La publicación en el BOE del Real Decreto-Ley aprobado la pasada semana en Consejo de Ministros que incluye la modificación de la Ley 37/1992 del Impuesto sobre el Valor Añadido -ley en la que quedaba de manifiesto que a los festejos taurinos (salvo las corridas de toros) se les debía aplicar un tipo impositivo reducido, en aquel momento del 7% y que posteriormente fue elevado al 8% en julio de 2010-, ha dado una nueva estocada en el hoyo de las agujas de la Fiesta.
El aumento del IVA por parte del Gobierno de todos los festejos taurinos -incluidos junto a las corridas de toros, esta vez sí, las novilladas y los espectáculos de rejoneo- dificulta aún más a los empresarios poder ofrecer festejos de toreo a caballo y, muy especialmente, novilladas, festejos estos últimos que cada vez despiertan menos interés entre el público pero que son absolutamente necesarios para la pervivencia y el futuro del espectáculo taurino.
Desde que los toros pasaron del Ministerio del Interior al de Cultura, una de las reivindicaciones del sector ha sido que las corridas tributaran al IVA reducido del 8%, que ya lo hacían los festejos menores y los de toreo a caballo. Desgraciadamente, no sólo no se ha conseguido nada al respecto, sino que, además, a partir del próximo 1 de septiembre las corridas de toros pasarán de tributar del 18 al 21% y las novilladas y festejos de rejones del 8 al 21%, una escalofriante subida de trece puntos que pone aún más difícil la situación al sector del toro.
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