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El empresario de toros
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(Foto: Arjona)

El empresario de toros

O conmigo o contra mí, ésta es la máxima de una España partida en dos en la que el toreo entra de pleno en este frentismo. Estar con el toreo es ya estar en un lado político y no estar en el otro lado de la trinchera. Pero no es culpa del toreo ni tampoco una situación que haya generado el toreo. La tauromaquia fue elegida hace muchos años como munición de guerra política contra el rival. Primero el nacionalismo que deseaba tirar el lastre de “lo español”. Luego ha sido la nueva izquierda desde los postulados animalistas quien está usando el toreo como munición contra el “españolismo de la derecha”.

¿Con qué ideología política se ha relacionado el toreo? Con todas. Y quien diga lo contrario está mintiendo. La relación primera y básica del toreo es con las propiedades públicas de las plazas. Y éstas han sido de un signo o partido y de otro. Y, con unos y con otros, el denominador común fue el siguiente: el toreo ha pagado precios elevadísimos para poder acceder a la gestión de una plaza. Precios que han sido inasumibles y que han derivado en un sector de facto inexistente, sustentado en pactos a la griega en cada lugar y plaza, con sus empresarios sin hacer jamás frente común ante las condiciones de explotación ruinosas que, insisto, han exigido las administraciones de un color político y del otro durante décadas.

La crisis financiera del 2008 trajo dos novedades para el toreo. Hubo de enfrentarse a una situación económica en la que sus costes eran inviables antes de la crisis. Y el resultado fue el siguiente: reducción del mercado y multiplicar pérdidas de las que se sobrevive, salvo excepciones, con un modelo económico de riesgo máximo: financiarse con la taquilla que viene. La crisis del 2008 nos pilló en manos de los pliegos brutales de las administraciones que jamás consideraron al toreo, en sus cuestiones económicas de rentas y explotaciones, como una actividad cultural.

La crisis de 2008 y el final del bipartidismo pilló al sector taurino debilitado en su máximo grado en lo económico y sin una estructura de presión/diálogo, sin conocer su base social real. El toreo en quiebra técnica económica no fue capaz de reestructurar sus costes y llega a esta crisis brutal sin los deberes hechos

Estas tienen una mirada y un trato distinto, pues la rentabilidad de lo cultural no se mide en balances económicos sino en réditos de educación, de colectividad, de acceso al arte y a la cultura del país. El toreo admitió esas reglas del juego. Por tanto, los culpables de este desbarajuste y de esta quiebra técnica en lo económico son dos: las administraciones y el propio sector que se traicionó asimismo tantas veces a la hora de licitar por plazas después de que su sector empresarial instara a no hacerlo por las condiciones de ruina del mismo pliego. Una constante habitual. La traición a un estado de real necesidad. La traición entre nosotros mismos y la forma plebeya de inclinarse y aceptar condiciones usureras de explotación. Lógicamente, para salir adelante en estas condiciones, el toreo se apretó más y más el cinturón hasta que la soga alcanzó el cuello.

Pero, además, la crisis del 2008 trajo el final del bipartidismo, de tal forma que las relaciones con la política se modificaron. Entraron en juego partidos como Cs, que primero abrazó al toreo para abandonarlo luego. Podemos, que siempre fue beligerante y prohibicionista, los republicanos e independentistas catalanes, que mantienen su anti toreo por su anti españolidad, y, más tarde, Vox. Los anti tauromaquia han llegado a ser necesarios en todos los gobiernos, los de cada comunidad y el del Estado, e imponen sus proyectos de futuro con el toreo: que desaparezca.

Ser empresario es dominar un mercado, moldear el mercado, tener en la mano a su mercado. Crear mercado, crear oferta sobre demanda. Poder estructurar, reestructurarse, ajustar, achicar, ampliar, según las condiciones económicas de cada momento y en cada lugar. Hacer lo que manda un pliego de condiciones es la negación del concepto de empresario

Y esta novedad pilla al sector debilitado en su máximo grado en lo económico y sin una estructura de presión/diálogo, sin conocer su base social real. El toreo en quiebra técnica económica no fue capaz de reestructurar sus costes (de todo tipo) en 2008 y llega a esta crisis brutal sin los deberes hechos. Es un sumando de problemas que no parece que se vaya a solucionar, pues se intuyen los mismos parches para la estructura de un buque que hace aguas. Sí. No son viables los costes de una novillada. Se sabe y no se ha hecho nada. No lo son los de una corrida de toros. Tampoco se hizo nada. Porque no se trata de quitar de aquí o de allá, un picador, un banderillero, un médico… Se trata de hacer un trabajo económico al revés, en la más ortodoxia económica.

Primero, qué mercado hay. Por cada zona y en cada ciudad. Qué oferta hay que hacer para cubrir la demanda real de consumo y no la demanda de un pliego estúpido. Y hacer que los costes de esa oferta sean viables para generar riqueza e ir creciendo. Es una paradoja que el sector llamado “empresarial” actúe baja las premisas menos empresariales y económicas. Trabaja bajo las premisas económicas de un pliego de condiciones y observado por un reglamento o muchos reglamentos. Eso no es ser empresario. Será otra cosa. Será algo muy importante. Será algo muy difícil de hacer. Será algo casi milagroso. Pero eso no es un empresario. Ser empresario es dominar un mercado, moldear el mercado, tener en la mano a su mercado. Crear mercado, crear oferta sobre demanda. Poder estructurar, reestructurarse, ajustar, achicar, ampliar, según las condiciones económicas de cada momento y en cada lugar. Hacer lo que manda un pliego de condiciones es la negación del concepto de empresario.