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Pablo Aguado: salto al estrellato
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Pablo Aguado: salto al estrellato

“El sentido de la tauromaquia como espectáculo es dejar huella. Pero el sentido del torero, en cambio, es sentir algo propio. Sin una satisfacción íntima no compensa jugarse la vida”, afirma el torero sevillano

La temporada de 2019 será sin duda inolvidable para Pablo Aguado. En un día se encaramó a lo más alto con una deslumbrante actuación en Sevilla y ocho días después ratificó aquel impacto en la primera plaza del mundo, Las Ventas. Su nombre, desde entonces en boca de todo el toreo, ha supuesto un soplo de aire fresco dentro de un escalafón necesitado de novedades. Por paradójico que suene, su modo de interpretar el toreo sabe a nuevo a pesar de haber bebido en las fuentes más clásicas. Es el milagro de la personalidad. Y no debemos desperdiciarlo.

Tras descansar unos días en su Sevilla natal despúes de regresar de América, donde hizo su debut en tierras mexicanas, Pablo Aguado ha vuelto a cruzar el charco. El sevillano confirmó sin mucha fortuna su confirmación en el bicentenario coso de Acho, en Lima (Perú), y este domingo volverá a hacer lo propio en el monumental embudo de Ciudad de México. En su interior late el deseo de reeditar obras como la que llevó a cabo en Juriquilla la tarde de su puesta de largo en suelo azteca. Quienes tuvieron la dicha de contemplarla en directo aseguran que no van a olvidar jamás aquella forma tan bella de torear.

-¿Se puede torear más despacio, Pablo?

- (El torero ríe antes de contestar, sabedor de que lograr algo así es casi un imposible) Hombre… el toro tuvo mucha culpa de que pudiera torearlo tan templado. Fue muy bueno, esa es la verdad.

-Algo pondría también el torero… -replicamos ante la humildad del sevillano-. De hecho, muchas veces salen toros embistiendo así y no siempre se torean como toreó usted.

-Bueno, puede ser. Está claro que uno debe ser capaz de llevar aquello a compás, pero primero te lo tiene que permitir el toro.

-¿El gran objetivo cuando viste de luces es torear así, al ralentí, parando los relojes como suele decirse?

-Lo que más me llena es torear despacio, desde luego. Lo que ocurre es que no siempre se puede conseguir. Cuanto más despacio se torea más tiempo tienes de saborear ese toreo.

-También hace falta más valor, porque “aquello” tarda más en pasar…

-Sí, sin duda. Cuando todo se hace despacio hay un momento al inicio de cada muletazo en que el mismo toro duda si ir o no, y ese momentito es en el que más miedo se pasa.

-Al margen de “dormir” las embestidas tendrá otros objetivos: dinero, fama, prestigio...

-No crea. El principal motivo por el que un torero es capaz de ponerse delante de un animal que le puede quitar la vida es sentir algo especial. Todo lo demás viene después, casi por añadidura, pero si no tienes esa motivación no compensa jugarse la vida.

“El sentido de la tauromaquia como espectáculo es dejar huella. Pero el sentido del torero, en cambio, es sentir algo propio. Sin una satisfacción íntima no compensa jugarse la vida”

-Habla de sentir algo especial. Imagino que también buscará dejar huella en la mente y en el corazón de quienes van a verle.

-Sí, pero eso no lo considero un objetivo propio. Mi meta siempre es sentir algo delante del toro; y si después eso sirve o provoca que aquello quede en la mente del aficionado, mejor aún. En realidad es lo ideal, porque ese es el sentido de la tauromaquia como espectáculo, el dejar huella. Pero el sentido del torero, en cambio, es sentir algo íntimo, lograr una satisfacción propia.

-Si en La México torea igual de despacio que en Juriquilla, la Monumental va a venirse abajo. ¿Siente la expectación que hay creada en torno a su figura?

-Sí la siento porque te lo muestra la gente, te llegan los comentarios y opiniones y mi ilusión desde que me anuncié en la México es precisamente esa: encontrarme con el clásico toro mexicano que embista despacio. Es lo que allí gusta y, también, lo que me gusta a mí.

-Al día siguiente del pelotazo de Juriquilla, en cambio, le sonaron los tres avisos en Aguascalientes. Sería un jarro de agua fría. ¿Qué pasó?

-Aquello fue un desastre… Tenía que salir corriendo detrás del toro cada vez que le daba un muletazo o entraba a matar porque salía huído de puro manso. No se le pudo picar porque salía rebotado del caballo, no se le pudo torear porque andaba de punta a punta de la plaza y tampoco se le podía cuadrar para entrarle a matar. Corrí más detrás que delante de él, seguro. Tampoco se le dio mayor importancia porque todo el mundo fue consciente de la condición del animal y que, lo sucedido, no fue por mí.

-Le incitaron a meterle la mano como fuera con tal de evitar el tercer aviso pero usted ni se lo planteó…

-No va conmigo buscar los bajos de forma intencionada. Ni siquiera como recurso antes de que suene el tercer aviso. No me gusta, la verdad. Es muy feo que la espada se vaya abajo por accidente, pero buscar algo así adrede todavía lo es más. En esos casos quizá sea peor el remedio que la enfermedad.

UN AÑO SOÑADO

-Volviendo a este lado del charco, en Europa el año ha sido casi soñado.

-Ha sido un año de apuestas fuertes. Sevilla dio un vuelco a la temporada y decidimos afrontar las máximas responsabilidades posibles en todas las ferias. Gracias a Dios el resultado final ha sido muy positivo. Lógicamente habré tenido tardes mejores y peores, pero en general el balance es muy bueno.

-Le ha cambiado la vida.

-En lo profesional desde luego que sí. Al menos me la ha cambiado este año. Después ya, que siga cambiándome depende de mí y de lo que se sea capaz de seguir haciéndole al toro.

-¿Había imaginado alguna vez dar un golpe tan rotundo como el de la Maestranza?

-Cuando uno quiere ser torero, entre sus principales sueños está lograr la Puerta del Príncipe de Sevilla o la puerta grande de Madrid, pero es cierto que no es lo mismo salir a hombros con una y una, o con tres justas en el caso de Sevilla, que hacerlo con cuatro orejas cortadas del tirón. Algo así lo sueñas pero al despertar no lo crees alcanzable porque tienen que darse tantísimas circunstancias y se depende tanto de la suerte que es muy difícil que pueda ocurrir. Sin embargo, conmigo pasó.

-Otro milagro fue silenciar a Las Ventas, tan vocinglera ella. Será otro de los momentos más reconfortantes que habrá vivido como artista.

-Sí, sin duda fue un momento mágico, muy especial. Si lo de Sevilla fue bonito, lo de Madrid fue igual o mejor, porque esa sensación de verte con ese pedazo de toro, en ese ruedo, con tantísima gente observando y pendiente de ti y sentir el silencio… fue un gozo, sobre todo después de la presión que sufrí la semana previa.

-Se refiere a la espera entre Sevilla y Madrid. Se le haría larga…

-Pasé mucho miedo por tener que responder a tantísima expectación. El triunfo de Sevilla fue un viernes y los días de después, hasta el miércoles o así, fueron caóticos de llamadas y mensajes de todo el mundo. Cómo sería aquello que tuve que apagar el móvil porque a los tres días, ese sábado inmediato, toreaba en Madrid y no podía ni mentalizarme como requiere un compromiso de esa envergadura. El miedo a la responsabilidad fue horroroso: pensar que si no ratificaba lo hecho en Sevilla podía tirarse a la basura el éxito conseguido me generó una inquietud enorme. Fui a Las Ventas como a un examen.

-Y sacó buena nota.

-Menos mal… -ríe-.

LO PRIMERO, EL TORO

-¿Cartel, dinero, fecha o ganadería? Ordenemos las exigencias.

-Pues… -duda- Ganadería lo primero. Y el dinero quizá sea lo último. Le diría: ganadería, cartel, fecha y dinero. Ese podría ser el orden.

-Y si hablamos del toro, ¿se decanta por el encaste Domecq como la mayoría de sus compañeros?

-Este año no he matado solo Domecq, también he lidiado algo de Murube, de Osborne, de Núñez, de Torrestrella… No quiero cerrarme a nada. En realidad es que no busco un encaste concreto, busco unas cualidades. Y esas cualidades las puede tener tanto el toro de Núñez como el de Domecq o el de Osborne, como comentamos. Lo que hay que buscar es que el toro, sea del encaste que sea, te brinde el mayor número de opciones posible para poder realizar el toreo como tú lo quieres y como la gente lo espera de ti.

“Torear sin tensión, con naturalidad, es muy difícil porque el propio carácter de supervivencia hace que el cuerpo se agarrote y se ponga tenso. Lo más bonito en esto es justamente todo lo contrario”

-¿Qué es lo que más agradece en un toro? ¿Qué es lo que más le interesa que tenga para poder desarrollar su toreo?

-Para mí una de las cualidades más importantes en cualquier animal bravo es el ritmo. Después podrá humillar más o menos, irse más largo o quedarse más corto, pero teniendo ritmo al menos el muletazo, aunque pueda ser corto si la embestida no termina de salirse de los vuelos, se saborea un poco más.

-¿A un toro sin ritmo puede mejorársele su condición a base de torearle con pausa y cadencia; o eso es, directamente, una quimera?

-Se puede intentar pulir o, al menos, compensar su falta de ritmo. Pero el ritmo no quiere decir que el animal embista despacio, sino que empiece y acabe a la misma velocidad el muletazo. Digamos que se le puede moldear el ritmo, pero el toro tiene que poner un poco de su parte y ser agradecido a lo que tú le propongas.

-¿Lo más difícil del toreo es torear con naturalidad, como si no se tuviese al toro delante?

-¡Puffff! -resopla- Lo más difícil es hacer el paseíllo… -bromea- Pero hablando en serio, torear sin tensión, con naturalidad, es muy difícil porque el propio carácter de supervivencia hace que el cuerpo se agarrote y se ponga tenso, y lo más bonito en esto es justamente todo lo contrario, al menos a mi juicio, lo más bonito es que ante esa situación de jugarte la vida consigas estar relajado y con la mente despierta. Así que sí, posiblemente esa sea una de las cosas más difíciles.

-Estar a la altura de los grandes tampoco será sencillo... Ya sabe cómo se las gastan.

-Es que lo que hemos estado hablando hasta ahora es lo más difícil delante del toro, pero hasta llegar ahí hay que pasar antes muchas otras barreras, la primera, por ejemplo, la de aguantar la responsabilidad y la presión por tener que mantener el nivel como hacen las figuras y no amilanarse cuando miras a los lados en los patios de cuadrilla. Eso, quizá, sea a veces más difícil que lo otro.

VALENCIA, SEVILLA, MADRID… ¡Y HUELVA!

-En Valencia arrancó a gran nivel su temporada, explotó en Sevilla, ratificó todo en Madrid, pero Huelva… lo de Huelva fue un nuevo punto y aparte en su temporada. Allí marcó hasta dónde puede llegar su toreo.

-En efecto fue otra de las tardes más importantes, sobre todo porque venía de una racha en la que no había cortado orejas y ya parecía que se me estaba yendo la temporada, muchos ya la ponían en entredicho y fue como un punto de inflexión. En Huelva recobré de nuevo la confianza sobre lo que yo quería plantear a los toros. Además, me ayudó a afrontar todo el mes de agosto con más ilusión.

-Cuando decían que se le podía estar yendo la temporada, ¿era verdad?, ¿o si dejó de encadenar triunfos después de Madrid fue por otro tipo de circunstancias: mala suerte en los sorteos, fallos con la espada…?

-Pues hubo de todo: unos días no embestían los toros, otros días sí embestían y los pinchaba, otros quizá no estuve como tenía que estar… hubo de todo, como digo, pero de ahí a que pudiera estar yéndoseme la temporada va un trecho grande. Las temporadas son muy largas, hay días mejores y días peores. Es muy difícil estar todos los días al mismo nivel. Hoy se exige eso y es muy difícil de conseguir.

Duelo aplazado

Pablo Aguado y Roca Rey no han vuelto a coincidir vestidos de luces en un patio de cuadrillas desde el zambombazo que dio el sevillano en presencia del peruano en la pasada Feria de Abril de Sevilla. Aun siendo toreros muy distintos bien pudieran resultar complementarios en la plaza, de modo que la pregunta es casi obligada: ¿para cuándo un duelo? “Puede ser que la afición tenga ganas de vernos cara a cara, pero esta temporada, por desgracia, no ha podido ser debido a su percance. Gracias a Dios Andrés ya está recuperado y, aunque obviamente no le sé decir cuándo, si Dios quiere coincidiremos y compartiremos cartel este próximo año. Las circunstancias después mandan, pero ojalá que así sea”, responde Aguado.

-¿Cree que si Roca Rey no hubiese sufrido la lesión que le obligó a cortar la temporada sí hubiesen coincidido más veces este año después de lo ocurrido en Sevilla…?

-Sí lo hubiéramos hecho. De hecho teníamos una corrida juntos en Colmenar Viejo, pero finalmente ni él ni yo pudimos torear por lesión, pero el cartel estaba cerrado con El Juli y nosotros dos. O sea, que al menos ese día hubiésemos vuelto a torear juntos.

-Otra cita clave fue Ronda y su goyesca. Aunque entrase por la vía de la sustitución, ha sido otro sueño cumplido.

-Sí, quizá sea otro de los días con los que más haya soñado. Me acuerdo que de novillero sin picadores toreé allí y al salir de la plaza pensé que iba a ser tremendamente difícil que pudiera volver a hacer el paseíllo, porque si lo hacía tenía que ser ya de matador de toros y lograrlo es realmente complicado porque es una corrida muy exclusiva, que se celebra solo una vez al año, en un marco incomparable, maravilloso… Torear la goyesca era una de mis máximas ilusiones, por el escenario y todo lo que implica. Cumplir ese sueño fue algo muy bonito y que encima después salieran las cosas bien todavía lo hizo todo más especial.

-Y, además, mano a mano con Morante.

-Sentía que la gente tenía ganas de vernos mano a mano. Y además el maestro tuvo aquel día el detalle de regalarme el sobrero. Me cogió por sorpresa, pero fue una forma de remendar una tarde en la que no había habido suerte por los toros. Con el sobrero de Garcigrande el broche fue casi inmejorable.

-¿Qué le dijo Morante?

-Prefiero no desvelarlo. Me lo quedo para mí -ríe-. Son cosas de toreros…, pero fue algo bonito, muy bonito.

-El año también le ha obligado a superar percances y lesiones. No todo ha sido de color rosa. Perdió Bilbao, Málaga, El Puerto…

-Tanto la cornada de Madrid como el percance del hombro en Gijón me hicieron perder casi diez corridas de toros y, además, varias en plazas tan importantes como las que ha citado. Eran corridas especiales en mi calendario, me hacían una ilusión enorme, pero si ha llegado todo así qué le vamos a hacer. Ya iremos si Dios quiere el año que viene.

-Habrá sido para bien.

-Sí, en el toreo y en la vida todo pasa para bien. Al menos a mí me gusta pensar así.

La ilusión como guía

La carrera de Pablo Aguado continuará en 2020 dirigida en los despachos por Fran Vázquez. ¿Cuánto le gustaría torear el año que viene? ¿Hasta dónde está dispuesto a llegar?, preguntamos al torero, quien, sin embargo, asegura no poder despejar a día de hoy ninguna de las dos incógnitas: “Eso dependerá de si me apetece torear más o menos cuando llegue el momento de hacerlo. Yo me dejo guiar mucho por lo que me apetezca y la ilusión que me haga cada corrida. Por eso, decir que sí o que no a una determinada fecha va a depender de la ilusión que me haga cuando llegue el momento de contratarla”.

-O sea, que el planteamiento de tener cincuenta corridas firmadas en marzo no le gusta.

-No, en absoluto. Prefiero ir decidiendo poco a poco en función de cómo vaya encontrándome a lo largo de la temporada. El torero tiene que ir a la plaza cuando le agraden las circunstancias, y eso depende mucho de lo despejada que se tenga la mente en cada momento. Hay que darle naturalidad a ese tipo de aspectos también. El torero no tiene por qué estar obligado a ir donde no quiera ir.

Naturalidad por encima de todo. Ya lo dijo Belmonte, se torea como se es.