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REPORTAJE CAMPERO

Miura, tradición y modernidad
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(Foto: Arjona)

Miura, tradición y modernidad

Hablar de Miura es hablar en pasado, en blanco y negro, de recuerdos en ocre, pero también de redes sociales, de tecnología y de progreso

Es un clásico. Un referente en todas las épocas del hilo del toreo. Y también leyenda. Hablar de Miura es hablar en pasado, en blanco y negro, de recuerdos en ocre, pero también de redes sociales, de tecnología y de progreso, porque la divisa de la A con asas avanza sin perder de vista su asolerado y luminoso sendero. La historia avala al hierro de Zahariche y por eso se mantienen fieles a esa línea que tanto prestigio les ha dado. Para el recuerdo de 2019 queda grabado Tahonero, el primer miureño indultado. Larga vida.

La de 2019 no fue una temporada más en la historia de una ganadería tan fecunda como la de Miura. Un curso brillante, avalado por el primer indulto en la longeva trayectoria de esta vacada, una de las más singulares del campo bravo, donde la tradición es el leitmotiv pero sin perder de vista los nuevos tiempos. Ese es el secreto de su éxito.

“Se trata de adaptarse a los tiempos sin salirte de tu línea”, comienza diciendo Antonio Miura para explicar su filosofía ganadera. El ganadero es consciente de la historia que avala al hierro de Zahariche y por eso se mantienen fieles a esa línea que tanto prestigio les ha dado. “Nosotros llevamos una evolución normal. Intentamos mantenernos. Es nuestra línea que tanto nos ha dado”.

Antonio Miura, valedor de su experiencia, dice: “Nosotros siempre intentamos mantener la esencia pero está claro que para sobrevivir a lo largo de los años hay que evolucionar, igual que evoluciona la sociedad e igual que no es la misma gente la que va a los toros hoy que la que iba hace cincuenta años, como los toreros tampoco son los mismos. Si no te adaptas a los tiempos, te quedas por el camino, y nosotros llevamos ciento setenta y ocho años al pie del cañón, para eso tenemos que haber evolucionado”.

Esa evolución se palpó esta última campaña que Antonio Miura califica de “buena”. Y añade: “Hubo una combinación entre toros con posibilidades, que echamos unos pocos, y toros que dieron el espectáculo propio de los animales que criamos en casa, con su temperamento y complicaciones, pero, que, con matices, sirvieron para el torero”, analiza.

“Como siempre digo, el factor que diferencia una temporada buena de una mala es dónde salieron los toros importantes de la camada, porque la repercusión es mucho mayor para bien y para mal, por ejemplo, este último año funcionaron las corridas tanto de la Feria de Abril como en San Fermín y Bilbao, hubo toros relevantes y con dulzura, por lo que se ha cantado más nuestra temporada”, argumenta.

Sin embargo, por encima de esas corridas en puertos de primera, el ganadero de estirpe pondera la corrida de Valdemorillo con la que abrieron temporada. “Hubo varios toros interesantes”, dice, agregando que como encierro completo se queda con la corrida que lidiaron en Utrera (Sevilla) y con un toro que ya forma parte de la historia: Tahonero. Suyo es el honor de ser el primer toro indultado en la más que centenaria leyenda de Miura.

“Intentamos mantener la esencia pero para sobrevivir hay que evolucionar. Si no te adaptas a los tiempos, te quedas por el camino, y nosotros llevamos ciento setenta años al pie del cañón”

Otro de los rasgos que definen a Miura es su fidelidad a dos plazas que año tras año la repiten en su elenco y cuya historia va irremediablemente ligada a ambos cosos: Sevilla y Pamplona. Da igual el devenir de la vacada, el momento de la misma o incluso del toreo, porque año tras año tanto la empresa Pagés como la MECA de la capital navarra apuestan por el ganado oriundo de Lora del Río.

“Sevilla siempre es importante, es nuestra casa y llevamos casi ochenta años lidiando ininterrumpidamente. La responsabilidad siempre es máxima, sabemos que pase lo que pase y aunque salga mala, la empresa nos respeta y cuenta con nosotros cada año, es un detalle de agradecer, sinceramente. Luego cuando las expectativas se cumplen pues te enorgullece mucho”, reflexiona orgulloso el propietario.

Respecto a Pamplona, Antonio cuenta que “nos contratan también de un año para otro, al acabar una feria ya nos encargan la corrida del año siguiente y esa confianza es de agradecer, por eso tratamos de corresponder enviando lo mejor que tenemos en el campo”.

Para atender esta demanda, tanto de plazas de esta categoría como de las restantes, Miura cuenta con un número de cabezas invariable a lo largo del tiempo. “Estamos en torno a las 250 vacas, que unas veces son 240 y otras 270, así como siete u ocho sementales. Es el número que tenía mi padre y de ahí no nos queremos mover, porque además de que es lo que hemos manejado siempre, es el número ideal para esta finca”, especifica.

Respecto a las hechuras, tan distintas al resto de procedencias y encastes, sobre todo por sus dimensiones, su esqueleto y su alzada, su criador las define como: “Morfológicamente es un toro con un cuello largo, también largo de cara a pitón y recogido en el vientre, sin barriga. Su salida al ruedo es espectacular: mira al público, se para y lo desafía moviendo la cara. Además, genera problemas a los toreros por su listeza y por su dureza. Transmite mucho”.

Para concluir, este criador de dinastía reflexiona sobre el toro actual y la diversidad de encastes, bajo el prisma de una ganadería con una historia tan prolífica. “Los ganaderos están criando el toro que demandan los toreros. Actualmente la cría de ganado bravo se encuentra en un alambre muy fino: un día te sale un toro noble extraordinario y al día siguiente te sale un toro que se cae”. A lo que matiza: “Siempre se ha criado el toro que se ha demandado”.

Madrid, no; Francia, sí

Ocho corridas de toros y dos novilladas conforman el grueso de la temporada de Miura para 2020, un año que iniciarán de modo un tanto atípico, pues el primer toro será para Diego Ventura en el coliseo de Arles.

Ese mismo día -lunes de Pascua- y en ese mismo ruedo, lidiarán la primera corrida de toros del año, un festejo de tintes históricos puesto que el torero nacional Maxime Solera se doctorará con toros de esta ganadería. Será el primer torero francés en hacerlo y el siguiente en una lista escueta y selecta que hasta ahora cerraba el aragonés Fermín Murillo, quien llevara a cabo la hazaña en 1957.

Sevilla, Pamplona y Bilbao volverán a contar con esta vacada en sus carteles, no así Madrid porque “no ha habido contactos”. Sanlúcar de Barrameda, en la Corrida Magallánica, será otro de los escenarios que vean lidiar los afamados miuras, cuyas novilladas también tienen destinos clásicos: Calasparra y Carcassonne, en Francia.

Respecto a los pelajes, Antonio asegura que la camada viene más pintada que otros años, donde predominaba el pelo cárdeno por encima de otras capas. Su propietario, que achaca dicha circunstancia “a la casualidad”, añade que los toros de saca de este ejercicio presentan pelos de todo tipo: “Negros, colorados, castaños, cárdenos, incluso sardos y salineros”, señala el ganadero.

Respecto a los distintos encastes que aún predominan en las dehesas de bravo, sostiene: “Todos salimos del mismo tronco”. Y explica que la forma en que el ganadero cría a sus toros es trascendental para mantener en pie la ganadería: “Ganaderías que llevan veinte años tienen toros más definidos. Cada ganadero tiene sus matices. Depende mucho el proceso de selección. Si ve que una cosa sale bien, sigue en esa línea”.

Antonio Miura lo define de la siguiente manera: “Van desapareciendo ganaderías, no encastes. No hay más que ver en los carteles qué ganaderías lidiaban hace cincuenta años y qué ganaderías lo hacen ahora. Muchas han desaparecido, otras se mantienen en el tiempo, como nosotros. Nuestro toro se ha quedado en una órbita distinta a la del resto de ganaderías por su comportamiento, su improvisación, las cosas que hace y la agresividad que algunas veces saca”, apunta.

“Décadas atrás sólo había fútbol y toros. Ahora tenemos mucha oferta, mucha competencia. Todas estas circunstancias influyen en la sociedad actual. Pero soy optimista: quedan toros para rato”

Pero, sin embargo, el ganadero no quiso desmerecer la labor de las otras ganaderías que seleccionan un toro más acorde al toreo moderno. Todo lo contrario. Para Antonio Miura “ese otro tipo de toro tiene un mérito enorme porque frente a él hacen esas faenas tan completas y tan perfectas”. Y explica que “si el toro sale de una manera, lo único que tiene que hacer el torero es estar digno con él y matarlo, y entonces no juegas una carta, juegas dos. Cuando matas una corrida de Miura, si el toro sale malo la culpa la tiene el toro, porque es de Miura, y si sale bueno, le has cortado la oreja a un miura y en lugar de valer cinco, vale siete. Y en lugar de estar quince minutos delante, con que esté cinco es suficiente”.

Los tiempos cambian, la vida es diferente y sólo lo clásico y lo verdaderamente puro es aquello que perdura. Esa es la reflexión que uno extrae después de conversar con este ganadero de estirpe, cuya última reflexión es la siguiente: “¿Qué espectáculos había hace cincuenta años? Ni la cuarta parte de los que se pueden disfrutar ahora. Sumemos también la presión de los grupos animalistas. Ahora tenemos mucha oferta, mucha competencia. Hay que pensar que algunas décadas atrás sólo había fútbol y toros, toros y fútbol. Todas estas circunstancias influyen en la sociedad actual. Pero soy optimista: quedan toros para rato”.

Tahonero, primer indulto de su historia

Sucedió en Utrera, tierra donde estaba asentada la antigua ganadería de Cabrera, un encaste legendario, cuya sangre sigue corriendo por las venas de los toros de Miura. “Nos hizo ilusión que fuera allí, fue como cerrar el círculo, una vuelta a los orígenes”, desvela antes de recordar un momento que ya forma parte de la historia. De la ganadería y de la propia tauromaquia. “Fue un gran toro, la lástima es que nuestro padre no pudiera verlo, que no llegara ese indulto tan esperado cuando la ganadería estaba en sus manos”, añora. “Él se desvivió por la ganadería y hubiera sido de ley que hubiera podido disfrutar de los frutos de su trabajo con este toro. Habíamos tenido ya otros toros que lo habían merecido, algunos incluso con mejor condición que este, pero no se había dado nunca la ocasión hasta que con Tahonero llegó el día, fue un animal muy bravo y, por supuesto, lo usaremos de cara al futuro”, añade.

Respecto a la lidia, su propietario explica: “Fue muy exigente. Escribano lo lució en el peto, donde tomó dos puyazos, el segundo en largo, fue pronto y empujó; fue franco en banderillas, sin presentar esas dificultades que suelen sacar nuestros toros en ese tercio, aunque fruto de esa casta, exigió muchísimo al torero en los tres pares, iba como un cañón a por Escribano; luego, en la muleta, pidió mando y fue a más… Fue un animal muy completo”.

Antonio agrega: “Me alegré mucho por el torero, después de una cornada tan fuerte como la que había sufrido en Madrid, de todo lo que le han pegado los toros en estos últimos años… Si alguien se merecía indultarlo era él, porque, además, siempre ha apostado por nuestro toros”.

El astado, negro de capa, “se ha recuperado extraordinariamente. Pertenece a una familia genética muy buena, de las que más argumentos nos ofrecen ahora mismo, así que, por supuesto que contamos con él para el futuro; no sé si ligará pronto o habrá que esperar varias camadas, pero tendremos la paciencia necesaria con él porque nos ofrece plenas garantías”, concluye.