Y ahora la embestida es, otra vez, contra los menores de edad, lo cual era previsible dado que en los últimos años ha habido una gran afluencia de menores de 18 años a las plazas de toros (sigue aumentando y quieren prohibirla por ley), tal vez buscando la verdad, la ética, la dignidad, la seriedad y el respeto, principios que rigen y enaltecen el toreo, y que no encuentran en la sociedad y menos en la vida política.
El Ministerio de Juventud e Infancia ha dicho que piensa ampliar la Ley Orgánica de Protección Integral a la Infancia y Adolescencia frente a la violencia para que no se permita ni la participación ni la asistencia de los menores de edad en actividades, eventos o espectáculos en los que haya violencia contra los animales.
Como muchos recordarán, el partido político Podemos publicó en cierta ocasión que la ONU había llamado la atención a España para que prohibiese la entrada en los toros a los menores de 18 años, e incluso que les prohibiese asistir a las escuelas taurinas; era falso. Fue un Comité de Derechos de los Niños formado por 18 miembros que no representaban a país alguno, todos de zonas donde no conocen nada de la tauromaquia, y nunca ese acuerdo fue votado en la ONU.
Sobre el tema de la influencia de ver toros en los menores de edad solo hay publicados, que yo conozca, tres documentos científicos serios, que son los siguientes:
-Estudio encargado por la Comunidad de Madrid a cuatro equipos de tres universidades distintas, y coordinado por el profesor Enrique Echeburua Odriozola (1999), hoy catedrático emérito de Psicología Clínica en la universidad del País Vasco.
-Un estudio realizado en México por el Dr. Juan Cárdenas, psiquiatra infantil (2017).
-Una tesis doctoral del Dr. David Guillén en la Universidad Nacional de Educación a Distancia (2017).
Los tres concluyeron lo mismo: "No se encontraron repercusiones negativas en menores de 18 años".
Pienso que antes de tomar tan importante decisión (con consecuencias sobre la libertad de padres e hijos, y económicas para la sociedad) como es prohibir a los menores de 18 años entrar en las plazas de toros o inscribirse en escuelas taurinas, deben presentarse argumentos científicos que demuestren su repercusión negativa sobre esos jóvenes. Pero mientras tanto, creo que sería una ley arbitraria solo justificada porque al legislador no le gusta la tauromaquia y quiere imponer por ley sus gustos a los demás, lo que en una verdadera democracia no debe permitirse. Por tanto, el Gobierno antes de dar tal paso debería pensárselo mucho.
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Nueva embestida del Gobierno contra el toreo
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