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La Revolera

La política no es para servirse
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La política no es para servirse

En momentos como el que vivimos, sobran las críticas y los enfrentamientos con el Gobierno. Toda la clase política está obligada a ponerse en primer tiempo de saludo al lado de quienes tienen la dura obligación de enfrentarse a la pandemia. Si no lo hacen así, demostraran, una vez más, que no están en la política para servir sino para servirse. Que esa es la lacra que hace despreciables a muchos de nuestros políticos actuales.

Quienes devengan un sueldo detraído de nuestros impuestos, deben dejar las querellas intestinas para cuando vencido y desarmado el Covid-19, nuestros hombres y mujeres de bata blanca hayan alcanzado las últimas posiciones que hoy por hoy domina el enemigo. Para cuando los ciudadanos de este país vuelvan a vivir tranquilos sin estar acongojados por el aleteo de ese siniestro coronavirus que nos está diezmando.

Basta ya de soñar con mandar ejércitos de lagartos con cantimplora, fusil y gorro frigio en el desierto de Gobi. Ahora toca meter el cuello y entender de una vez que la política es un servicio y no una bicoca. El enemigo común no tiene color político, se trata de él o nosotros, y los profesionales de la Medicina -médicos, enfermeras/os, investigadores de laboratorio, ambulancias, camilleros y hasta los servicios de limpieza de centros hospitalarios y asistencia inmediata-, están entregando la piel en el empeño de vencer a la pandemia. Y ello pese a que entre los sueldos de los políticos y los suyos hay la misma diferencia que entre un huevo y una castaña.

Ojo al parche, que en esta ocasión se están retratando tanto los políticos que dan la talla como los que siguen mareando la perdiz. Y el pueblo llano calla, pero no es tonto y un día u otro les pedirá cuentas. Sin ir más lejos en las próximas elecciones. Y entonces vendrá el rechinar de dientes, porque así como Pedro Sánchez se ha crecido ante la adversidad, otros demuestran su enanismo cada vez que abren la boca. Y el Covid-19 se puede llevar también por delante muchas ilusiones políticas.

Todos los sectores económicos del país están en peligro, y en el taurino, que forma parte de la riqueza del país y del que también dimana una cantidad respetable de puestos de trabajo, la ruina que asoma la oreja, si no se logra apuntillar al monstruo de las mil cabezas en un periodo no demasiado largo, la catástrofe económica puede ser irreversible por muchos años. Camadas enteras se quedarán en el campo y muchas sin posibilidad de ser lidiadas en temporadas futuras; toreros en el momento clave de dar el salto a las ferias importantes, quedarán estancados y difícilmente levantarán cabeza; empresarios que si se prolonga la epidemia tendrán que arrojar la toalla; plazas cuyos pliegos de adjudicación quedarán desiertos porque nadie juega a perder sí o sí, y tantas ramificaciones necesarias para la buena marcha de la fiesta de los toros, como transportistas, fábricas de piensos y un largo etcétera, tendrán que dar el cerrojazo...

¿Verdad señores políticos enemigos del toreo que no se habían parado a pensar que eso que ustedes odian, o simplemente tratan de utilizar para su propaganda política, arrastraba tantos puestos de trabajo y es sustancial para la existencia de tantas miles de hectáreas de campo que dependen de la cría del toro bravo para no convertirse en desérticos pedregales?

Y todo ello, sin echar mano de eso que tanto les molesta a algunos de ustedes: Que a la del toreo se le denomina Fiesta Nacional, simplemente porque es la más genuinamente nacional de todas nuestras fiestas...