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GANADERÍA.- MANUEL BLÁZQUEZ

Cuvillos con acento malagueño
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(Foto: Diego Alcalde)

Cuvillos con acento malagueño

El día que Manuel Blázquez decidió seguir los pasos que su abuelo materno dejó en puntos suspensivos allá por la mitad del pasado siglo, apostó por una sangre que le era conocida por la amistad que tenía con la familia Núñez del Cuvillo. Antes había hecho un pequeño experimento con los murubes de Ordóñez, pero su creatividad iba más en consonancia con otro tipo de toro, el que hoy cría en sus fincas de Évora -Portugal- y Antequera. Un toro con identidad propia y con el que quiere disfrutar y que disfruten aquellos toreros que se apunten a sus corridas. En este reportaje ganadero le invitamos a que conozca cómo es ese toro y cómo sueña este ganadero malacitano.

Fotos: DIEGO ALCALDE

A uno y otro lado del camino, los toros con su paleta cromática de colores: negros, castaños, coloraos ojo de perdiz, jaboneros, motean de color el suelo pardo de esta dehesa antequerana en la que la hierba, que ya asoma tímidamente, romperá a crecer en breve. Estamos en La Saucedilla. La finca en la que Manuel Blázquez cría sus toros bravos. Se podría decir que una rara avis en una provincia, Málaga, que históricamente no ha destacado por ser precisamente ganadera. “Aquí estamos, José Luis Román que tiene una punta de vacas y solo lidia de erales; Rafael Tejada, en Ronda, que al igual que José Luis, solo lidia de erales. Y Martín Lorca, pero que en su caso tiene los toros fuera de la provincia. De los ganaderos malagueños, el único que lidia corridas de toros soy yo”, explica Manuel, a quien la afición le viene de cuna: “Mi abuelo materno, Manuel Guerrero Palacios, tuvo una ganadería en los años cincuenta en Córdoba, de encaste Pedrajas. Ganadería que luego vendió a Guardiola”.

Influenciado por esos antecedentes familiares y por una afición desmedida, en 1998 decidió emprender el siempre difícil camino de hacerse criador de reses bravas. “Compré un lote de vacas a la viuda de Antonio Ordóñez, de encaste murube. Las tuve un tiempo, pero no me terminó de gustar y las vendí. Tengo muy buena relación con Joaquín Núñez del Cuvillo y con sus hijos. Iba a sus tentaderos y me gustaba lo que veía. No tenía preferencias por nada, pero por amistad y por lo que veía les compré un lote de hembras y me ayudaron prestándome sementales por la buena relación que mantengo con ellos. Desde entonces sigo con esta sangre”.

“El toro tiene que ser bravo, que para eso se cría, y yo por bravura entiendo la manera de embestir en la muleta rompiéndose por abajo, que es la manera más difícil de embestir”

De ahí se entiende esa variedad cromática a la que hacíamos referencia al inicio de estas letras. Toros que Manuel repasa a lomos de su caballo Lavalleja. “Prácticamente desde que compré empecé a lidiar. Las novilladas salían fenomenales. Hubo varios años que fui con esas novilladas a Cuéllar y me traje todos los premios. De ahí pasé a las corridas de toros directamente porque eso había que aprovecharlo y disfrutarlo. El siguiente paso fue empezar a probar toros propios que sacaba con las vacas. Al igual que empecé a hacer con las vacas porque de los lotes que compré a don Joaquín había muchas vacas de osborne e ibarra, e incluso con el hierro de Sayalero, que eran viejas y tuve que ir supliendo con las nuevas que iba sacando en los tentaderos. He disfrutado una barbaridad en estos años en los que ha habido éxitos y también fracasos, como le ocurre a todos los ganaderos, pero siempre de una manera positiva y creciendo y disfrutando”, narra Manuel con la felicidad del que se siente realizado.

El ganadero antequerano continúa narrando: “Ahora mismo hay ciento cuarenta vacas de vientre y cuatro sementales. Tres de ellos son míos y el otro me lo ha prestado Curro Núñez Benjumea. Como los dos tenemos las vacas en Portugal nos solemos prestar sementales”, confiesa.

Toca preguntar si esos sementales propios son los toros que en estos últimos años han sido indultados en plazas como las de Antequera, San Roque o Andújar: “De los indultados viven el de San Roque que indultó El Cordobés y el de Andújar que indultó El Fandi. En cuanto a los de Antequera, el novillo Rescoldito lo tiene Rafael Tejada, que fue el torero que lo toreó. Y el que indultó David Galván se murió y solo pudo padrear dos años. El de San Roque es un gran toro que nos está dando magnífico”, matiza.

Surge la cuestión de quién pone más en la alquimia de la bravura, ¿el raceador o la vaca? “El semental marca mucho. Pero hay madres que son extraordinarias. Hace unos días he indultado un toro aquí en casa, que lo toreó David de Miranda, y su madre es la misma del toro que en 2018 indultó El Fandi en Andújar. Esa madre además tiene dos becerras aprobadas. Es por tanto una vaca súper contrastada y que transmite esos caracteres a sus hijos”, explica Manuel.

¿Cuál es entonces el ideal de toro para Manuel Blázquez, con el que sueña como ganadero? “El toro tiene que ser bravo, que para eso se cría, y yo por bravura entiendo la manera de embestir en la muleta rompiéndose por abajo, que es la manera más difícil de embestir. Ahí el bravo, bravo aguanta y el que no lo es, a la segunda tanda dice que ni hablar. Por tanto, primero que sea bravo. Después que tenga otras cualidades como que humille, que tenga clase, cadencia, nobleza. Eso es lo que busco y es la selección que hago con las becerras. Afortunadamente lo encuentro porque de todo eso hay mucho en la sangre de Cuvillo y por ende en la nuestra”.

“Busco clase, cadencia, nobleza... y esa es la selección que hago con las becerras. Afortunadamente lo encuentro porque de todo eso hay mucho en la sangre de Cuvillo y por ende en la nuestra”

La selección es otra de las cuestiones que tratamos con Manuel que nos explica cómo la lleva a cabo en su casa: “Intentas hacer los lotes lo mejor posible y sin que haya consanguinidad. Luego si quieres un toro con más cara hay que buscar una vaca que dé más pitones. Es un proceso complicado, pero como tampoco tengo ochocientas vacas se puede decir que es manejable”.

El paseo por La Saucedilla nos lleva hasta la zona en donde se asienta la placita de tientas. Auténtico laboratorio de toda ganadería. Esta de Manuel Blázquez tiene la particularidad de estar en una hondonada que preside un otero peñascoso que le aporta singular belleza. Ahí es donde nuestro protagonista comprueba si el tino de los lotes ha sido el acertado. Y lo hace poniendo especial énfasis en la lidia moderna, como no podía ser menos en una ganadería joven que ha bebido, y bebe, en la sapiencia de uno de los ganaderos más laureados de las últimas décadas.

“Al caballo pongo las vacas porque me gusta y, sobre todo, porque hay que ponerlas para que sangre y vaya y repita. Pero después hay que verla en la muleta. Como sea una vaca que humille y se desplace y se enrosque en el torero y aguante quince o veinte tandas eso es señal de que es brava y esa es la gran selección”, pontifica.

“Este año tenemos una serie de toros para plazas de primera a los que pondremos fundas, pero hay corridas más agradables de cara y a esas las dejaremos sin enfundar”

Manuel nos narra que recientemente ha indultado un toro en su casa. Lo lidió David de Miranda y para reforzar sus palabras nos muestra vídeos en el móvil para que constatemos la excepcionalidad del astado: “Aunque para mí el indulto en la plaza es mucho más importante por todas las connotaciones que tiene, de vez en cuando hay novillos o toros que quieres ver en tu casa como este que le digo que indultó aquí David hace un par de días. Si no recuerdo mal creo que fueron del orden de veinte o veinticinco las tandas que tomó el toro humillando una barbaridad y roto por abajo, sin mirar al torero y nada más que queriendo muleta. Cuando ves uno así, dices: este no se escapa. Esa selección la puedes hacer cuando por reata y fisonomía hay un toro que te guste especialmente y que es de una familia contrastada”.

En una ganadería las labores no cesan nunca. A los tentaderos que en estas fechas se llevan a cabo hay que sumar los pertinentes saneamientos y el enfundado, que es la tarea que en breve acometerán en esta casa. Por fortuna, para belleza del reportaje gráfico que acompaña estas letras, hemos venido a tiempo de que Diego Alcaide pueda regocijarse haciendo fotos sin parar a los toros en su hábitat natural y con los pitones totalmente limpios. “No enfundamos toda la camada. Pero hay corridas a las que sí se la ponemos. Por ejemplo, este año tenemos una serie de toros para plazas de primera a los que se las vamos a poner para evitar percances o que se estropeen los pitones. Luego hay corridas más agradables de cara y a esas las dejaremos sin enfundar”.

En cuanto al manejo, Manuel se ayuda de Samuel Gómez, su mayoral, y el vaquero Roberto. “Samuel, es de Teruel, hizo el curso de mayorales y ha empezado de cero aquí en casa. Es un hombre que se ha adaptado perfectamente a mí y es un gran profesional que vive por y para la ganadería. A mí me gusta dejarle que tenga iniciativa porque en el campo hace falta gente joven que aporte ideas. Y Roberto lleva conmigo toda la vida de vaquero. Un gran caballista. Y es de gran ayuda a Samuel”.

El abuelo Manuel y don Joaquín Núñez

Dos nombres destacan en la memoria ganadera de Manuel Blázquez. Dos nombres pertenecientes a dos hombres que han marcado su camino. El primero de ellos, su abuelo Manuel. Su antecesor en lo que se refiere a cría de ganado bravo. “Yo era muy chico cuando quitó la ganadería, pero siempre he oído que tenía fama de ser un magnífico ganadero tanto de toros como de caballos”. El otro es Joaquín Núñez del Cuvillo, un auténtico referente para nuestro protagonista: “El ochenta por ciento de mis éxitos se lo debo a don Joaquín, que tiene un concepto de la ganadería que a mí me ha servido una barbaridad. Y de lo que le estoy muy agradecido. Al igual que a su hijo Curro, que es otro enorme aficionado del que he aprendido mucho”. Dicho queda porque de bien nacidos es ser agradecidos.

Ellos son los encargados de correr al ganado. Una labor que entienden de vital importancia: “A los toros de saca los empezamos a correr en este mes de enero. Eso es fundamental para que se pongan en forma y cojan pulmón”, afirma Manuel y corroboran sus hombres desde sus cabalgaduras.

Los toros nos observan desde los cerrados. Una camada bonita y armónica que espera destinos. Manuel nos cuenta que “hay para cuatro corridas que podrían ser cinco. Dos para plazas de primera. Estamos hablando con Madrid y podríamos ir después de San Isidro. Y otra que me haría mucha ilusión que pudiese ir a Málaga. Ojalá la empresa se decidiera a comprarla aunque sea por economía del transporte -ríe-. Ahora ya en serio, la verdad es que me haría mucha ilusión lidiar en La Malagueta. Después queda una, preciosa, para plaza de segunda y otras dos para alguna de tercera del tipo Antequera o Baza”.

Hablando de Antequera. Después de los dos indultos no ha vuelto por aquel ruedo, siendo como es ganadería de la zona y ganadero de la tierra. “No he ido porque no se han dado las circunstancias. A veces es mejor no volver y que la historia quede ahí como el único ganadero con dos indultos en esa plaza. Bromas aparte. Estaré encantado de volver cuando quiera el empresario. Es una plaza que me gusta mucho y en la que lo paso muy bien cuando voy cada año con mis amigos y la familia”.

Otra de esas plazas en las que disfruta es Melilla, donde ha ido en varias ocasiones y que tan buen recuerdo ha dejado entre la afición de aquel lado del estrecho. En especial la tarde del mano a mano entre Juan Mora y Antonio Ferrera: “Fue espectacular. Un día precioso. No he visto torear mejor a Juan Mora en mi vida. ¡Qué clase! Ferrera también toreó muy bien y fue muy emotivo. Los toros embistieron y lo pasamos en grande La plaza estaba a rebosar. Ya he lidiado allí tres años y es una maravilla cómo se pone aquello. Lo que se dice una fiesta. Lo de Melilla es darse un baño de afición y españolismo, de todas esas cosas que hoy tanto se echan de menos”.

La Saucedilla y Heredade do Bussalfao

Manuel reparte su ganado entre dos fincas. Los machos están en La Saucedilla, en el término de Antequera. Y las vacas y los sementales pastan en el país vecino de Portugal. Concretamente en Herdade do Bussalfao, en la localidad fronteriza de Évora. “Esta finca en la que estamos es una dehesa fría a setecientos y pico metros de altura. Muy sana. Cuando herramos los machos en la finca de Portugal, al mes más o menos, los trasladamos aquí. Es muy cómoda para mí porque vivo prácticamente aquí. Tanto mi familia como yo, disfrutamos mucho de ella. La hemos hecho muy cómoda para el toro bravo. Para los empresarios es también muy cómoda al estar a pie de autovía y estar muy bien situada con respecto a Andalucía, y eso también ayuda”. En cuanto a la finca de Portugal, Manuel nos narra: “La compré cuando vendí la finca de Cádiz. Allí tengo las vacas. Es una dehesa de hierbas y alcornoques muy llana. Son dos fincas diferentes. En la de Portugal llueve más y tiene mejor suelo por eso es tan rica en hierbas con lo que eso supone de aporte nutritivo para el ganado. A mí me gusta mucho ir a Portugal porque hay mucha afición”.