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Pepín Martín-Vázquez, pura sevillanía

viernes 08 de abril de 2011, 16:27h
Pepín Martín-Vázquez, pura sevillanía

Hijo de Francisco Martín-Vázquez “Señó Curro”, Pepín fue hermano menor de otros dos toreros, Manolo y Rafael, familia entroncada con la localidad sevillana de Alcalá de Guadaíra. Cuentan quienes le vieron torear, que Pepín Martín-Vázquez era máximo exponente del toreo sevillano, y que junto a Pepe Luis Vázquez se antoja indispensable para entender la historia del arte de Cúchares de la primera mitad del siglo XX. Una gravísima cornada en Valdepeñas el mismo año de la muerte de Manolete tuvo a Pepín al borde de la muerte, y cuentan los analistas de la época que Pepín ya no fue el mismo. Retirado de los toros, vivió hasta sus últimos momentos en Sevilla, rodeado de su familia y de un puñado de amigos escogidos. Dicen que Pepín Martín-Vázquez era, además de un torero de época, un hombre excepcional, con una nobleza extraordinaria y una educación exquisita.

Las crónicas de la época sitúan a Pepín Martín-Vázquez como un torero adelantado a su época. Era torero variado, conocedor de los terrenos del toro y con una asombrosa capacidad para quitar con el capote y para dilucidar con arte cualquier inconveniente con la muleta. Pepín marcó una línea a seguir por los toreros que más tarde se han dado en llamar “de arte”. También dicen los escritos que Chicuelo fue un espejo para el menor de los Martín-Vázquez, y que de ahí viene la “gracia” toreando de un matador que sin duda merece ocupar un lugar de privilegio en el recuerdo de los aficionados. Al menos en el sur, ninguna charla entre taurinos prescindía del nombre de Pepín a la hora de recordar grandes maestros de la tauromaquia.

A pesar de que parece ser más recordado en muchos rincones del mundo como el protagonista de la película “Currito de la Cruz”, la importancia de Martín-Vázquez en el toreo va mucho más allá. Rivalizó con Pepe Luis y con Manolete, triunfó en grandes ferias de España y sólo una cornada gravísima pudo frenar su meteórica carrera hacia la cima.

Pepín Martín-Vázquez nos dijo adiós el 27 de febrero en la ciudad que adoró. Un mes después se hace justicia con la concesión de la tan reclamada Medalla de Oro de las Bellas Artes.