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CIEN AÑOS DE AQUEL 15 DE MAYO

Hasta el mulillero parecía intuir la tragedia que se avecinaba... En la imagen Cacharrero, último toro estoqueado por Gallito en Madrid.
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Hasta el mulillero parecía intuir la tragedia que se avecinaba... En la imagen Cacharrero, último toro estoqueado por Gallito en Madrid.

Gallito, abroncado en Madrid la víspera de la tragedia de Talavera

“¡Ojalá te mate un toro mañana en Talavera!”, cuenta la leyenda que llegaron a gritarle al rey de los toreros desde el tendido en una tarde aciaga de la que este viernes se cumple un siglo

viernes 15 de mayo de 2020, 11:00h

El 15 de mayo de 1920, tal día como hoy, pero de hace cien años, José Gómez Ortega “Gallito” toreó su último festejo en Madrid. Era la víspera de Talavera y su adiós, entonces ignorado por todos, no pudo ser más triste. La corrida fue un auténtico desastre. El encierro inicialmente anunciado del Marqués de Albaserrada fue rechazado por los veterinarios y sustituido a última hora por otro de doña Carmen de Federico -antes, Murube- que, para colmo de males, se lidió afectado de glosopeda. Fruto de la enfermedad, los toros rodaron por el albero, varios fueron devueltos a los corrales y el público de la vieja plaza de Madrid la tomó con los toreros. José toreaba aquella tarde con Juan Belmonte y con su cuñado, Ignacio Sánchez Mejías, con quien alternaría veinticuatro horas después en la localidad toledana donde terminaría hallando la muerte en las astas de Bailaor.

Pero regresando a aquella infeliz quinta de abono madrileña, las crónicas cuentan que la plaza lució llena, como en las grandes ocasiones, y que el público estuvo de uñas con los espadas desde el primer momento. El cambio de ganadería no había sentado bien al público y las cuadrillas ya hicieron el paseo en medio de una sonora pita. Después, los toros que debía matar Gallito fueron devueltos a los corrales. Su primero, además, estaba tan inválido que no fue posible llevarlo a los corrales con los mansos y fue apuntillado en el ruedo. Al cuarto bis, un sobrero de Salas de pelo berrendo en negro capuchino y botinero, de nombre Cacharrero y que, a la postre, se convertiría en el último que estoquearía Gallito en Madrid, lo trasteó el de Gelves con su habitual facilidad. Sin embargo, no hubo forma de que el público dejara de increparle. Los aficionados profirieron insultos, le lanzaron almohadillas -una de ellas, incluso, llegó a impactar contra su cuerpo- y hay quien asegura que un espectador llegó a gritarle desde el tendido: “¡Ojalá te mate un toro mañana en Talavera!”. Por desgracia, aquel inhumano deseo se hizo realidad.

José le dijo a Juan que era momento de dejar de torear en Madrid por una temporada. Que la situación era ya insostenible. Infortunadamente, ya no hubo tiempo para que el coloso de Gelves pudiera cumplir aquella voluntad manifestada al trianero. El destino acechaba inexorable…