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Al compás

Polope, una bonita ilusión para distraer al bicho

Fotos: ARANDA

Miguel Polope, una bonita ilusión para distraer al bichito que nos ataca. Ves cómo va formando su personalidad torera este espigado mozalbete y, sin darte cuenta, descubres que te va seduciendo. Que a la par que crece su técnica, la curiosidad se va apoderando de tu vena de aficionado. Y todo, porque su corte, su expresión y también su porte, te van diciendo que en ese torerillo hay un fondo de cotizada personalidad, y si se quiere, también algo de ese misterio canalla que atrapa y te pone a cavilar, que diría el recordado y admirado Paco Honrubia.

Llegados a este punto, en el que nos hemos detenido al describir lo que hasta ahora sólo son rasgos de un artista en ciernes, solo rasgos, pero de toreros que hicieron historia, se nos viene a la tecla una demanda, que ya adelanta que está envuelta en la nostalgia de una época que nos hizo inmensamente felices y que contribuyó sobremanera a que aparecieran nuevos jóvenes aficionados. Nos referimos a la forma que lanzó aquel José Fuentes que luego fue torero de ferias mientras pudo.

Aquel “Linares se lo llevó y Linares nos lo devuelve”, salido del genio de un romántico como fue Rafael Sánchez “Pipo”, hoy lo echamos de menos. Aquellas páginas en El Ruedo, los murales a todo color en lugares emblemáticos con la imagen de Fuentes junto al perfil de Manolete, tuvieron gran impacto. Cierto que en el toreo han cambiado muchas cosas, que personajes como el célebre Pipo ya no quedan, y tampoco empresarios como el catalán Pedro Balañá, capaces de poner grandes anuncios luminosos en Las Ramblas de aquella añorada Barcelona.

Ahora, entre el corsé de los reglamentos y también el de las estructuras organizativas que han provocado una pertinaz escasez de novilladas, la forja, bajo la fórmula romántica de antaño, de un chaval que apunta condiciones como las que atesora este Polope, se ha convertido en una quimera. Pero con todo, queremos soñar que este valenciano de Torrent, con la ayuda adecuada, también podría lograr que nuevas generaciones de aficionados le sigan con ardor. ¿Será? ¿Por qué no?