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LIMA

Castella, a hombros en la última de la Feria del Señor de los Milagros

Morante de la Puebla y Roca Rey se toparon con unos toros bruscos, deslucidos y de nulas opciones. El peruano quiso regalar el sobrero, pero el palco se lo negó

domingo 01 de diciembre de 2019, 21:37h

Abrevió Morante de la Puebla con el primero de la tarde, un toro de corta embestida y justo de raza con el que resultaba imposible el lucimiento. Le duró un suspiro el toro y eso no gustó al público, que abroncó al sevillano.

Con el cuarto se vivió un momento de apuro al derribar al picador, quien, en el suelo y atrapado por el caballo, se libró de un serio percance. Hubo un gran desconcierto en la lidia ante un toro manso y abanto, que buscó tablas y apretó hacia los adentros. El más serio de todos, exageradamente descarado de pitones. Morante lo intentó por todos los medios y sobre ambas manos. Le aguantó miradas y tarascadas, intentó romperlo hacia adelante, pero el animal, descastado y sin raza alguna, se desinfló y no quiso perseguir los engaños. Se ensañó injustamente el público con el sevillano, abroncado de nuevo.

El segundo de la tarde buscó las tablas desde los primeros compases de la lidia. Castella y su cuadrilla trataron de hacerlo todo a favor del toro para fijar su embestida. El francés cogió la muleta con el toro marcando su mansedumbre. El inicio, pegado a tablas, tuvo enjundia, personalidad y torería. La faena fue un intento continuo por sujetar al toro, que buscó los chiqueros con insistencia. Castella porfió, tapándole la cara y jugando con las alturas hasta conseguir meterlo en el canasto. Los mejores muletazos llegaron en las series finales por naturales, muy templados y cadenciosos. El público de Acho estuvo con el torero y le premió con una oreja a pesar del fallo del puntillero.

Castella salió con determinación frente al quinto de la tarde, al que toreó con variedad con el capote. No terminó de humillar el toro, pero tuvo movilidad y nobleza. Castella, muy metido en la faena y pisando con firmeza, se mostró muy por encima del toro en una labor basada sobre la diestra que tuvo conexión con el público. Enorme la determinación y actitud del francés en una labor a más. Cortó una oreja que le valió la salida a hombros.

El tercero de la tarde metió bien la cara en el capote de Roca Rey, que levantó los primeros olés de la tarde. El de La Viña era pronto y repetidor. No se lo pensó el peruano y en la segunda tanda de muleta hundió las dos rodillas en tierra y lo toreó con hondura hasta que en uno de los pases tropezó quedando a merced del toro. El propio torero se hizo el quite y salió indemne. A partir de ese momento el toro comenzó a ponerse brusco. No se amedrentó Roca Rey, que fue todo entrega y se sobrepuso a varios derrotes y al viento. Al final de la faena el toro le dio un fuerte pitonazo en la cara al peruano que encogió la respiración de los presentes. Roca volvió al toro y sufrió un segundo derrote brusco. Se fue a por la espada, con la que no anduvo acertado. Tras pasaportar al toro pasó a la enfermería. Volvió al ruedo, pero en el sexto no tuvo ninguna opción. El de La Viña embestía descompuesto, con peligro y quedándose corto. Roca Rey lo intentó todo. Antes de coger la espada solicitó a la presidencia el regalo del sobrero, petición a la que el usía no accedió. Fue silenciado.

Lima (Perú). Domingo, 1 de diciembre de 2019. Feria del Señor de los Milagros. Toros de La Viña (1º, 3º, 4º y 6º) y El Olivar (2º y 5º), muy bien presentados, mansos, descastados y peligrosos. Morante de la Puebla, pitos en ambos; Sebastián Castella, oreja en ambos; Roca Rey, silencio en ambos. Entrada: Lleno. Saludó tras parear al tercero Dennis Castillo. Santiago de la Rosa hizo lo propio en el cuarto. Corrida goyesca en homeanaje al pintor limeño Pacho Fierro. Antes del paseíllo se llevó a cabo un desfile en el que actuaron personas caracterizadas como los personajes que pintaba Fierro, después también desfilaron la Banda de la Marina y del Ejército. También se interpretó el himno nacional peruano. El coso de Acho luce decorado para la ocasión a cargo de la pintora mexicana Isabel Garfias. El ruedo está pintado reproduciendo un grabado de Fierro, la contrabarrera está decorada con flores de papel con la bandera de Perú y el callejón se exponen siluetas con papel monocromático de personajes que pintaba el artista peruano.