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La revolera

Lloro por ti, España

Lloro por ti, España

Mi tristeza rompe en lágrimas cuando asomo al balcón y contemplo mi ciudad desierta, sin un coche, sin una voz, sin un ruido, sin una señal de vida. Todo es silencio. Solo el teléfono suena de vez en cuando y me recuerda que todavía estoy vivo, que mi vida pende de un hilo. Y solo le pido al buen Dios que cuando termine este calvario si alguien falta en mi familia que sea yo. Que mi mujer, mis hijos, mis nietos y mis amigos recuperen los mil ruidos de la calle que son las palpitaciones del corazón de la ciudad.

Ese virus traicionero que llegó de Oriente como un rey mago maldito, y nos ha envuelto en temor y silencio, en algo que debe ser muy parecido a la muerte. Echo de menos el guirigay de los niños moviéndose como un avispero entre gritos, risas y carreras en sus mil y un ruidos en la primaveral atardecida. Tengo todo el tiempo del mundo para dibujar, escribir y sobre todo para pensar...Y pienso cuan necios somos los seres humanos, apasionándonos por tantas cosas que no merecen que les dediquemos ni un solo minuto de nuestras preciosas vidas. Y lloro, lloro por ti, España, que con tantos motivos como nos das para estar contentos y felices por el solo hecho de existir sobre tu paisaje, en tantas ocasiones nos dedicamos a enfrentarnos unos a otros sin motivos reales que lo justifiquen.

Y cuando pase esta noche oscura, que pasará, porque todo lo que llega pasa porque es ley de vida, volveremos a oír timbales y clarines y el runrún de las plazas llenas hasta la bandera se adueñara de las atardecidas, y los oles y los aplausos sonaran nuevos y eternos. Pero pronto olvidaremos angustias y desazones y volveremos a las andadas, y entre el diálogo y el enfrentamiento, elegiremos la quijada del asno para esgrimirla hermanos contra hermanos. Cuando llegue ese momento no tardaremos en olvidar tanta angustia y tristeza y el hombre volverá a ser el lobo del hombre. Por todo eso, lloro por ti, España...