano
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(Foto: Arjona)

En casa de... los Lozano

En el término de Urda, al pie de la nacional que une Toledo con Ciudad Real, kilómetro 148 de la N-401, de una mano y de otra se extiende El Cortijillo. Una cancela recia, amplia y sin alharacas advierte de lo que te vas a encontrar. Territorio de los Lozano. Dos mil doscientas hectáreas dedicadas al toro. Un gozo para los sentidos. 2.200 dicho en números, tal y como se ponía en los cheques cuando los cheques eran palabra de Dios al portador y al instante. Se trata de uno de los últimos lujos ganaderos. No cabe más cuido, ni más conocimientos camperos, todos los detalles están calculados al detalle, diría que medidos. Las querencias para un buen manejo, las necesidades de cada momento, el corredero, las pendientes de los cercados, primero la pradera, seguidamente el monte para darles un buen techo cuando aprieta el frío, que por estos lares cuando llega el momento es seco y bravo. Cada cercado, cada detalle, es una suite de lujo sin que huela a nuevo rico.

La economía del toro no es buena, asegura José Luis, y para ilustrar su pensamiento, apunta: “Si las empresas se acogen a las comisiones de los apoderamientos como solución, mal, algo es evidente que no funciona”

Recorres El Cortijillo de un lado a otro y tienes la sensación de que nadie escatimó para alcanzar el ideal. Lo tendrían que ver los animalistas o mejor no, para qué, que se lo pierdan. Aquí la corrida de Madrid, aquí al lado la otra corrida de Madrid, dos lotes de toros soberbios. Los ves aquí y los podrías ver en los corrales de cualquier plaza, y no habría lugar a la duda, son alcurrucenes puros porque a estas alturas ya no me atrevo a decir núñez. Debe ser efecto de los cuidos y la alimentación pero esos volúmenes y esos trapíos son Alcurrucén. Están ya hechos para lidiarse. La variedad de pelos sale de ojo, los colorados sobre todo, los negros, los mulatos, esos berrendos en melocotón tan propios de la casa, bien armados todos, ya lo creo, y con la riñonada bien cubierta. Ahí, en los riñones, está la fuerza de los toros con permiso de las puyas actuales. Nos reciben atentos y curiosos, no nos pierden de vista. Así que no invitan a la confianza. Ni nosotros a ellos al parecer.

En el cercado de al lado, la corrida de Fallas, otra hermosura, lo que corresponde a Valencia con permiso de la intolerancia de una autoridad que no acaba de entender lo que es el toro bravo o directamente no le interesa saberlo. Y así un cercado y otro para dar cabida a veinte corridas que a estas horas ya están apartadas. “De esa manera las puedes igualar más”, me apunta José Luis, que se acuerda que hasta los años sesenta y setenta los ganaderos tenían toda la camada, setenta, ochenta toros, en solo un cercado y reseñar una corrida era tarea para mentes preclaras. En El Cortijillo ya he dicho que no es así, que está el cercado de La Perdiz, el de Las Tinajas, el del Corzo, La Serrana, el Cordel… y así hasta veintidós cerrados con paredes de piedra seca que este año acogen catorce, quince corridas de toros con el hierro de Alcurrucén y las novilladas que se lidiarán con los otros hierros de la casa. Hubiese sido más práctico numerarlos a ponerles nombre pero José Luis apostó por ese sistema más bucólico, al fin y a la postre si un ganadero es capaz de retener números y números y reatas con sus consiguientes informaciones será capaz de saber si el de La Perdiz está aquí o más allá o si la corrida de Mont de Marsan está apartada en La Serrana o en El Cordel. Los toros de saca están más cerca de la casa, enfrente del molino del pienso y el embarcadero al que, por cierto, se le puede atacar por los cuatro costados para evitar cualquier problema de resistencia a la hora de embarcar una corrida.

Hemos acudido a una de las tareas más gratificantes de mi oficio, al menos para mí, reportajear el campo. Nos han recibido Pablo y José Luis, los jerarcas citados por orden de antigüedad, además de Fernando Lozano, que, aunque no se diga, es el Lozano que más paseíllos hizo y ahora, siguiendo el mapa genético de la familia, anda metido en labores de apoderado con Álvaro Lorenzo, que se formó allí mismo y tras un año fuera ha vuelto al calor de la casa.

Hoy hay tentadero. Plaza amplia, sobrada para lidiar toros ahora que tanto se lleva matar toros en el campo, buen suelo, plano como la palma de la mano, ni un bachecito, ni señal de viento, ni una nube, aunque el detalle no es lo que más ilusiona en el campo a estas alturas del año, y un sol moderado, diría que el necesario para aligerar la indumentaria. Y en los chiqueros, media docena de becerras coloradas que no pueden negar su ascendencia, las cañas finas, mucho cuello, la piel lustrosa… se revuelven apretadas en una pelota que las hacen parecer inseparables cuando van apartándolas.

En el ruedo no desmerecieron. Las cuatro que saltaron dieron excelente juego. Dos se van a quedar en el mismo Cortijillo, donde los ganaderos tienen una tropa de ciento cincuenta vacas de vientre, y ya más adelante puede que viajen a Egido Grande, que es la finca donde tienen el grueso de las hembras, en total, entre todos los hierros de la casa, unas novecientas madres. Las otras, las que no se aprobaron, harían las delicias de muchas ganaderías pero irán al matadero. Arriera fue la más completa y se queda, naturalmente; Fígara, la que más deseo de torear despertó en mí, humillaba, tenía recorrido y no volvía hasta que no le insistías, que es el detalle que me ganó a mí y condenó a ella.

Se ha llegado a la excelencia, los toros salen con un trapío como no salieron nunca, tienen quinientos cincuenta kilos y embisten muchos, seguramente más que nunca pero… ahí viene la queja y el asombro: “Ahora, que se ha alcanzado la excelencia, que tanto se ha buscado, los hay quienes quieren que volvamos cien años atrás”

Tentó Álvaro Lorenzo, puesto, muy puesto, con gusto, como es él, con ritmo, fácil, sin brusquedades, diría que en el momento para el gran salto, pienso que solo le falta el toque de rebelión obligado, un chorreón de anarquía; auxiliaba, se decía así en otros tiempos, Rafael González, que es uno de los grandes del momento, y aprovecho para recordar que de siempre los toreros jóvenes han llevado toreros cuajados a su lado porque en ocasiones sale el toro que recomienda al menos el auxilio del consejo y entonces si no los llevas, los echas a faltar; y hacía la tapia Pablete Toledano, que salió a todas con la naturalidad de quien está todos los días toreando cuando en realidad donde está todos los días es en la Universidad. A estas alturas de la descripción habré logrado transmitir, seguro, que la mañana fue de auténtico alivio de la rutina urbanita. Dos ratos así y te tienes que preguntar qué puñetas haces en la ciudad… me refiero a los días que no hay toros, claro.

Hubo tertulia, sobremesa, charla, nostalgia, doctrina, esperanza y también añoranzas sin que faltase fe en el futuro. Si hemos llegado hasta aquí con tan poca protección de los gobiernos, quién puede negarnos el futuro. José Luis tiene sus reservas, la economía del toro no es buena, asegura, y para ilustrar su pensamiento, apunta: “Si las empresas se acogen a las comisiones de los apoderamientos como solución, mal, algo es evidente que no funciona”. Y se habla del momento ganadero y prima una reflexión sobre otras: se ha llegado a la excelencia, los toros salen con un trapío como no salieron nunca, tienen quinientos cincuenta kilos y embisten muchos, seguramente más que nunca pero… ahí viene la queja y el asombro. “Ahora que se ha alcanzado esa excelencia que tanto se ha buscado hay quienes quieren que volvamos cien años atrás”. Y siguió la tertulia, los recuerdos, aquellos años de Palomo sobre todos, el Madrid de la plenitud, el activismo ahora perdido de los apoderados de aquellos tiempos cuando pensaban tener un fenómeno en las manos…

PRIMERO TORERO…

La charla se inclina hacia Fernando, el único matador de alternativa de la segunda generación taurina de los Lozano si no contamos al abuelo, que ya fue ganadero en los tiempos de Marcial y de Ortega que tanto le marcaron. Es la primera vez que lo encuentro en las visitas a El Cortijillo tras su periplo mejicano.

-Volviste.

-No tenía más remedio.

-Explica eso.

-Ya me aburría en México. Ya me tiraba mucho esto. Y encima surgió algo que me ilusionaba dentro de lo que es lo mío.

-¿Lo tuyo?

-Sí, el toro, el toreo. Ten en cuenta que esta ha sido mi pasión de siempre. Con dieciocho años, cuando ya estaba a mitad de la carrera, le dije a mi padre que no quería seguir estudiando, que lo mío era el toro y lo dejé.

Fernando Lozano: “De entre los hermanos yo soy el osado, Pablo es un hombre muy formal en todo, muy educado, nunca se sale del guion, y Luis Manuel es un poquito digamos el cerebral, el que tiene muy claro lo que quiere”

-¿Acertaste?

-Sí, sí. Entonces dije que no seguía porque iba a ser un mal abogado aunque luego no fui tan malo teniendo en cuenta que un día me defendí a mí mismo en un pleito por una denuncia y gané. Me dije al conocer la sentencia, pues no hubiese sido malo.

-Aquella oposición familiar retrasó tu aparición.

-Varios años. Entonces pensé que aquella demora en comenzar fue un tiempo perdido pero ahora creo que no. Sirvió para empecinarme más y madurar, para reafirmarme en mi decisión.

Él, Fernando Lozano, y su poderdante, eran los objetivos reales del viaje. La temporada de su reencuentro ha sido de lo más esperanzadora. Tras su retirada de los ruedos, siendo un Lozano parecía obligado que fuese apoderado y así ha sido, nadie ni nada ha evitado lo que todos suponíamos que era sus sino. Su primera experiencia fue dirigir la carrera de Capea hijo, seguidamente apoderó a Antonio Ferrera y poco después, capacidad de riesgo, no estaba dispuesto a conformarse, marchó a México, donde llegó como apoderado de Juan Pablo Sánchez y para montar una escuela taurina para la familia Bailleres que dirigió durante tres años. Aún hubo, me cuenta, tres años más en aquel país, que también es el suyo, gestionando otros negocios sin estar relacionado con el toro.

Recuerda en el arranque de la charla las trabas que le puso la familia para que fuese torero. “Yo comencé más tarde de lo que es habitual”, recuerda, y se retiró con diez años de alternativa, en total catorce de torero, pronto para lo que son hoy día las carreras de los toreros. “Demasiados años están en activo ahora y además de una forma continuada. En otros tiempos los grandes toreros se iban y volvían. Ese era el juego. Tenía su sentido. Se iban en plenitud y luego tenían una buena reaparición”.

-Tu momento cumbre fue cuando te proclamaste triunfador de San Isidro.

-Seguramente ese fue mi momento cumbre, sí, pero no fue cuando más disfruté.

Fernando Lozano: “Tras el triunfo de Madrid me impuse un mayor nivel de profesionalidad. Fui el primer matador que se puso un preparador personal, el primero que se puso un dietista, comencé a viajar con un médico particular…”

-¿Cómo es eso?... Salir triunfador de San Isidro, salir por la puerta grande que todos sueñan, y no lo disfrutaste.

-No es que no disfrutase sino que a partir de ese momento aparecieron las mayores responsabilidades. Hasta entonces siempre me había organizado yo y a partir de entonces todo adquirió otro nivel de profesionalidad y ya todo fue distinto.

-¿Más presionado?

-También.

-¿A qué le llamas otro nivel de profesionalidad?

-A muchos detalles. Yo fui el primero que se puso un preparador personal, el primero que se puso un dietista, comencé a viajar con un médico particular que entonces no lo hacía nadie aunque sí había escuchado que en otros tiempos se hacía… No era cirujano, era amigo; pero no importaba, de esa manera cuando había un percance el primero que estaba allí era él y era el que mejor me entendía.

Naturalmente salió a conversación su etapa de novillero en la que formó parte de un cartel muy interesante, Lozano, Litri y Camino, que llenó de ilusión la Fiesta y consiguieron que la gente fuese a verles. “A nosotros y a otros compañeros que salieron en ese momento, que no fueron pocos”. Tomó la alternativa en Valencia, en la Feria de Julio de 1987, con Espartaco y El Soro, en una tarde triunfal en la que abrió la puerta grande a la vez que un nuevo horizonte profesional.

-Comencé a compartir carteles con figuras. Yo en tiempo de formación, digamos, ganándome los contratos uno a uno. En esa época, quitando a Espartaco y pocos más, todos teníamos que hacernos las corridas prácticamente una a una. Tuve suerte y en ese tiempo conseguí no bajar de treinta, treinta y cinco corridas todos los años.

Eso fue así hasta que llegó el triunfo de Madrid. Tres años después de la alternativa se anuncia su presentación en Madrid y por tanto su confirmación. Dos tardes en la feria y de la noche a la mañana se puso en lo alto del escalafón.

-Ese año toreé setenta y dos corridas de toros en España y veinticinco en América.

“En mi presentación en Madrid toreé un toro muy bien pero sentí que no había calado y aquello me generaba dudas, y cuando comienzas a dudar en el toro aparecen las inseguridades. Así que decidí buscar una película de la tarde y ver realmente cómo había estado…”

Antes de echar el paseíllo tenía las dos de Madrid, Alcázar de San Juan y Granada.

-No tenía más. Ahora es diferente.

Un café y tiempo de sobremesa por delante dio ocasión para seguir desgranando vivencias, las necesarias para justificar aquello del disfrute hasta la confirmación y el menor disfrute después de la confirmación. En el recuerdo tengo la idea, le apunto, de que en la tarde de la confirmación no pasó nada, no aportó nada.

-Sí aportó, sí pasó. Te diría que fue muy importante. Era la de mi presentación y me midieron mucho. No me sorprendió, sabía que iba a ser así. Porque además de la tardanza según algunos aficionados en presentarme, era el sobrino de los empresarios.

-Qué pasó.

-Maté una corrida de Sepúlveda con Domínguez y Ortega Cano. Toreé un toro muy bien. De los mejores, o el mejor que he toreado en Madrid, pero todo quedó en una salida al tercio. Había toreado un toro bien, eso creía, pero sentía que no había calado y aquello me generaba dudas, y cuando comienzas a dudar en el toro aparecen las inseguridades. Así que decidí buscar una película de la tarde y ver realmente cómo había estado. Entonces no era tan fácil como ahora tener las imágenes. Las conseguí y me pasé varios días entrenando y viendo la película. La víspera de la segunda tarde estuve hasta las tres de la mañana viéndola y cada vez me aseguraba más de que había estado bien. Me decía: yo he estado muy bien y si no han reaccionado es porque no han querido.

-¿Cuál fue el efecto?

-Positivo. Después de reafirmarme en aquella idea, el día siguiente, que me lo jugaba todo en dos toros, salí con mucha menos presión. Me reafirmé en mis creencias, comprobé que había hecho todo lo que debía hacer, me convencí y salí a hacer lo que creía que debía hacer.

“…Me pasé varios días entrenando y viendo la película, la víspera de la segunda tarde estuve hasta las tres de la mañana viéndola y cada vez me aseguraba más de que había estado bien. El siguiente salí con menos presión a pesar de jugármelo todo”

Ese segundo día, la corrida de El Torreón se remendó con un toro de Aldeanueva que, a la postre, le tocó a Fernando y se convirtió en el toro del triunfo que le permitió cortarle las dos orejas, salir por la Puerta de Madrid y convertirse en el triunfador oficial de San Isidro. El toro se llamaba Voluntario, recordamos.

-Fue un toro manso y con peligro pero transmitió mucha emoción. Eché la moneda, si sale cara, bien, y si sale cruz, ya veremos, me dije, y salió cara.

-No fue un triunfo fácil aunque muchas veces se jugase con la sospecha.

-Yo desde el primer momento en que decidí ser torero supe de dónde venía y quién era, y no voy a decir que mi apellido me perjudicó porque siempre lo acepté y lo llevé a mucha honra. ¿Si me condicionaba esa circunstancia?... Cuando uno como era mi caso es temperamental y orgulloso, cuando estaba preparado no había quien me soplase. Por tanto, no me perjudicó.

-¿Cuándo decidiste quitarte?

-Cuando perdí la ilusión. Cuando dejé de ver con agrado el vestido. Uno está en esto hasta que quiere estar diría. Yo disfruté mucho de mi carrera pero llegó un momento que ya no era exactamente así. Entonces salíamos a quedar por encima del otro y si no, mejor dejarlo. Cuando levantas el pie del acelerador es normal que pasen tus momentos.

-¿El balance fue feliz?

-Sí. Ahí está, yo he conseguido cosas en catorce años que muchos toreros en un periodo más extenso de tiempo no lograron.

-¿De qué te sientes más orgulloso?

-De haber conseguido ser lo que quise ser. De haber realizado mi vocación.

-¿Y ganaste pasta?

-Mucha. También gasté mucha.

-¡Hombre!

-Mejor dicho, no gasté, invertí. Y unas veces te van bien las inversiones y otras no, pero yo no me puedo quejar, en aquel momento gané mucho dinero. No fue malgastar.

Me habla de su hija, Isabel. Aficionada, apasionada y muy racional, comenta con devoción de padre, y asegura que es la que le tiene cogida la oreja a todos los Lozano. “El ojito derecho de todos”.

Y AHORA APODERADO

Hace un año ya le llamó Álvaro para que le apoderase, me cuenta.

-Cuando dejó a mis hermanos me llamó pero le dije que ni podía hacerlo a distancia ni podía dejar mis negocios en Méjico ni iba a hacerle las cosas mejor de lo que se lo habían hecho mis hermanos. Además, lo que le convenía por encima de todo era torear.

Fernando insiste en la teoría de torear.

-Los toreros son ellos y las circunstancias, y hasta ese momento con Álvaro no había pasado nada, había ido a Madrid, Sevilla, Valencia… así que lo importante en ese momento era torear, que torease mucho, cuanto más, mejor, y si salía de la casa sería más fácil de lograr. Así que lo dejamos para mejor ocasión.

-La ocasión surgió un año más tarde. Al acabar la temporada del autoexilio si se puede decir así…

-Un año después de aquella conversación me volvió a llamar. Habían cambiado las circunstancias, las mías, ya me había hecho a la idea de volver a España, y las suyas, y aquí estamos. Cuando me lo dijo primero me lo planteé y automáticamente me ilusioné. ¿Un café?...

“Álvaro lo tiene todo, solo le faltan matices. Torea muy bien con el capote, torea muy bien con la muleta, ha cogido regularidad con la espada aunque deberá coger más contundencia. ¿Sabes lo que falta?... Venderse más. Pero no en plan dicharachero, tiene que conseguir que se valore lo mucho bueno que hace”

-Por favor, cortado…

-Yo siempre creí en él, siempre me gustó, se había hecho en casa y en la segunda oportunidad ya no lo dejé pasar. Además, el hecho de que él insistiese aún me animó más. Aposté y aquí estamos, ilusionado.

-Tu escuela será la de los Lozano, claro. Otra cosa sería una traición de imposible comprensión.

-La misma escuela. La que hemos vivido y con la que nos hemos formado. Y la que aplicaron conmigo porque a mí me apoderó mi familia. Luego, cuando derivaron más hacia el empresariado, intentaron no mezclar, pero entonces me apoderaron ellos. En cualquier caso, lo que es la educación taurina es la misma. Y te digo algo fundamental.

-Dime.

-Nosotros no somos comisionistas, somos apoderados.

-¿Cuál es la diferencia? Aunque cabe imaginarla...

-Los comisionistas dicen sí, los apoderados buscan el beneficio del torero y son capaces de decir no. El año pasado hubiésemos podido torear más, diez o doce corridas más, y eso hubiese supuesto facturar más pero no era lo conveniente para el torero y dije no.

-¿Un buen Lozano es de cuidarlos mucho?

-Pero que no se malentienda. Se puede matar la de Victorino, la de Adolfo, la de Miura… nuestros toreros las han matado pero cuando ha sido el momento, cuando han estado preparados para ello.

“No estoy diciendo que finja, no puede, no sabe. Un ejemplo, este año en Bilbao tuvo dos toros muy complicados y estuvo fenomenal, los mató sin sudar pero solo nos dimos cuenta los profesionales. No le llegó el agua a la cintura cuando otros se hubiesen ahogado”

-¿El apoderamiento tuyo con Álvaro es responsabilidad familiar o es tuya exclusivamente?

-Es mía, es una cuestión independiente. Pero aquí nos apoyamos todos. Lo mismo que cuando he tenido oportunidad de apoyar a los toreros que han llevado mis hermanos, que normalmente no ha hecho falta porque siempre llevaron figuras, los he apoyado, ellos hicieron lo mismo conmigo. No podemos obviar que somos familia. No mezclamos pero nos apoyamos todos, todos tiramos del carro.

-No te atrae lo del empresariado.

-Lo he sido, solo y en ocasiones con mis hermanos, pero yo soy más anárquico en ese sentido. Tarde o temprano, si te dedicas a ambas cosas a la vez, van a surgir conflictos de interés y por eso prefiero ser apoderado o ser empresario, no mezclar. Yo he sido empresario con ellos de Algeciras, Toledo, Aranjuez… ahora no soy empresario de Albacete ni de Toledo. También fui empresario por mi cuenta de muchos pueblos de Castilla-La Mancha y se me dio bien.

-Estás más cerca de la figura del apoderado.

-Sí, sí. Siempre que me hice empresario fue con intención de ayudar a mis toreros o a la ganadería.

“Nosotros no somos comisionistas, somos apoderados. La diferencia es que los comisionistas dicen sí, los apoderados buscan el beneficio del torero y son capaces de decir no”

-¿Cuál es tu modelo de apoderado, cuál debe ser el papel: el de influir en la administración, en la técnica… hasta dónde llega?

-Un poco todo. Lo primero es que no soy comisionista y eso cambia muchas cosas, ser comisionista es sumar y no es ese el papel que me gusta. Álvaro ha toreado veinte corridas e incluso pudo torear diez o doce más, pero no es cuestión de sumar, prefiero decir que no, como hice muchas veces, porque aquella corrida no le beneficiaba o no le aportaba más allá de los honorarios. Siempre busqué meterle, dentro de nuestras posibilidades, en la corrida que más le podía aportar, una exigencia dentro de sus posibilidades porque ahora mismo no nos sobra la fuerza.

-Y eso naturalmente condiciona los planteamientos.

-Álvaro es un torero con unas cualidades muy buenas que todo el mundo conoce y es lo que tengo que defender. No puedo hacer ofertas a empresas ni intercambios, solo puedo ofrecer un torero muy bueno. El dinero, pues… en unos sitios ha ido mejor y en otros no tanto pero nunca le faltó. Sus cuentas están perfectas. Respondiendo a tu pregunta, mi papel es defenderle en todos los aspectos, en lo económico, en lo artístico y en cuanto a lo técnico hay muchas cosas que sí hablamos.

-¿La última palabra la tienes tú?

-La última palabra la tenemos los dos. Este año dije varias veces que no a una corrida de La Quinta y cuando me ofrecieron la de Gijón le pregunté a Carlos Zúñiga, que sabe de toros, que cómo era, me dijo que era una corrida como debía ser lo de Buendía, como había sido en otras épocas, hablé con el torero y le dijimos a Carlos que la apuntara. Y esa tarde nos dio todo.

-¿No crees que en general ahora los apoderados deciden poco?

-Depende de la confianza que tenga contigo el torero, en cualquier caso, en los temas importantes yo soy partidario de decidir entre los dos.

“Desde el primer momento en que decidí ser torero supe de dónde venía y quién era, y no voy a decir que mi apellido me perjudicó porque siempre lo acepté y lo llevé a mucha honra. ¿Si me condicionaba?... Cuando uno, como era mi caso, es temperamental y orgulloso, cuando estaba preparado no había quien me soplase”

-¿Qué le falta para triunfar definitivamente?

-Solo matices porque lo tiene todo. Torea muy bien con el capote, torea muy bien con la muleta, ha cogido regularidad con la espada aunque deberá coger más contundencia. ¿Sabes lo que le falta?... Venderse más. Pero no en plan dicharachero, tiene que conseguir que se valore lo mucho bueno que hace, que se le dé la importancia justa. Muchas veces anda tan bien con toros difíciles y tan fácil que la gente no se da cuenta de lo complicado que son los toros y del mérito que tiene él. Hay que saber en ciertos momentos dar eso a conocer, transmitirlo. No estoy diciendo que finja, no puede, no sabe. Un ejemplo, este año en Bilbao tuvo dos toros muy complicados, muy difíciles y estuvo fenomenal, los mató sin sudar pero solo nos dimos cuenta los profesionales. No le llegó el agua a la cintura cuando otros se hubiesen ahogado.

Habla pausado, maneja las ideas con la facilidad del buen lidiador, sin muchos adornos me digo, que por algo es fruto de la muleta de Castilla y chano, chano se ha hecho dueño de la tertulia que convertimos en entrevista. Atrás quedan los años de torero, cuando bregó con los toros y con el peso del apellido. Ahora tiene el aplomo de un hombre feliz con su situación.

-Yo siempre he sido feliz, aunque no he sido nunca conformista, acepto mis circunstancias y digamos que estoy contento aunque no satisfecho.

-¿De entre todos los hermanos, qué papel te toca a ti?

-Yo soy el osado. Pablo es un hombre muy formal en todo, muy educado, nunca se sale del guion; Luis Manuel es un poquito digamos el cerebral, el listo por decirlo de alguna forma, el que tiene muy claro lo que quiere. Y yo soy el que apuesta, el que siempre dice vamos adelante con esto o con aquello. Si no hubiese sido así no hubiese sido torero, que bien complicado me lo pusieron, ni me hubiese ido a vivir a América. En ellos eso sería impensable pero si no pruebas…

-¿Sois la segunda versión de los Lozano?

-Sí, dentro de que no somos una sociedad como ellos pero vamos codo con codo.

-¿Mejorada?

-Mejorarla es imposible. ¿Quién mejora la anterior generación de los Lozano?... Ellos lo hicieron mejor imposible y lo han sido todo en el toreo. A nosotros solo nos cabe estar a la altura.

-Pensé que…

-Tenemos la misma base, procuramos seguir el mismo guion, hemos tenido la suerte de tener a los mejores para aprender, tenemos sus enseñanzas, y, hombre, cada cual tiene su personalidad y sus ideas, pero mejorarlos…

-Entendido.