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El Palco

La Fundación lidera
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La Fundación lidera

Es algo por todos conocido que en el toreo jamás hubo unión; cada uno solía ir a lo suyo ignorando a los demás colectivos. Sin embargo, ahora, ante la situación crítica producida por el COVID-19, que afecta a todos los sectores, pero de forma especial al taurino, liderados por la FTL parece ser que se ha unido -aunque haya algún verso suelto, que esperamos que pronto se incorpore al conjunto-, ha nombrado un comité de crisis y ha empezado a mostrar su verdadera importancia, sus derechos y su capacidad para exigirlos. Educadamente, correctamente, con el respeto que, al mismo tiempo, demandan se les tenga, simplemente porque lo merecen.

El ministro de Cultura, don José Manuel Rodríguez Uribes, que hasta ahora había considerado a los taurinos de forma bastante despectiva, tratándoles con buenas palabras vacías y promesas que no pensaba cumplir, todo lo cual, al menos para mí, resulta ofensivo, ha decidido últimamente pasar el problema a las comunidades autónomas y a los ayuntamientos, lavándose las manos de forma farisea. Él sabe muy bien que dichas instituciones actuarán según el color político que las gobierne, como vienen haciendo desde hace años, sin respetar la ley, cuando el ministro tiene la obligación, por ley, de proteger, de apoyar el toreo, porque es Patrimonio Cultural Inmaterial de España, pero no lo hace. Estamos convencidos de que marearán la perdiz todo lo que puedan, pero mientras los de ahora estén en el gobierno, del ministerio de Cultura no saldrá un solo euro para apoyar al sector taurino. Tanto es así, que nos conformaríamos, al menos yo, con no recibir más ataques y desprecios por parte de miembros del gobierno, entre ellos el vicepresidente segundo, don Pablo Iglesias, que periódicamente y calculadamente vierte un poco del odio que lleva dentro, puro veneno (parecería que por sus venas corre en vez de sangre veneno), contra todo aquello que a él no le gusta, y desde luego la Tauromaquia, parte importantísima de nuestra cultura, no le gusta, como no le gustan otras cosas españolas (Himno Nacional, Bandera), mientras ensalza lo que esté relacionado con el totalitarismo de Cuba, Venezuela, o la antigua URSS.

Pero como decíamos, el taurinismo por fin, ha logrado unirse, liderado por la FTL, que a nuestro parecer está llevando el tema de forma inteligente, moderada, respetuosa, no dejándose arrastrar por emociones, sino por razones, y plantando cara a las autoridades correspondientes de la forma que hay que hacerlo, primero pidiendo diálogo para presentar argumentos lógicos y, si así no se avienen a cumplir la ley, recurriendo a los tribunales, e incluso, si fuera necesario, también se saldría a la calle, para levantando la voz denunciar las injusticias de que estamos siendo objeto. Naturalmente todo ello habrá que hacerlo a “compás”, palabra muy taurina, y que en este caso quiere decir que se responderá acorde a tales injusticias. El compás será más rápido o más lento, más alto o más bajo según demande el momento y las circunstancias.

Esta unión y esta estrategia de actuación debe perdurar por mucho tiempo; yo diría que para siempre, pues si no hay unión poco podemos demandar y conseguir.

Pero debemos saber, tener muy claro que la FTL podrá hacer solo lo que pueda hacer, y eso dependerá, en gran medida, del número de socios que estén detrás apoyando. Los antitaurinos, en sus organizaciones tienen cientos de miles y los políticos antitaurinos que están dispuestos a no cumplir la ley también son bastantes, por eso la FTL que a partir de ahora debería representarnos a todos los amantes de la Tauromaquia, necesita que detrás también haya cientos de miles, y no solo los profesionales, que doy por hecho y necesario apoyen cada uno en la medida de sus posibilidades. Somos millones de aficionados y también cada uno deberíamos contribuir con nuestro grano de arena, pues ya se sabe que “muchos granos de arena hacen una playa muy grande”.

Todos juntos digamos: ¡hasta aquí hemos llegado, tenemos los mismos derechos que los demás y nadie nos los va a hurtar, y desde luego ningún político totalitario y prevaricador! Pero digámoslo con palabras y con hechos.