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El Quite

Ni Fallas ni toros
(Foto: Arjona)

Ni Fallas ni toros

La pandemia de coronavirus ha inundado el mundo, como lo hizo aquella riada de un día de octubre de 1957 que colapsó Valencia y que desbordó el río Turia, alcanzando una altura de 1,70 metros en la calle las Barcas, el lugar más bajo y céntrico de la ciudad. Aquella riada, yo estaba con dos amigos sentado en el petril del río, puesto que ellos vivían en la calle Burriana nº 28, yo en la calle Císcar nº 34, aquella riada, decía, trajo una gripe maligna que impidió a los estudiantes proseguir los estudios del bachillerato y como nos salvamos de la gripe maligna, nos dedicamos por la mañana, yendo a comprar en los ultramarinos y la compra diaria y, por la tarde, cerrados en casa aprendiendo a jugar al póquer.

El Valencia jugó toda la primera vuelta de la liga fuera de Mestalla y toda la segunda en Mestalla, antes de las reformas que a través del tiempo se realizaron. De las convulsiones que ha sufrido Valencia, la de la riada y la actual del coronavirus son las epidemias más graves que he conocido en Valencia. Esta del coronavirus es la más grave porque es de corta distancia. Pero la riada desbordó el río Turia. Un río que por Valencia llevaba el cauce vacío, que llegaban los pastores con rebaños de ovejas, que defecaban sobre el cauce seco. La riada desbordó el cauce, las aguas inundaron la ciudad y miles y miles de valencianos sufrieron los estragos de la gripe, dos amigos hermanos y yo salimos corriendo del petril del puente del río, ellos a su casa de Burriana y yo a Císcar 34.

Me gustaría saber si aquella riada trajo con el agua una plaga de gripe de la que porta el coronavirus o si por aquel entonces el coronavirus era un desconocido.

Corrían los años cincuenta del 1900. Fuese como fuese, la realidad es que el coronavirus nos ha dejado encerrados en casa, sin Fallas ni toros.