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ENCUENTROS CON J. L. BENLLOCH.- ÁLVARO LORENZO

Preparado para lo que venga
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Preparado para lo que venga

viernes 22 de noviembre de 2019, 17:16h

-No ha sido fácil…

Álvaro se refiere a la temporada y matiza rápido.

-Pero estoy contento porque he podido remontar y acabar en un nivel muy bueno.

-Lo bueno vino después de Madrid. O eso entiendo. En Toledo, Teruel, Mont de Marsan… ya fue mucho mejor todo.

-A eso me refiero.

Fue evidente y lo celebramos todos. Hacen falta los jóvenes. Tantas ilusiones, tantas profecías de afición y prensa lanzadas a los cuatro vientos, es necesario que se hagan realidad. Los triunfos de los chicos son chutes de futuro, así que cualquiera, todos los que se sientan aficionados, debe celebrarlo.

-Al final de temporada me encontré muy bien.

-¿Y sentiste ese contento general?

-Sí.

“No vale de nada torear de salón por torear. Tengo que entrenar tres horas al día… pues sí o no, hay días que a lo mejor no te apetece entrenar y con que tengas los chismes en la mano o te pongas a ver vídeos de toros o a hacer deporte, vale. Lo importante es estar metido en tu profesión. No hay que convertir tu preparación en un trabajo”

-¿En ti qué influye para sentirte mejor o peor?

-Los resultados, el sentirme bien yo mismo, la sensaciones, el ver que, que…

-¿Qué?

-Ver que he podido encadenar varios triunfos seguidos me hace sentir muy bien. Me da la seguridad necesaria… Influyen muchas cosas, lo personal también cuenta mucho, es fundamental estar feliz.

-¿Que se pueda pensar que no creces al ritmo que se esperaba te come el tarro?

-No. Cuando uno está comenzando como es mi caso quiere conseguirlo todo rápido pero soy una persona bastante tranquila, sé que antes o después, si estoy preparado, me llegará el momento y sé que lo aprovecharé. Y en eso ando empeñado, en estar preparado. Por eso estoy tranquilo. Prisa no debo tener pero pausa y relajo tampoco.

La charla tiene lugar en el porche de la casa de El Cortijillo. Nos hemos apartado un momento de la sobremesa donde el grupo le da vueltas al toreo y no para que doble, sino para todo lo contrario, para ponerlo en pie, para reanimarlo, que falta hace. Las tertulias del toreo últimamente caminan entre planes de futuro y los recuerdos del pasado, entre los planteamientos más innovadores y la reivindicación de los viejos modos. Y sobre todo se siente la urgencia. Más atención oficial, más libertad, menos costos, un torero o, mejor aún, dos, eso sobre todo, toreros que despierten el interés. Todos buscan al Mesías. Escuchas y llegas a la conclusión de que todo es poco.

Álvaro es consciente de que no se puede descuidar porque el toreo está ahora mismo a un nivel muy alto, que como decíamos en el capítulo anterior ya no basta con torear bien, ni siquiera muy bien, ahora hay que ir más allá.

-Tanto por parte de las figuras del toreo como por parte de los toreros jóvenes, como puede ser mi caso. Aquí no te permiten pausas ni mucho menos los traspiés.

-¿Tú crees que te ha frenado el sistema tal y como se repite ahora tanto ante cualquier inconveniente?

-No. Me han frenado las circunstancias.

-¿Cuáles… qué son las circunstancias?

-Todo lo que sucede a tu alrededor. Unas veces son responsabilidad tuya, otras son circunstancias externas. Si hubiese cortado cuatro orejas cada tarde no me hubiese frenado nadie, pero no han sido esas las circunstancias. Unas veces he pinchado un toro, otras veces no se ha podido entrar en determinada feria a pesar de haber triunfado el año anterior no se sabe bien por qué, otras veces han reducido y no cabes… Son cosas que aparecen en el camino e impiden que estés en el momento justo en el lugar adecuado, pero llegará el momento.

“Cuando uno está comenzando quiere conseguirlo todo rápido pero soy una persona bastante tranquila, sé que antes o después, si estoy preparado, me llegará el momento y sé que lo aprovecharé”

-¿Tenías que haber ido más aprisa?

-Tampoco. Todo esto lleva un tiempo y un proceso por el que hay que pasar. Yo he tenido tardes muy buenas pero para llegar a ser figura y estar acartelado en los grandes carteles hay que conseguir grandes triunfos que yo todavía no he conseguido. He conseguido algunos, bastantes se puede decir, pero no he conseguido todo lo que hay que conseguir para decir que me han cerrado las puertas.

-No hay quejas. Me gusta.

-No hay quejas.

Este año ha toreado veinte corridas de toros y me recalca que de esas, diecisiete o dieciocho han sido en ferias importantes de España y Francia. El detalle acredita su posición. No hay artificio.

EL REGRESO

Ha sido la temporada del regreso a sus orígenes. Formado en la casa Lozano desde sus inicios, la temporada 2018 dejó su tutelaje y se puso en manos de Nemesio Matías, para un año más tarde volver bajo la égida de los taurinos de Alameda y más directamente de Fernando.

-Es verdad. Ha sido la temporada del regreso a mis orígenes. En esta casa fue donde me formaron y aprendí a caminar en esta profesión. Estoy feliz de haber vuelto.

-¿Haber vuelto arrepentido?

-No. No había de qué arrepentirse.

-Hay que preguntarte por qué te fuiste y por qué has vuelto.

-Son etapas, momentos. Mi situación era distinta a la actual. La temporada con Nemesio fue positiva, toreé mucho y profesionalmente hablando me sirvió mucho, pero donde estoy a gusto, donde encuentro el trato que los toreros necesitamos, es aquí. Ese ha sido el motivo de volver.

-¿Eres muy sensible a las relaciones, te influye mucho tu estado de ánimo?

-Sí, pero yo creo que todos los toreros lo somos. Necesitamos estar a gusto con las personas que tenemos al lado. Todo eso se refleja en la plaza.

“Para llegar a ser figura y estar en los grandes carteles hay que conseguir grandes triunfos. He conseguido algunos, bastantes se puede decir, pero no he conseguido todo lo que hay que conseguir para decir que me han cerrado las puertas”

-Porque es evidente, ¿no crees?, que se torea como se es y sobre todo como se está.

-Es verdad. Uno puede ser de una manera determinada pero como esté en un momento triste o con problemas o afectado, se nota, te cambia y se te ve así en la plaza.

-¿Qué es lo que más te afecta?

-Te puedo decir que con muy pocas cosas estoy feliz. No necesito mucho para ser feliz. Me hace feliz estar con la gente que aprecio, me hace feliz cuando profesionalmente hablando las cosas van bien, eso me quita presión… me hace feliz lo que hemos vivido hoy, disfrutar de un día de campo, un buen tentadero…

-¿Eres disciplinado?

-Sí, lo soy, creo que mucho, pero no me gusta mecanizar mis entrenamientos. No soy de los que creen que hay que entrenar por obligación o porque sí. Como ya hemos dicho, se torea como se está y en el momento de torear hay que estar con el deseo de coger la muleta, que cuando la cojas te transmita algo. No vale de nada torear de salón por torear. Tengo que entrenar tres horas al día, te pueden decir… y no necesariamente debe ser así ni es lo conveniente. Hay días que a lo mejor no te apetece entrenar y con que tengas los chismes en la mano o te pongas a ver vídeos de toros o a hacer deporte, vale. Lo importante es estar metido en tu profesión. No hay que convertir tu preparación en un trabajo.

-¿Eso significa salir, divertirse, un poco de marcha, una cerveza… o si acaso un vinito?

-La cerveza no me gusta.

-¡Ah! entonces…

-Lo que sí me gusta es echar unas risas con los amigos, desconectar para entrenar el día siguiente con más ilusión y con más ganas.

“Siempre he tratado de aplicar a cada toro lo que te va pidiendo en cada momento. No soy de salirme de mi línea, si lo hiciese no sería yo. Intento ser cada día un torero más amplio pero siempre dentro de mis formas”

-No me has contestado a lo del vinito, los toreros tradicionalmente… Vamos, que un vinito es sano.

-A mí no me disgusta pero no soy muy aficionado. Lo que sí soy es goloso y me han dicho que los golosos no podemos ser borrachos. Una cosa u otra.

-Quién dijo borracho… Hasta ahí podíamos llegar.

-Ya. Era broma. Verás. Me lo dijeron porque había pedido un café bombón. Como había acabado la temporada me lo podía permitir y me dijeron eso. Me chocó.

-¿Tu ambiente es con gente de tu edad?

-No necesariamente. Tengo varios ambientes. Tengo los amigos de toda la vida y tengo un ambiente de personas mayores en el que me siento cómodo y en el que además aprendo mucho. Los toreros tenemos la suerte que desde pequeños estamos con personas más mayores que nosotros y al final si uno quiere aprender, aprende muchas cosas. Me gusta estar con gente mayor por eso, por lo que te enseñan.

-¿Tienes la sensación de haber tenido que renunciar a muchas cosas?

-Es cierto que hay momentos en que uno tiene que renunciar a algunas cosas. Pero si renuncias a esas cosas por algo que te gusta o te hace feliz, no cuesta trabajo y no es renuncia. Además, en la vida, te dediques a lo que te dediques, tienes que renunciar a cosas, pero como me decía mi padre en mis tiempos de estudiante, hay tiempo para todo. En esta profesión también ocurre eso. Tienes tiempo para entrenar, para hacer campo, para torear, para pasar miedo, pero también para estar con la familia, con los amigos y para hacer lo que más te guste. No tengo sensación de haber tenido que renunciar a muchas cosas.

“Soy detallista y dentro de mis posibilidades me gusta cuidar esas cosas. Me fijo mucho en cómo va vestido cada torero. El vestir dice mucho. Luego pasa que te gusta lo bueno y normalmente lo bueno es caro”

-¿Eres un clásico?

-Se podría decir que sí.

-¿En la plaza como en la calle?

- Sí, sí. Bastante clásico en un lado y otro. Con los matices de mi personalidad pero sí, clásico.

-¿En el vestir también?

-Sí, teniendo en cuenta que soy una persona joven y que no visto igual que un señor de cincuenta años, sí, soy clásico. Y en mi comportamiento también lo soy, quizá más de lo que debía ser para mi edad. Algún compañero se ríe de mí por eso.

-¿Quién?

-Román a veces me dice papá Lorenzo de coña.

-Bueno, si lo dice Román… habrá que pensar que tiene sus razones. Por cierto, ¿no serás pijo?

-Pijo, no, caprichoso, sí. Me gusta tener mis cosas muy bien, mis trastos bien cuidados, mi ropa bien limpia y todo organizado. Dentro de mis posibilidades suelo ser lo más detallista posible.

-Si me hubiese presentado a la entrevista con un suéter amarillo, ¿qué me hubieses dicho?

-No te hubiese dicho nada pero… Me hubiese quedado mirándote y me hubiese dicho para mí: ¡Joder, José Luis! No quiero darle más importancia de lo que tienen esas cosas pero a la gente que tengo más confianza sí les puedo decir si no les da vergüenza presentarse con ese colorcillo.

-De lo que sí me he enterado es de que tus vestidos son especialmente singulares y caros.

-Lo primero es buscado, lo segundo te prometo que no.

-De seda nada menos.

-Soy detallista y dentro de mis posibilidades me gusta cuidar esas cosas. Me fijo mucho en cómo va vestido cada torero. El vestir dice mucho. Luego pasa que te gusta lo bueno y normalmente lo bueno es caro.

EL CAPOTE INNATO

-¿Qué clase de torero te gustaría ser, dónde está tu ideal?

-A uno le gustaría llegar a lo más alto. Estar en figura del toreo y estar en ese estatus muchos años, claro. Para eso lo que intento es mejorar cada día, ser mejor torero cada día sin pensar muy a largo plazo, ese es mi planteamiento.

“¿El capote?… A veces llamamos facilidad al resultado de muchas horas de entrenamiento, de tener el capote en la mano, de observar a los toreros que te gustan cómo lo cogen, cómo lo mecen, cómo enganchan a los toros… buscando ahí vas creciendo poco a poco”

-No eres torero de estridencias, de salirte de tu línea, de improvisar…

-No, no. Trato de aplicar a cada toro la medida que necesita. Algunas veces me he podido equivocar pero siempre he tratado de hacerle a cada toro lo que te va pidiendo en cada momento. Tampoco soy de salirme de mi línea, si lo hiciese no sería yo. Intento ser cada día un torero más amplio pero siempre dentro de mis formas.

-Todo el mundo coincide en que toreas muy bien de capa y es verdad. Desde tus tiempos de novillero se te vio esa cualidad. Cómo descubres ese secreto, porque no es frecuente que los chicos desde el principio lo hagan.

-Siempre tuve esa facilidad y es algo que siempre me gustó mucho. Lo sentía y lo buscaba toreando de salón. Luego te encuentras con animales que te descubren el sitio y te dan la confianza para seguir creciendo. Cuando un toro te permite cuajarlo bien te anima a ahondar en esas formas. A mí me ha pasado.

-No es fácil torear así.

-Nada es fácil en el toreo.

-Eso es verdad.

-A veces llamamos facilidad al resultado de muchas horas de entrenamiento, de tener el capote en la mano, de observar a los toreros que te gustan cómo cogen el capote, cómo lo mecen, cómo enganchan a los toros… buscando ahí vas creciendo poco a poco.

-¿Dónde o con quién te inspirabas?

-Yo comencé con el maestro Gregorio Lalanda, me enseñó muchísimo. Luego pasé dos o tres inviernos en mis tiempos de novillero sin caballos en casa del maestro Daniel Luque y aprendí mucho también. Él es uno de los toreros que mejor manejan el capote.

-¿Por dónde debe venir la mejora de Álvaro Lorenzo?

-Espero que por todos lados. Lo que busco es mejorar en todo, no centrarme en mejorar algo. Hay que crecer en todo. Este año he mantenido una regularidad más alta de lo que venía logrando, seguramente porque uno va cogiendo más oficio y más experiencia, y la regularidad aumenta. Yo lo que busco es torear más despacio, más reunido, con más empaque… estoy trabajando en todo eso.

“El torero tiene que arriesgar pero mi concepto, lo que me han inculcado, es que no a cuenta de perder la cabeza. Hay que apostar siempre a favor de y con el fin de conseguir algo, no de una manera descabellada”

-Te lo pregunto al revés: qué es lo que te gustaría eliminar de tu toreo, qué quieres quitarle.

-Quitarle no sé si es la idea, pero en ocasiones me califican de ser un torero frío y a lo mejor es cierto, y eso no me gusta. Eso lo tengo que resolver y sé que se logra calentándome, con un poco más de tensión. Tengo que decir que cuando un toro me ha permitido estar a gusto y yo sentir que lo estoy cuajando bien, no he sido un torero frío, pero cuando el toro no me ayuda tanto, acepto que puedo resultar un tanto frío, por aquello de buscar lo que va necesitando el toro.

-¿Lees la prensa?

-Unos días sí y otros no. Hay días que prefiero quedarme con mis sensaciones y otros días que no he estado a gusto me digo: para qué me voy a hacer más daño leyendo algo que no me va a agradar, pero sí, hay días que sí leo las crónicas.

-Los días que yo imagino.

-Esos, sí.

-Gijón, Santander, Bilbao, con la de Victorino nada menos, Zaragoza… Eres más del norte que del sur.

-He tenido triunfos en el norte y en el sur, pero en el sur la verdad es que he toreado poco. Tres novilladas y cuatro corridas, dos en Sevilla, otra en Granada y la de Cuadri de Palos de la Frontera, eso ha sido todo.

-¿Con cuál te quedas de este año?

-Con la de Gijón, fue la tarde de mayor repercusión de la temporada. Y Zaragoza, donde corté una oreja que pudieron ser dos.

-¿Te jode mucho cuando los presidentes se ponen tercos con la concesión de orejas?

-Me jode como a todos pero soy consciente de que si Dios quiere me van a quitar muchas orejas.

-Asumido pues.

-¡Hombre, me duele pero nos pasa a todos! Y si me quitan muchas será señal de que habré estado muchos años y alguna de más me habrán dado también.

EL MOMENTO DE ATACAR

-Hasta ahora las temporadas entiendo que han sido un poco con el freno de mano. Eras un torero joven al que había que cuidar y en esa política no entraba la precipitación, pero ya supongo que ha llegado el momento de atacar sin reservas. Lo del momento de atacar es frase de K-Hito.

-Por mi parte no hay miedo a nada. Precipitarme no pero tampoco creo que deba ir frenado como dices. Ya he demostrado que no me vengo abajo en las tardes de mayor exigencia. El año pasado maté la de Victorino en Bilbao y luego la de Adolfo en la Feria de Otoño. Lógicamente cuando uno va a esas ferias importantes trata de ir con una corrida que pueda tener las mayores garantías, quieres anunciarte con el toro que le vaya mejor al toreo que tú haces, pero no se trata de cuidarse ni de precipitarse.

-Sin freno, pues.

-No sé si es eso exactamente pero yo estoy preparado para lo que venga.

-¿Eres ambicioso?

-Sí. Mucho. Pero a la vez te digo que no me vuelvo loco para conseguir todo lo que quiero conseguir. Quiero que llegue lo antes posible pero tampoco voy a precipitarme en dar un paso con el que me pueda equivocar.

“¿Si me joden los éxitos ajenos?... Por supuesto, porque si no, no sería competitivo. Uno lo que busca es que los triunfos sean los de uno pero tampoco deseo el mal a nadie. A veces no me alegro pero casi, me digo: se lo merece”

-¿Eres muy seguro de ti?

-En algunos momentos, sí. Cuando me encuentro bien, cuando estoy preparado, sí soy muy seguro.

-¿Con capacidad para cuando llegue el momento dar el paso adelante o echar la moneda al aire?

-Sí. Lo he hecho varias veces pero…

-¿Pero…?

-Quiero decir que el torero tiene que arriesgar, tiene que exponer, pero mi concepto, mi idea, lo que me han inculcado, es que no a cuenta de perder la cabeza. Hay que apostar pero siempre a favor de y con el fin de conseguir algo, no de una manera descabellada.

-En la plaza se te ve un tío cerebral.

-Yo creo que sí lo soy, no pierdo la cabeza con facilidad como te digo.

COMPETITIVO

-¿Y celoso, te joden los éxitos ajenos?

-Por supuesto, porque si no, no sería competitivo, pero tampoco me da rabia, no voy a dejar que me generen impotencia. Uno lo que busca es que los triunfos sean los de uno pero tampoco deseo el mal a nadie, ni me cabreo de manera excesiva cuando triunfa un compañero. A veces no me alegro pero casi, me digo: se lo merece.

-Tú serás un especialista en lo de Núñez.

-Yo no soy un especialista en nada pero es un encaste que me gusta mucho y he tenido la suerte de torear muchas vacas y muchos toros de ese encaste, y conozco las reacciones y lo que te pueden dar.

-Si te pregunto por un toro para el recuerdo en tu carrera me dirás, supongo, algún núñez.

-Pues sí. El mejor que he toreado en mi vida fue un núñez. Fue el año pasado en Ejea de los Caballeros. Además lo maté bien, creí que me iban a dar el rabo y curiosamente me dieron una oreja, pero no importa. El toro fue cumbre y mis sensaciones también.

-¿Cómo se llamaba?

-No me acuerdo. Soy muy malo para esas cosas. Mi hermano lo sabe todo pero yo no.

-¿A qué Lozano le haces más caso?

-A don Pablo, por supuesto. Por lo que significa para todos y especialmente para mí, pero atiendo a todos.

-¿Manda el apoderado o el torero, te dejas convencer?

-Mandamos los dos, pero como dice don Pablo, tú eres el amo de la burra y te bajas de la burra cuando quieras. Al final, la última palabra la tiene el torero, él es quien debe mandar y quien debe equivocarse, pero como el apoderado suele saber más por la experiencia y por los conocimientos, suelo dejarme aconsejar. Yo prefiero el entendimiento. No soy problemático en esas cuestiones pero cuando hay algo que no me gusta, lo comento. Con Fernando no hay problema.

-¿Llevas dinero en el bolsillo?

-Sí. Un hombre sin dinero es un bulto sospechoso. Me gusta llevar dinero.

-Los toreros clásicos no llevaban dinero, llevaban un amigo al lado.

-Bueno es saberlo.

-¿Cuántas horas dedicas a las redes?

-Menos de las que me gustaría. Me gustaría tener más actividad.

-Te comerán el tarro.

-Eso pasa con Twitter, yo soy más de Instagram. Me permite ver la actividad de los compañeros y sus vídeos. A mí me gusta.

-Un hombre sin curiosidad no va a ninguna parte.

Fotos: ARJONA