La temporada en Valencia anuncia un cierre por todo lo alto. El mano a mano de Morante y Talavante con el añadido de Nek Romero como un guiño al futuro tiene los ingredientes de un cartel de lujo y gancho. La cita guarda un doble reto, el de cerrar con altura una temporada en la que por fin se ha logrado mejorar los pronósticos de futuro que revoloteaban sobra una débil Feria de Julio (un crecimiento de 4.000 espectadores donde se decía que no había más que desolación urbana es un éxito que anuncia vida) y el de abrir nuevas vías de futuro.
Si la iniciativa privada valenciana y su vocación innovadora fue capaz de convertir las que durante tantos años fueron las corridas falleras en una de las tres ferias más influyentes del calendario, por qué los festejos del 9 de octubre no pueden evolucionar hacia una tercera feria que merezca evitar el calificativo actual de mini. Los antecedentes y las circunstancias hacen ser optimistas: Valencia tiene esos días un entorno festivo considerable, las secuelas de la deserción veraniega están superadas y las calles aparecen repletas y cada vez que se han ofrecido carteles de interés ha habido una gran respuesta, incluso con carteles menores. Así que por qué no explorar.
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Octubre como vía de crecimiento
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