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La revolera

Mejor que nos ignoren
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(Foto: Paco Mora)

Mejor que nos ignoren

Si dejamos a un lado el liderazgo decidido y responsable de Ponce, el toreo está viviendo unos momentos de viudedad escandalosa. De la Administración poco o nada cabe esperar, a juzgar por las declaraciones y movimientos de sus representantes. Lo más positivo que se observa son los ominosos silencios y las miradas al bies. Pero aquí nadie se compromete a tratar al taurino, una vez pasada la pandemia, como otro espectáculo más. Hasta tal punto de que creo que todos, toreros, ganaderos, empresarios y aficionados nos conformaríamos con que nos ignoraran y miraran para otro lado ante las dificultades con las que el sector va a sobrevivir a la tragedia. Y eso, oyendo al coletudo podemita, y sabedores de que en el Gobierno actual es señor de horca y cuchillo y ejerce con más orgullo que Don Rodrigo en la horca, no va a ser posible por ser imposible -que diría Calderón, el mozo de espadas de Ignacio Sánchez Mejías- que el Ejecutivo mueva ficha.

Iglesias quiere darle matarile al toreo como hecho cultural, y lo demuestra en cada una de las palabras que pronuncia refiriéndose a la Fiesta Nacional. Término que por cierto le produce sarpullido solo oírlo, porque lo identifica enseguida con una densidad de fachas por metro cuadrado insoportable para su comunismo chavista. Tampoco las demás opciones políticas se rasgan las vestiduras en el respaldo al espectáculo español por antonomasia. Aquí cada cual se aplica en la defensa de su barraqueta y el que más pueda capador.

Así las cosas lo más adecuado son movimientos como los de Enrique Ponce y algunos modestos empresarios, como Manolo Amador, que, siguiendo la política de “lo que no se intenta no se consigue”, está organizando espectáculos taurinos para la Televisión de Castilla-La Mancha, que intentará salvarlos económicamente, supliendo la probable falta de asistencia de público a las plazas con alguna fórmula de “pagar por ver”, que permita que la Fiesta siga. Cualquier cosa menos agachar la cabeza ante la acción de nuestros depredadores. Es difícil luchar contra determinados elementos, ya lo dijo Felipe II en ocasión de la destrucción de la Armada Invencible. Pero entregándose sin lucha, la derrota es inevitable.

Lo importante es que amanezca, que, como dijo el cineasta albaceteño José Luis Cuerda en su famosa película, “no es poco”. Peor sería el sometimiento absoluto, que solo nos puede conducir a la nada. La prolongación de esta especie de “estado de excepción” que ha conseguido Pedro Sánchez, con la ayuda de los de siempre, a los que se ha sumado Ciudadanos, no ofrece perspectivas de que la situación mejore para el espectáculo taurino. Mientras tanto, nos toca sufrir pero no callar. Porque: ¿Cómo se conjuga la carencia de decesos por causa del Covid-19, que anuncia el Gobierno a bombo y platillo, con la necesidad de seguir en esta libertad vigilada que se nos impone, cuando ya parecía que el horizonte comenzaba a despejarse? Nos están tratando como a borregos berreones...