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LA REVOLERA

El mayor enemigo de la Fiesta
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(Foto: Arjona)

El mayor enemigo de la Fiesta

Se ha dicho muchas veces. La concentración de poder no es buena para el toreo. Ni para la política. Solo sirve para que unos pocos acumulen riqueza y mando absoluto, y la mayoría tenga que inclinar la cerviz. Para los políticos el mejor ciudadano es el que trabaja, vota, calla y paga impuestos. Y para los “trust” empresariales taurinos, el aficionado ideal es el que pasa por taquilla, una corrida tras otra, con la conformidad y la paciencia del santo Job sin decir esta boca es mía. Por eso, que la Justicia haya desestimado la denuncia sobre la adjudicación de la plaza de toros de Nimes es una buena noticia.

Los toreros que se ponen en manos de un “trust”, por mucha personalidad y raza que tengan, acaban acomodándose puesto que no les hace falta echar el bofe para torear el mayor número de corridas posible. Al abrigo de ese tipo de empresas saben las corridas que van a torear antes de comenzar la temporada y lo que cobrarán cuando llega el invierno. Y así el estímulo brilla por su ausencia. ¿Y quién sale ganando con ese sistema de rabiosa comercialidad?: la empresa, porque los apoderados y los toreros que van por libre solo pueden rebañar lo que buenamente pueden de lo que les sobra a los poderosos.

¿Adónde quedan el romanticismo y la imprevisibilidad del toreo, que son sus mayores atractivos? El viento de la ambición de los que para ellos todo es poco se lo llevó... El público que mantiene la Fiesta con su dinero, también sale perdiendo con ese “sistema” mercantilizado y sin alma que es una de las mayores lacras del toreo, aunque no luzca coleta. Estamos muy preocupados por los enemigos de extramuros del espectáculo taurino, y ello nos hace olvidar el mayor peligro que recae en estos momentos sobre la Fiesta. Que no es otro que la concentración de poder, que tiene como único objetivo el enriquecimiento y que solo deja tras de sí desolación y ruina...