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REPORTAJE

Joselito y Uceda Leal: clasicismo a campo abierto

El maestro y el clásico torero madrileño comparten una jornada para el recuerdo en la ganadería Dehesa de Valhondillo

Fotos: MANUEL CORROCHANO DÍAZ

No he vivido en el campo nada tan emocionante como un tentadero a campo abierto. El galope de los caballos, la adrenalina de los jinetes, la imponente bravura del ganado, la pureza de la suerte de varas y el toreo eterno. Todo se conjugó en un día que guardo en lo más hondo de mis recuerdos de aficionado. Fue en la Dehesa de Valhondillo a las puertas de Talavera de la Reina, los primeros días de marzo. Una finca paradisíaca con 500 hectáreas de extensión, con su parte llana y su parte de monte. Agua no le falta. La primavera ha madrugado por estos lares, el paisaje verde armoniza las vistas descabaladas por las motas blancas y amarillas de las flores.

A caballo aparece el maestro José Miguel Arroyo "Joselito" calado con una gorrilla campera y unos zahones bien curtidos, está acompañado por su amparador Juan Gómez Serranillos. También llega en otra montura el caballista de la casa, Luis. La organización corre a cargo de David Resino, responsable de la explotación, Eduardo de Castro, representante de la ganadería, y de Manuel Corrochano, mayoral y autor de las fotos que ilustran este reportaje. A pie, perfectamente vestido, aparece José Ignacio Uceda Leal. La chaquetilla marfil, la calzona gris, las polainas, los zahones y el sombrero de ala ancha. Torero por los cuatro costados.

Un grupo de escasos testigos visualizamos el acoso y derribo desde los coches frente al corredero que esta tarde se inaugura en Dehesa de Valhondillo. Pese a su larga pradera, es la primera vez que en esta casa se corre el ganado. La primera becerra no lo pone fácil, cambia la trayectoria inesperadamente pero Joselito, con su caballo tordo, consigue retomar la carrera y logra la echada. Ya está colocada la becerra para el tentadero. El caballo de picar se hace presente, se arranca sin dudarlo y, aunque pierde las manos, se emplea. Uceda Leal se da prisa en sacarla del caballo, dos verónicas y una media sirven para colocarla de nuevo. La becerra responde al castigo con bravura. La faena fue una obra de arte por su compás, por su ritmo. El temple resultó fundamental para afianzar a la becerra que, en ocasiones, seguía perdiendo las manos por resbalones.

La segunda becerra se enceló con los caballos. Lograron derribarla en dos ocasiones, rápido se repuso para tratar de embestir a Joselito y a su amparador. En su lidia fue más completa todavía que la anterior. A la clase apuntada por la primera, sumó importancia, profundidad y entrega en el conjunto de su embestida. El maestro madrileño la volvió a entender a la perfección, mostró su punto de madurez y elegancia a raudales con detalles de mucho gusto añadidos al toreo fundamental. Un auténtico deleite para los sentidos: el pase del desprecio, la trincherilla, el molinete…

Joselito se encontró la afición al acoso y derribo de forma absolutamente fortuita: “Por un problema sanitario trasladamos la ganadería de Talavera a Trujillo (Cáceres). Allí no teníamos plaza de tientas por lo que empezamos acosando un poco de cualquier manera, hace ya ocho años o así. La afición ha ido a más junto a Jesús Gómez Serranillos, que trabaja en casa montando los caballos. En esa época disfrutaba más porque sabía menos, pero es algo maravilloso”.

Como torero también toreó en numerosas ocasiones a campo abierto pero en su alma torera quedó grabada la primera vez: “Siempre me ha llamado mucho la atención. De niño recuerdo que, con once años, fuimos a tentar a la ganadería de Miguel Higuero, que tentaba a campo abierto. Aquello me fascinó. A partir de entonces siempre que he podido lo he practicado”.

En esta etapa, como ganadero de El Tajo y La Reina y como apoderado de Alejandro Talavante, su pasión por la garrocha ha ido a más: “La verdad es que engancha mucho, le dedico mucho tiempo. Me encanta, sobre todo, el tentadero de machos. Correr erales fuertes, el año pasado viví una experiencia muy bonita en casa de Cebada Gago. Fueron erales que tenían cara de toro y sabíamos que cualquier equivocación se podía pagar caro”.

En esta jornada de acoso y derribo también han dado algunas volteretas a un cruzón, es decir, a un becerro manso con parte de su genética brava. Cuestionado por las diferencias entre el acoso con ganado manso y bravo, el maestro lo explica: “En el ganado bravo prima la velocidad. Hay que conocer bien la carrera porque pasarte en un tranco pierdes la oportunidad de derribarlo. El bravo, como en todo, exige mayor precisión. Uno necesita tener tacto. El manso suele ser para entrenar y para coger oficio”. Concluye sentenciando sobre el tentadero vivido: “La verdad es que ha sido precioso”.

José Ignacio Uceda Leal veía el 2 de mayo como la gran oportunidad para relanzar su carrera. El invierno ha sido intenso, los tentaderos y entrenamientos han tenido el ritmo idóneo para llegar a esta época del año cuajado. Ve toro por todas partes. La crisis del coronavirus ha impedido su vuelta a los grandes escenarios como deseaba: “Tengo que agradecer a todos los ganaderos cómo se han portado conmigo. La preparación ha sido fuerte. Ahora toca esperar… procuro preparar la mente, que también es importante. Siempre me ha gustado ver vídeos de toros, no paro de estudiar el toreo. Ojalá se arregle esta situación pronto”, contesta a la llamada telefónica con resignación.

En el tentadero se le vio sentir el toreo, disfrutar de cada embestida: “Por el día que hizo, por la clase de las becerras, por el entorno con el campo tan verde, fue de las sensaciones más bonitas que he tenido como torero”. El entorno, como muestran las fotos, es una maravilla. En otoño hará 24 años que Curro Romero le diera la alternativa en presencia de Julio Aparicio en Madrid. En este tiempo, su carrera ha atravesado lógicos altibajos. En el campo, en cambio, ha sido regular. Cada año, numerosos ganaderos han confiado en él para ver el fondo de sus becerras.

De esta forma define Uceda Leal esta preciosa forma de evaluar la bravura: “Torear a campo abierto es una de las sensaciones más bonitas que un torero puede tener. Es torear en los terrenos del toro, supone una sensación de libertad total. No hay límites, el animal puede expresar de forma más pura su bravura. La sensación de torear a campo abierto es inigualable”.

Dehesa de Valhondillo es propiedad de Luis Martín Barroso, un gran enamorado del toro bravo. Eduardo de Castro es el representante de la ganadería: “Valhondillo lleva una trayectoria desde el año 2001. Es una ganadería enfocada en las novilladas. En Castilla la Mancha es una ganadería referencial para este tipo de espectáculos, también en algunos pueblos de Ávila, Cáceres y de Madrid. Tenemos una camada corta porque somos muy rigurosos en la selección”.

Sobre la jornada vivida, Eduardo expresa su satisfacción: “Para nosotros ha sido algo mágico. Una experiencia nueva para la ganadería. Estuvimos rodeados de grandes profesionales tanto en la parte de acoso y derribo con el maestro Joselito, como en el toreo tan redondo de Uceda Leal. Formamos un buen equipo, sin David y Manuel habría sido imposible que se hubiera dado este día. Se han vivido momentos únicos”.

Con respecto a la selección, Eduardo afirma lo siguiente: “En esta modalidad de tienta, el animal tiene todas las ventajas para no plantear pelea. Si quiere irse, puede hacerlo sin excusas… Esa pureza de la bravura es preciosa. Aprobamos una de las dos becerras, sin ninguna duda”.

Triunfaron la bravura de las becerras, la afición y el saber de Joselito y la categoría torera de Uceda Leal. La hospitalidad del equipo de Dehesa de Valhondillo no se quedó atrás. Un día para no olvidar jamás.