Quizás los tiempos en que no hay lugar para la poesía sean los más indicados para la filosofía. Crisis económica, descreimiento generalizado, caída a plomo de los valores tenidos por auténticos durante tantas generaciones, políticos venales, alguaciles alguacilados y jueces judicializados, quizás signifiquen señales que deberíamos atender sin demora por si acaso no hubiera de ahora en adelante demasiado tiempo para el pensamiento abstracto. ¿Quién sabe si el Armageddon bíblico sea, simplemente y nada menos, la muerte del espíritu que desde siempre inspiró al ser humano en la aventura diaria de vivir?
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