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La página de Manolo Molés

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Que no acabe en blanco

Quiero creer, como dice el refrán, que no hay mal que cien años dure. Y en el mundo actual perder un año es perder el tren en demasiadas cosas. Pero ahora mismo estamos con la mente en blanco, con el futuro bailando entre los deseos y la realidad. El reloj de la temporada sigue sin descanso y ni tú ni yo sabemos a ciencia cierta cuándo acaba el martirio y cuándo saldrá el sol de la normalidad. Hablo con gente variada y cada cual me cuenta una película diferente. Unos me dicen que podría medio arrancar en julio; otros aseguran que agosto volverá a ser un mes con sabor a Fiesta; por septiembre Sevilla quiere poner en marcha la Maestranza y la Pilarica parece que dará todas las facilidades para que la temporada de los sueños y las pesadillas acabe junto al Ebro.

Pero viene un amigo cargando con sus razones y me asegura: “Olvidaos por este año, no habrá tardes de toros”. No lo sé. La verdad es que dependemos de estas nuevas plagas que asolan los cinco continentes. Aquí no se ha escapado ni el apuntador. Y a los políticos y científicos la marabunta de dolor y muerte les ha pillado con el pie cambiado o en bragas. Ningún país estaba preparado. Tal vez solo China, que fue quien puso en marcha el ventilador y el primero que, curiosamente sanó y le dio tiempo a vender mascarillas y defensas a todo el mundo infectado.

Se ha demostrado que el hombre no es el que manda en el mundo. Este planeta, de forma natural o porque alguien ha prendido la mecha, ha barrido los países como le ha dado la gana. Y se ha ciscado en la tecnología, en la inteligencia humana, en los grandes inventos, en las armas químicas, en la fortaleza de los países y en la pequeñez del ser humano y los cerebros que nos rigen

Hay algo muy claro. Se ha demostrado que el hombre no es el que manda en el mundo. Este planeta, de forma natural o porque alguien ha prendido la mecha, ha barrido los países como le ha dado la gana. Y se ha ciscado en la tecnología, en la inteligencia humana, en los grandes inventos, en las armas químicas, en la fortaleza de los países y en la pequeñez del ser humano y los cerebros que nos rigen.

¿Qué pasará ahora? De momento, mucho dolor y daño. De momento antes de poner la Fiesta en marcha habrá que llorar, enterrar, borrar y tener capacidad para darle la vuelta a esta plaga frente a la cual el ser humano es un simple papel buscando dónde aparcar y que no haya peligro.

¿Y los toros? Si yo pensara que ni en julio, ni en agosto, ni en septiembre, ni en octubre, somos capaces de ver hacer un paseíllo, mala cosa, terrible cosa. Creo que ya no levantaríamos cabeza.

Si este virus lo permite y la temporada al menos tuviera vida en España y en Francia, aunque fuera solo un par de meses, yo creo que veríamos la luz al final del túnel. Pero, ¿quién se atreve a vaticinar nada? Necesitamos que no muera la Fiesta una temporada entera, que se lidien parte de los toros preparados con cinco años. En cuanto esto se calme o se arregle, hay que tener preparado el antídoto contra la desaparición de la Fiesta. Los mejores toreros deben vestirse de luces más para salvar la Fiesta que para ganar dinero. Yo estoy seguro de que Francia está preparada si llega la paz de esta pandemia. Y Francia es importante que se ponga en marcha. Y España, ni te cuento. Ya sé que perdemos el abril de Sevilla, el mayo de Madrid, posiblemente las ferias de junio y los sanfermines de julio. No sé dónde está el tope de este apocalipsis pero cualquier cosa menos que el año acabe en blanco. Ese debe ser el objetivo gordo. Si además de salvar eso, hay más movimiento y retorno a la normalidad, ¡aleluya! Pero esto, tan grave, ni depende de ti ni de mí. Sí del que maneja los bichos del apocalipsis.

Ya sé que perdemos el abril de Sevilla, el mayo de Madrid, posiblemente las ferias de junio y los sanfermines de julio. No sé dónde está el tope de este apocalipsis pero cualquier cosa menos que el año acabe en blanco. Ese debe ser el objetivo gordo

El año podría ser bonito. Hay toreros buenos: Pinar, Cortés, Garrido, Caballero, Finito, Urdiales, Perera, Galván, Ortega, Galdós, Román, Lorenzo, Marín, Aguado, Roca Rey, De Justo, Juli, Castella, Ureña, De Miranda, Luque… todos y tantos. Hay que torear cuando llegue la calma, al menos cuando se vaya el peligro. Esos ganaderos no pueden quedarse con todos los toros que tendrán seis años para el año siguiente. Cuando esto se calme, cuando el miedo lo permita, cuando haya una posibilidad, aprovechémosla. Un año en blanco es un año negro. El luto de la ausencia.

No sé qué día saldrá el sol. Sí sé una cosa: tenemos que organizarnos y aunque no nos lo van a poner en bandeja, hay que echarle corazón y todo lo demás para salvar que este no sea “el año negro en que desapareció la fiesta de los toros”. Luego, a ver cómo la levantas. De todas formas, es vital que todos estemos unidos. Al menos por una vez. La más grave.