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La página de Manolo Molés

Todo empieza por abajo
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(Foto: Mateo)

Todo empieza por abajo

Del mal, el menos. Y a la espera de lo que diga el tal coronavirus, que ya tiene sabores de pandemia histórica, como aquellas plagas de Egipto. Esta que nos trae de cabeza y que se ha llevado a tanta gente por delante es el primer gran virus del siglo XXI. Pero la historia se repite como un castigo eterno con el paso del tiempo. La viruela, que afectó a la humanidad desde hace la friolera de 10.000 años, fue tremendamente contagiosa y se llevó por delante al 30% de los ciudadanos. Luego llegó el sarampión, que se cobró 200 millones de personas hasta que se encontró la vacuna. Más tarde apareció la gripe española, que pese a llevar el nombre de nuestro país donde arrancó de verdad fue en Estados Unidos en 1918, se extendió por medio mundo y se llevó a otros 50 millones de ciudadanos. Luego, la peste negra, el VIH... está claro que esto parece un castigo bíblico, porque cíclicamente retorna. Lo único bueno es que si pasamos esta en los próximos cien años ya no nos pasa nada. Al que quede, naturalmente.

Esta desgracia ha servido para unir un poco más a la gente del toro y para que el ministro socialista del ramo acabara entrando en razón taurina

La fiesta de los toros también salió “corneada” por la pandemia, pero en toda tormenta brilla siempre un rayo de luz. Y esta desgracia ha servido para unir un poco más a la gente del toro para que el ministro socialista del ramo acabara entrando en razón taurina, para que descubriéramos en el partido socialista, tras tantos antis, a Eneko, joven, aficionado, políticamente correcto y valorado, y encima aficionado, fue ese botón que desactivó la bomba antitaurina que flotaba en el ambiente. Eneko convenció al ministro para que “pasara las competencias a las Comunidades y de paso se quitaba el marrón”. La inteligencia siempre abre puertas de acero. Y llegó la paz social y taurina. Y habrá toros en proporción tal vez menor, pero tal vez suficiente para que, en un año tan duro, no caigamos en el hoyo del olvido. Porque un año en blanco sin toros es justamente lo contrario: un año negro para la Fiesta. Pues del mal, el menos. Y con lo que se anuncia, y con lo que soñaremos si el bicho nos deja tranquilos, algo veremos.

¿Cómo será la temporada? Más larga de lo que pensábamos hace dos meses porque creíamos que no se iba a dar nada, y más corta, pero con muchas cosas atractivas que si se llevan a cabo mantendrán el fuego sagrado de los aficionados. Si todo va bien, al menos saciaremos el apetito con festejos sueltos, muchos en España, con tardes atractivas en Francia y sobre todo: el año raro debe servir para dar novilladas, que es dar futuro. Y me pareció bien que las cuadrillas, tan necesarias, se bajen un 25% el sueldo para las plazas de tercera y cuarta. Ahí es donde hay que apoyar, porque en esos pueblos se cuecen las futuras figuras. Y hay que abaratar los dineros en donde en realidad se promociona el futuro. Ponemos unos costes que muchos pueblos no pueden aguantar y perdemos una plaza más donde se cuaja y macera un torero o cien. Y si queremos reconstruir la Fiesta, y no echar siempre las culpas de los errores a políticos y empresario, hay que apoyas a esos pueblos de las novilladas porque ahí empieza todo, para el chaval, para la Fiesta y para la permanencia de esos festejos en pueblos que siguen siendo taurinos. Y esa buena gente de esas localidades luego va a la corrida de toros de la capital, o de las cercanías, y deja su pasta, su dinerito bueno para los que llegaron a la élite de las corridas de toros. Las novilladas son el futuro.

Me pareció bien que las cuadrillas, tan necesarias, se bajen un 25% el sueldo para las plazas de tercera y cuarta. Ahí es donde hay que apoyar, porque en esos pueblos se cuecen las futuras figuras

Todo empieza por abajo, planta un arbol, construye una casa, escribe un libro, prepárate para ser torero, todo tiene sus pasos. Y, como diría Chenel: “más aún en tiempo de guerra”. Arreglen los pueblos. Si por exigencias se cierra una, dos o las ferias de novilladas que sean, estamos segando el trigo antes de que madure la espiga. Y pregunten a taurinos con conocimiento por dónde se empieza a reconstruir la Fiesta: por abajo siempre, de abajo a arriba se ha hecho tu casa, su Torre Eiffel, la Estatua de la Libertad, el Taj Mahal, la Esfinge, el acueducto de Segovia o el templo de Ramsés II. Para reconstruir la Fiesta, que saldrá tocada, hay que empezar otra vez por abajo. Pueblos, novilleros, plazas de cuarta y de tercera y de ahí sale lo demás: la figura, el buen oficio, el valor con conocimiento, la lidia y la “liaison” (enlace eficaz de los estado miembros) o sea, de la Fiesta, nos marcan el futuro. Todo arranca desde abajo y la Fiesta ahora hay que reconstruirla con pasión y con trabajo serio.

Es el momento de arrimar el hombro todos. Cada cual desde su lugar en la Fiesta. Hay que sudar el futuro

Es el momento de arrimar el hombro todos. Cada cual desde su lugar en la Fiesta. Hay que sudar el futuro. Las figuras se llevarán lo mejor, justamente, pero con medida. Los toreros hechos y derechos deben marcar el camino, pero explicar que estamos en plena reconstrucción. Pero en todo. Cierra semanarios taurinos y es terrible porque es un vacío más y unos compañeros en situación difícil. Las teles taurinas, salvo excepciones magníficas, pierden clientela. Por contra, hay alegrías: Aplausos, tantos años y tan al día, televisiones buenas, malas y regulares aguantan unas y pierden clientes otras. La radio está viva si te pones al día. También ha cambiado. Y lo más importante: tenemos que llevar a la gente a la plaza. Y para eso hay que hacerlo todo muy bien. Y que el toro sea toro y que no haya puertas cerradas y que se premien las ganaderías bravas. Y que al pan se le llame pan y al vino, vino.