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La Revolera

Uribes debe ser destituido
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Uribes debe ser destituido

El ministro de Cultura, José Manuel Rodríguez Uribes, debe dimitir a la mayor brevedad. No puede continuar ni un minuto más cobrando un sueldo, parte del cual devenga por tener a su cargo la responsabilidad de la fiesta de los toros como hecho cultural y fuente de riqueza del país. Y si no dimite tiene que ser cesado por volver la espalda a una de las funciones a que le obliga su cargo, que no debió aceptar nunca sabiendo como sabía que todo lo inherente a la Tauromaquia, como hecho cultural y fuente de riqueza de este país, estaba bajo su responsabilidad política. País al que con gobernantes como Uribes solo le espera la perspectiva de despeñarse en la ruina y el despropósito.

Como ciudadano al corriente de sus gravámenes y compromisos con el Estado, creo tener derecho a sumarme a la voz recia y razonable de Victorino Martín, presidente de la Fundación del Toro de Lidia, exigiendo que el citado ministro dimita si su estómago no le permite tomar decisiones en ayuda del sector taurino, que tan duramente está sufriendo las consecuencias del virus. No puede Uribes continuar ni un día más haciendo el Tancredo ante las agobiantes necesidades de ayuda que padece la ganadería brava, y todo el amplio sector de seres humanos víctimas de la tremenda pandemia que nos diezma. Lo suyo, con el mundo del toro de lidia y lo que le rodea, es de un desprecio y una crueldad rayana en el despropósito.

Dado que este país de los pecados de gobernantes como el rollizo ministro, hace años que entró de lleno en el fondo y en las formas de una democracia occidental y de Derecho, no seremos capaces de montarle escraches ni zarabandas al citado poncio. Eso lo dejamos para otros que no acaban de entender que la convivencia democrática se basa en la Ley, la Justicia y el Orden. Pero sí que nos creemos en el derecho de exigir del Gobierno que lo destituya, por hacer dejación de las obligaciones de su cargo ignorando categórica y reiterativamente su compromiso con uno de los cometidos de su Ministerio, como es el toreo.

Al ministro está claro que no le gustan los toros, pero ¿se ha parado, siquiera un momento, a pensar si él nos gusta a ganaderos, toreros, empresarios y aficionados?... Y nosotros también votamos... Y sufrimos las consecuencias de los errores de quienes designan para gobernarnos.